Cuánto llegamos a esperar de tan poco

Cuánto llegamos a esperar de tan poco. Pero nos aferramos a ello porque era nuestra única opción o, al menos, la última que había llegado hasta nosotros y se mostraba como definitiva. 

Pasó ante nosotros sin poderlo evitar, se desvaneció antes de parpadear. Y, sin embargo, rompió con todo su peso nuestras columnas. Fue una pequeña esperanza sin frutos. Aquella llamada zanjó la cuestión: ya no había nada que esperar. 

Fotografía: Ingrid Ribas

La derrota de Clío


Lloraba Clío entre mis brazos,
sin poderlo remediar.
Tenía razón: sin luz, sin arte,
¿cómo iba a continuar?

Cuando termines de luchar
llévame contigo al mundo
en el que no corre el tiempo,
ni se huye de las distancias.

Cuando termines de llorar
búscame detrás de tus ojos
y, sin luz, recítame despacio
para hacerme resucitar.

Apología de la naturaleza

Las vacaciones son una especie de gusano galáctico que te tienen la característica de trasladarte a otro espacio con otro tiempo. Un tiempo más largo y pesado de lo normal. Un tiempo que camina lento e, incluso, parece esperar a que llegues. A que llegues a ver aquella lagartija que camina con el corazón en el cuello o contemplar aquellos rayos de sol atravesando las nubes o pienses si lo que hacen aquellos pajaritos en la piscina es un entrenamiento o un simple juego.

La naturaleza es de esas realidades valiosas en sí mismas, que es mejor tomar sin conservantes ni colorantes. Consumir preferiblemente a bocanadas, a bocajaro, a quemarropa. De esa manera la contemplación puede ser más directa sin que proyectemos los miles de paisajes fotográficos que llevamos incorporados, sin que medie una sensibilidad almidonada de artificialidad.

La naturaleza es hermosa por su grandiosidad, pero generalmente la hace grande los miles de elementos pequeños que la componen: la brizna de hierba, la fila de hormigas, la gota de lluvia. A veces escucho una cierta queja de lo que se defiende hoy en día "la naturaleza" y lo que se ataca a la vida humana. A mí también me parece una contradicción, pero me da pena ver que, en algunas ocasiones, esas mismas personas tampoco entienden la dignidad de los animales y de la protección de los entornos naturales. Nosotros mismos formamos parte de esa naturaleza, con la diferencia de tener el encargo de cuidarla.

Uno de los grandes discusiones del arte actual es si debe o no ser/representar la belleza. Pienso que esas discusiones son consecuencia, especialmente (aunque no sólo) de haber perdido progresivamente la contemplación de la belleza natural. Ahí es donde verdaderamente puede admirarse la belleza, incluso en mayúsculas.

Nueva etapa, nuevos proyectos

Tengo la gran sensación de estar comenzando una nueva etapa. Quizá siempre, cada día, las estamos empezando. Pero también es cierto que la mente necesita de elementos externos que le ayuden a tomar conciencia de que realmente hay un corte, un cambio, un nuevo comienzo. Para los que no dejamos de estar vinculados a la enseñanza, a la universidad, los cursos académicos siempre son una ayuda para eso mismo. El verano siempre es la época del fénix: el cierre de tareas y el calor acaba por incendiar al pobre pajarillo que tras un descanso tenemos la esperanza de que renazca de sus propias cenizas. 

Tendría que hablar también de las exposiciones que he visto durante estas semanas: Richard Hamilton (Reina Sofía), Los mitos del Pop (Thyssen), La herencia inmaterial (MACBA), pero para eso mismo he retomado un blog que comencé hace algún tiempo. En él me dedicaré a escribir sólo de arte, mientras que éste seguirá siendo la algarabía que siempre fue. Nueva etapa, nuevas ideas, nuevos soportes. Espero que os guste: Repensar el arte.


Así se escribe la historia

Hace tiempo que ando dando vueltas a cómo se escribe en historia que es casi lo mismo que decir cómo se escribe la historia. Tras una etapa positivista en la que se consideró que la historia podía recuperarse tal y como sucedió, se recuperó el concepto de narración. Con la narración viene también la interpretación, puesto que hay que seleccionar desde dónde y hasta dónde se elige narrar. Para ello hay que buscar qué hechos se consideran significativos, teniendo en cuenta generalmente sus repercusiones. Sin embargo, tal y como Danto insiste, no hay que aventurarse a narrar hechos como significativos cuando todavía no han culminado. A veces, resulta inevitable y, por eso, necesitamos volver a narrar la historia una y otra vez. 

Eso en la Historia, con mayúscula, por supuesto. Pero también en nuestra historia. Ha sido, una vez más, un escritor el que me ha abierto los ojos. He disfrutado mucho leyendo Cómo se hace una novela de Miguel de Unamuno. Y se preguntarán, ¿cómo se hace una novela o la historia o cualquier cosa? Viviéndola, así de sencillo y complicado a la vez. Vivir nuestra historia además es formar parte de una todavía aún mayor que se entrelaza con la del mundo y con la del resto de personas. En concreto, Unamuno alude mucho a la historia de España y a sus desavenencias políticas -digámoslo así-. Me he divertido también pensando en qué diría de los históricos momentos que (parece) no dejamos de vivir. 

Vivir la vida, eso es, en definitiva, lo que merece la pena vivir. Pero, leer también ayuda:
¡Vivir en la historia y vivir la historia! Y un modo de vivir la historia es contarla, crearla en libros. Tal historiador, poeta por su manera de contar, de crear, de inventar un suceso que los hombres creían que se había verificado objetivamente, fuera de sus conciencias, es decir, en la nada, ha provocado otros sucesos. Bien dicho está que ganar una batalla es hacer creer a los propios y a los ajenos, a los amigos y a los enemigos, que se la ha ganado. Hay una leyenda de la realidad que es la sustancia, la íntima realidad de la realidad misma. La esencia de un individuo y la de un pueblo es su historia, y la historia es lo que se llama la filosofía de la historia, es la reflexión que cada individuo o cada pueblo hacen de los que les sucede, de lo que se sucede en ellos. Con sucesos, sucedidos, se constituyen hechos, ideas hecha carne.

(…) Contar la vida, ¿no es acaso un modo, y tal vez el más profundo, de vivirla? ¿No vivió Amiel su vida íntima contándola? ¿No es su Diario su vida? ¿Cuándo se acabará de comprender que la acción es contemplativa y la contemplación es activa? 

Hay lo hecho y hay lo que se hace. Se llega a lo invisible de Dios por lo que está hecho -per ea quae facta sunt, según la versión latina canónica, no muy ceñida al original griego, de un pasaje de San Pablo (Romanos, I, 20)- pero ése es el camino de la naturaleza, y la naturaleza es muerta. Hay el camino de la historia, y la historia es viva; y el camino de la historia es llegar a lo invisible de Dios, a sus misterios, por lo que se está haciendo, per ea quae fiunt. No por poemas -que es la expresión precisa pauliniana-, sino por poesías; no por entendimiento, sino por intelección o mejor por intención -propiamente intensión-. (¿Por qué ya que tenemos extensión e intensidad, no hemos de tener intensión y extensidad?)
Vivo ahora y aquí mi vida contándola. Y ahora y aquí es de la actualidad, que sustenta y funde a la sucesión del tiempo así como la eternidad la envuelve y junta.


Una monarquía republicana

Llevo semanas ideando nuevas entradas. "Deberías escribir sobre la canonización de los dos Papas" me digo a mí misma. Pero tras leer la entrada del blog de Marina Pereda pensé que no tenía nada que decir. Juan Pablo II nunca fue una Papa para mí o, al menos, no lo fue hasta tiempo después. Y me guardé lo que pensaba.

Después, me animé con escribir una entrada sobre la exposición de Yoko Ono de Guggenheim Bilbao, su relación con el movimiento Fluxus, su espíritu anárquico... Pero no podía escribirla hasta visitarla. "Escribe, al menos, sobre la exposición de Josef Albers que sí la has visto", me dije. No obstante, puesto que no escribo sobre lo que no me gusta, abandoné tal empresa a la espera de algún interesante descubrimiento.

Desde hace unos días pensaba: "sí, sobre esto, sobre la abdicación tienes que escribir". Escribir, más que por tener algo que decir, por saber qué piensas. Y, ¿qué pienso? Que no basta con tener una posición teórica sobre el tema: es mejor una monarquía, es mejor una república. Hay que tenerla, pero no es suficiente. Hay que contrastar esa posición teórica con el momento concreto del Estado. Todo aquello que parece estar esperando un chispazo que encienda la mecha. Y cuando pienso en las consecuencias de nuestras propias exigencias no tengo tan claro que sea el "momento"... Aunque, tampoco tengo claro que todo tenga un momento, sino que también las personas pueden crearlos.

Quien parecía tenerlo muy claro es Salvador Dalí. En la presentación de la famosa entrevista que le hace el periodista Soler Serrano, el artista apostilla que él ante todo es monárquico: "¡Y ante todo monárquico! Para mí la Monarquía es la prueba de la validez del ácido desoxirribonucleico, o sea que desde la primera célula viviente hasta la última, todo se ha ido transmitiendo genéticamente, pero no políticamente, porque soy apolítico. Es decir, si saliera un partido monárquico yo no quisiera participar de ese partido". 




No puedo negar que me encanta las razones que da a su respuesta. Pero, al volverle a escuchar me sorprendía de la respuesta que a la pregunta "¿En un partido daliniano acaso?" Y responde: "Tampoco. En absoluto. Cada día soy más antidaliniano. A medida que me admiro más encuentro que soy una real catástrofe". 

Supongo que ahí está la cuestión "real". ¿Posición crítica respecto al modelo de Estado? Sí, pero teniendo en cuenta que yo mismo soy una real catástrofe. Tras volver la mirada sobre uno mismo se matizan los juicios sobre lo externo. Quizá, tanto, que no se encuentre más que decir. La revolución, siempre, pero primero con uno mismo. Y que me perdone, si en algo he fallado, la Pasionaria que llevo dentro.

And Death Shall Have No Domininion (Dylan Thomas)

And death shall have no dominion.   
Dead men naked they shall be one
With the man in the wind and the west moon;
When their bones are picked clean and the clean bones gone,   
They shall have stars at elbow and foot;   
Though they go mad they shall be sane,   
Though they sink through the sea they shall rise again;   
Though lovers be lost love shall not;   
And death shall have no dominion.

And death shall have no dominion.   
Under the windings of the sea
They lying long shall not die windily;   
Twisting on racks when sinews give way,   
Strapped to a wheel, yet they shall not break;
Faith in their hands shall snap in two,   
And the unicorn evils run them through;   
Split all ends up they shan’t crack;   
And death shall have no dominion.

And death shall have no dominion.   
No more may gulls cry at their ears   
Or waves break loud on the seashores;   
Where blew a flower may a flower no more   
Lift its head to the blows of the rain;   
Though they be mad and dead as nails,
Heads of the characters hammer through daisies;
Break in the sun till the sun breaks down,   
And death shall have no dominion.

El drama del desencantado


Hace cosa de un año corrió el rumor de que Gabriel García Marquez había muerto. Hasta entonces no había leído más que El coronel que no tiene quien le escriba y, lo cierto, es que no me había gustado mucho. Demasiado gallo suelto, demasiado desencanto. Pero esa noche, como para quitar el mal sabor de boca, había que gustar algo más. Ese algo más fue el microcuento "El drama del desencantado". En aquel momento aquel cuentecillo me pareció una buena despedida para el colombiano y ahora, que realmente se ha ido, me lo vuelve a parecer:

...el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida.

La piedades de Miguel Ángel

La Semana Santa, más que para ver es para vivir. Una semana que dura una eternidad, puesto que como decía una amiga sabia, en el mundo Cristo siempre está siendo crucificado. Una crucifixión que no puede separarse de la Resurrección, como plasmó con tanto acierto William Congdon en Ego sum.

Sin embargo, ahora me gustaría fijarme en unas representaciones más antiguas. No hay nada comparable con entrar al Vaticano, marearse ante la inmensidad de la basílica y encontrar un apoyo en la pietá de Migue Ángel. Si no fuera de mármol podríamos acercarnos a ayudar a María a recoger el cuerpo ya inerte de su Hijo. Con tanta perfección la hizo que tuvo que plasmar una gran firma en el centro de la obra. Con ella quedó asegurada la autoría y la propensión a la vanidad de los que comienzan. En esta Piedad lo vemos todo... y sin embargo, ¿qué vemos?






Sin embargo, no fue la única piedad que hizo. Otra Piedad posterior es la florentina. Sosteniendo el conjunto de figuras encontramos la figura de un hombre que representa a Nicodemo, pero que en realidad no es más que él mismo. Se ha colado, como quien dice, en la obra. Si no podía hacer vivir a sus figuras, al menos sí podía él convertirse en piedra. Pero se mantiene a la espalda, a una distancia prudente. Ahora vemos al autor, nos metemos en la escena y estamos más cerca de participar en la Pasión.

Es una obra diferente, que si se mira sin conocimiento podría decirse que es inacabada, pero sabemos que Miguel Ángel las acababa. Contemplamos el rostro de María y no nos lo creemos. Pero más difícil de comprender es la ausencia de la pierna izquierda.



¿Por qué no está? Sencillamente porque Miguel Ángel la cortó. Quitó la pierna que sobraba y alargó ese brazo de manera desmesurada. Porque esto, no lo olvidemos, sigue siendo arte. Y, de esta manera, todo resulta más natural que si la pierna hubiera estado. También en la Piedad Rondanini aparece algo asombroso: un tercer brazo flota a la derecha de madre e Hijo. ¿Un brazo de una obra anterior, quizás? ¿El brazo de Dios pintado en la Capilla Sixtina con el que comienza todo? Danto se pregunta en un momento dado por qué no lo quitó y se dice: 

"Desde luego algo tan trabajoso como un brazo tiene que haber sido introducido por algo. Porque es trabajoso convertirlo en una imagen de la Mater Dolorosa con su hijo de piedra que se desvanece en la roca de la que procede, igual que ella y su hijo se funden el uno en el otro, que es lo que -sin lugar a dudad- ve la mayoría de la gente". Arthur Danto, La transfiguración del lugar común, 2002, p. 172.  

 


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