Dulce postmodernidad


Este verano, entre otras muchas cosas, he leído Nocilla Lab (Alfaguara, 2009), la tercera parte de la trilogía de Agustín Fernández Mallo. En algún otro lugar aclara cómo gracias a la Nocilla rechazó la metafísica. Curioso. A muchos se les atraganta la metafísica (también Pessoa, por lo que también he leído, arremete fuertemente contra ella), a muchos otros se les atraganta la postmodernidad. ¿Un hueso duro de roer al que sólo la gente más atrevida le hinca el diente o, más bien, un caramelo blando y dulce que se pega al paladar? La postmodernidad es líquida. Eso es muy positivo en muchos aspectos, pero también conlleva no saber por dónde se va a escurrir. Acotemos un poco más de qué estamos hablando: postmodernidad estética. Nocilla Lab:  

"Todo se parece a otra cosa es una ley universal, es el principio de la mimesis, de la creación tal como la entendemos desde que el ser humano ha interpretado y representado el mundo, y si bien esto es así, también es verdad que toda creación es autónoma y hasta el género más presuntamente real, el documental, no es real sino realista: emula a la realidad pero es un corta y pega, un producto de montaje, una construcción de tal manera que podría decirse que es ese el merengue que el arte ha estado batiendo durante siglos en solitario hasta que siguieron su ejemplo los telediarios, la política y la publicidad". (pp. 21-22). 

"Continúe viendo Miami Vice en la Grundig mientras echaba tragos a la botella de Coca-Cola, y fue ese día en el que me quedé observándola, su líquido oscuro, el submarino de limón dentro, y pensé que aquel sabor, aquel mejunje que tenía en mi boca no se parecía a nada conocido antes por la civilización, no era como otros refrescos, que recuerdan a frutas o especias, una mimesis de algo, no, la Coca-Cola no se parecía a nada salvo a sí misma, no cumplía el principio aquel de la mimesis que regia en el arte, en la publicidad, en los telediarios, en mi vestimenta, en la vestimenta de aquellos neorrevolucionarios que leían Mundo Obrero, en efecto, era como una creación desde una nada simbólica, y eso me pareció un salto evolutivo y definitivo en la Historia de la humanidad, el primer producto realmente ficticio de alimentación, y éste, el de la Coca-Cola, era el caso especial del que antes hablaba, el primer producto de consumo realmente producto de nada, algo creado por la propia necesidad de consumir un objeto sin filiación ni raíces, un objeto nuevo de verdad, consumismo en estado puro" (pp.24-25).

Death of Postmodernism. Emiliano Ponzi, 2011.
“Podría hacerse un bonito programa concurso tipo Gran hermano con esta idea: cada semana los concursantes vivirán en una isla donde las reglas vendrían impuestas por la teoría filosófica de algún autor. En la semana de Spinoza habría que encontrar a Dios en todas las cosas (...) En la semana Nietzsche, los concursantes se dividirían en niños, camellos y leones y tendrían que aprender a volar. En la semana Kierkegaard, aprenderían a solventar todos sus problemas mediante rezos. (Juan Bonilla, Quimera) (p. 89). Juan Bonilla, al que conocí el martes en Pamplona y el que comenzó su conferencia con una noticia sobre filósofos rusos que terminan una discusión sobre la Crítica de la razón pura a tiros. 


“Un día se nos término el agua, era domingo y los colmados de los pueblos estaban cerrados; por lo menos hasta la noche no llegaríamos a un núcleo más o menos poblado. Ya por la tarde avistamos una gasolinera. Me amorré, literalmente, al grifo del lavabo, un monomando de primera generación. Eso me llevó a pensar que desde aproximadamente principios de los años 80 todos los grifos son monomando. No hay grifo a la izquierda ni a la derecha: se funde el agua consigo misma en un sólo caño central a través de un sólo mando central. El cambio coincide con el momento en que la sociedad ejecuta el paso de la modernidad a la postmodernidad y caen las ideologías, izquierda/derecha, ese estilo de vida según el cual todo se halla mezclado, conformado en un bloque o una esfera perfecta sin direcciones ni vectores privilegiados, más allá de la cual no hay nada, todo es vacío. Las parejas suelen crear sus propios espacios más allá de los cuales pareciera que tampoco nada existe. Las parejas perfectas son parejas monomando" (p.100). Gran explicación visual de qué es la postmodernidad y una invitación a reflexionar aquel punto wittgensteniano que afirma que "ética y estética son una y la misma cosa".  

2 comentarios:

Confluencia dijo...

Qué buenos textos. Un genial ejemplo de cruce de fronteras en el que arte, vida y reflexión se alimentan mutuamente. Dan ganas de leerlo...

Raquel Cascales dijo...

Todas las fronteras entre arte, vida y reflexión no son más que espejismos.

El libro, como tal, es interesante como experimento literario, como ejemplo de postmodernidad, pero yo misma reconozco que no sé si tiene mucho más...

Abrazos!

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