Tras la muerte de Arthur Danto

Artículo publicado el 21 de enero del 2014. Leer íntegramente aquí.

No suele ser común que la muerte de un filósofo y crítico de arte llegue a los titulares de los periódicos internacionales. Pero la desaparición de Arthur Danto en octubre 2013 levantó un eco de aplausos a quien había dedicado su vida a buscar la esencia del arte escondida en la pluralidad postmoderna.

Lydia Goehr, prestigiosa profesora de Columbia, lo describió en su obituario como uno de los cuatro gigantes de la tradición anglo-americana, junto con Stanley Cavell, Nelson Goodman y Richard Wollheim. Danto fue conocido durante años por su filosofía analítica de la historia, la acción y el conocimiento antes de alcanzar renombre mundial por su filosofía del arte. Con su famoso artículo de 1964, “The Artworld”, se enfrentó a las teorías del arte dominantes, basadas en la filosofía de Wittgenstein, y consiguió revalorizar la estética en el ámbito norteamericano. En 1986 saltó a la fama por proclamar, basándose en la estética hegeliana, el “fin del arte”.

Al comienzo de su trabajo Danto veía con serias dudas el futuro del arte. Pero hubo un giro en su carrera al encontrarse con la obra de Warhol, que le hizo comprender que la pregunta que debía hacerse como filósofo era qué hace de una caja de Brillo una obra de arte cuando no difiere visualmente en nada con el objeto real que representa: una simple caja de estropajos.


No se trataba de la primera vez que un artista buscaba poner en cuestión las fronteras entre ficción y realidad. Ya antes que Warhol, Duchamp con sus readymades había desgarrado la fisura abierta por los impresionistas, a quienes el deseo de acercar arte y vida les había hecho cuestionar todas las jerarquías y criterios artísticos establecidos hasta entonces. Mientras críticos e historiadores intentaban comprender lo que estaba sucediendo, los artistas se lanzaban, motivados por la audacia duchampiana, a dar todo tipo de posibles respuestas. Dadaistas, surrealistas, situacionistas… trataron a través de sus manifiestos de dar una respuesta última a qué es el arte. Aunque cada movimiento deseaba romper con la tradición artística anterior, en el fondo todos compartían la misma inquietud de dar con la esencia del arte. (...) 

La necesidad de reflexionar
El arte durante el siglo XIX comenzó un largo proceso de democratización que le permitió desvincularse de la vía única que suponían hasta entonces las academias clásicas, al tiempo que se fue haciendo accesible a personas de cualquier condición social. Al mismo tiempo, es cierto, arrastró tras de sí la puesta en duda de cómo debe juzgarse el arte. Para responder esta pregunta, parece imposible hoy profundizar en las diversas ramas que interactúan unas con otras haciendo crecer el árbol artístico de maneras complejas a través de fenómenos como la ciberliteratura, el body-art, la perfomance, el videoarte o el Street art.

Sin embargo, podríamos preguntarnos si esta pluralidad es algo realmente nuevo. ¿Cuándo se ha tenido una definición consensuada del arte? Es cierto que hoy el arte se ha vuelto más complejo. Pero tendríamos que añadir que también las sociedades se han vuelto complejas. Por eso ya no bastan las explicaciones sencillas. Si el arte se ha vuelto reflexivo, quizá para entenderlo el espectador tenga que reflexionar más sobre arte. Precisamente eso es lo que hizo Danto, ayudarnos a reflexionar sobre las cuestiones que acucian al arte desde hace siglos a partir de las obras más vanguardistas del mundo actual. No tuvo miedo de la pluralidad puesto que siempre la entendió como riqueza.

Muchas veces se inscribe a Danto dentro de la “teoría institucional del arte”, aquella que defiende que son las instituciones las que dictaminan qué es el arte. Por el contrario, Danto proclamó el fin de cualquier hegemonía dentro del arte, ya sea de definición o interpretación del arte. Al mismo tiempo confió en que pese a la gran pluralidad de estilos, soportes o temáticas, se podía seguir juzgando el arte. La esencia puede tener cuantos ropajes quiera ponerse. Para comprenderlos mejor habrá que ahondar en diferentes criterios históricos, filosóficos y estéticos (y él lo hizo repetidamente), pero ya no tiene sentido destacar unos criterios formales claros. Eso vuelve al arte más complejo, pero también más interesante. Los críticos seguirán haciendo su labor, pero cada vez más el arte exigirá que sea el espectador el que aprenda a reflexionar delante de la obra.

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