Una monarquía republicana

Llevo semanas ideando nuevas entradas. "Deberías escribir sobre la canonización de los dos Papas" me digo a mí misma. Pero tras leer la entrada del blog de Marina Pereda pensé que no tenía nada que decir. Juan Pablo II nunca fue una Papa para mí o, al menos, no lo fue hasta tiempo después. Y me guardé lo que pensaba.

Después, me animé con escribir una entrada sobre la exposición de Yoko Ono de Guggenheim Bilbao, su relación con el movimiento Fluxus, su espíritu anárquico... Pero no podía escribirla hasta visitarla. "Escribe, al menos, sobre la exposición de Josef Albers que sí la has visto", me dije. No obstante, puesto que no escribo sobre lo que no me gusta, abandoné tal empresa a la espera de algún interesante descubrimiento.

Desde hace unos días pensaba: "sí, sobre esto, sobre la abdicación tienes que escribir". Escribir, más que por tener algo que decir, por saber qué piensas. Y, ¿qué pienso? Que no basta con tener una posición teórica sobre el tema: es mejor una monarquía, es mejor una república. Hay que tenerla, pero no es suficiente. Hay que contrastar esa posición teórica con el momento concreto del Estado. Todo aquello que parece estar esperando un chispazo que encienda la mecha. Y cuando pienso en las consecuencias de nuestras propias exigencias no tengo tan claro que sea el "momento"... Aunque, tampoco tengo claro que todo tenga un momento, sino que también las personas pueden crearlos.

Quien parecía tenerlo muy claro es Salvador Dalí. En la presentación de la famosa entrevista que le hace el periodista Soler Serrano, el artista apostilla que él ante todo es monárquico: "¡Y ante todo monárquico! Para mí la Monarquía es la prueba de la validez del ácido desoxirribonucleico, o sea que desde la primera célula viviente hasta la última, todo se ha ido transmitiendo genéticamente, pero no políticamente, porque soy apolítico. Es decir, si saliera un partido monárquico yo no quisiera participar de ese partido". 




No puedo negar que me encanta las razones que da a su respuesta. Pero, al volverle a escuchar me sorprendía de la respuesta que a la pregunta "¿En un partido daliniano acaso?" Y responde: "Tampoco. En absoluto. Cada día soy más antidaliniano. A medida que me admiro más encuentro que soy una real catástrofe". 

Supongo que ahí está la cuestión "real". ¿Posición crítica respecto al modelo de Estado? Sí, pero teniendo en cuenta que yo mismo soy una real catástrofe. Tras volver la mirada sobre uno mismo se matizan los juicios sobre lo externo. Quizá, tanto, que no se encuentre más que decir. La revolución, siempre, pero primero con uno mismo. Y que me perdone, si en algo he fallado, la Pasionaria que llevo dentro.

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