Dali. All of the poetic suggestions and all of the plastic possibilities

"Hay que ir", "tienes que ir", "tengo que ir"... y fui.

No todo el mundo entiende el surrealismo (y quizá intentar entenderlo sea la peor forma de acercarse a él). Pero a todo el mundo le hace gracia un teléfono marino, una chaqueta afrodisíaca, todos se horrorizan frente al rostro de la guerra y tratan de recordar en sus propios sueños unas patas tan largas. 

Algunos leen claves para entender la exposición. Otros, que saben más, que son más listillos, que no necesitan audio guías, sólo gafas de pasta se regodean en sus propias explicaciones: "¿Te das cuenta de que cómo ha captado la luz de Cadaqués, la cara de España, la personalidad de América?". 

Intento hacer oídos sordos y rasgar mi propia mirada perruna, abrir los cajones del alma y estallar como una más de sus descomposiciones. Me derrito en su memoria y me hundo con Narciso. Comento las obras con Buñuel, le pregunto a Lorca si posó para él, contemplo a Miguel Ángel y Millet, descubro a Gala y caigo rendida a sus pies. Me llevo mi retrato pintado por él y unos libros que leer.

Dalí, ese cerdo verde, ese rinoceronte blanco, no te hacen justicia: todo en ti fue arte. 

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