Cuánto llegamos a esperar de tan poco

Cuánto llegamos a esperar de tan poco. Pero nos aferramos a ello porque era nuestra única opción o, al menos, la última que había llegado hasta nosotros y se mostraba como definitiva. 

Pasó ante nosotros sin poderlo evitar, se desvaneció antes de parpadear. Y, sin embargo, rompió con todo su peso nuestras columnas. Fue una pequeña esperanza sin frutos. Aquella llamada zanjó la cuestión: ya no había nada que esperar. 

Fotografía: Ingrid Ribas

La derrota de Clío


Lloraba Clío entre mis brazos,
sin poderlo remediar.
Tenía razón: sin luz, sin arte,
¿cómo iba a continuar?

Cuando termines de luchar
llévame contigo al mundo
en el que no corre el tiempo,
ni se huye de las distancias.

Cuando termines de llorar
búscame detrás de tus ojos
y, sin luz, recítame despacio
para hacerme resucitar.
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