Interpretaciones filosóficas


En las Reuniones Filosóficas de este año se abordó la cuestión de la propia filosofía intentando analizar su posición en la academia y la vida. La intención de dotar de vitalidad a la academia no deja de ser un gesto apreciable, aunque no hay que esperar que tres días de conferencias premeditadamente profundas vayan a dar un vuelco a la "vida académica". Con todo, salieron a la luz preocupaciones generales, se habló mucho del papel de la filosofía en la sociedad, de su relación -o ausencia de ella- con la ciencia, de la importancia de la tradición y de los no pocos problemas que se derivan de intentar recogerla, leerla, interpretarla. 

Como no puedo recoger todos los aspectos que me parecieron interesantes (algo intenté hacer con Twitter), destaco sólo la reflexión que hicieron, casualmente, las mujeres que intervinieron (Lourdes Flamarique, Ana Marta Gonzáles y Monserrat Herrero) en torno al lenguaje, a los discursos, a los textos y a las interpretaciones. Quien quiera leer algo más aquí. Quizá en otro momento pueda explayarme a escribir lo que realmente fueron y dijeron. Mientras tanto sólo una cita que es la que ha provocado que me acordara de lo oído hace unos días y a través de la cual reinterpreto mis preocupaciones presentes:
Cuando los artistas fracasan en su intento de transformar el mundo, los filósofos también fracasan en su intento de interpretarlo. La interpretación es, ciertamente, el destino fatal de toda obra que no consigue por sí misma el sentido que su autor quería darle, pero la interpretación misma está condenada al fracaso (esto es, a ser sustituida por -o a rivalizar indecidiblemente con- otras interpretaciones, a veces incompatible o incomensurables). José Luis Pardo en el prólogo de La sociedad del espectáculo de Guy Debord (Pre-Textos, 1999, 19).
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