Duchamp, otro lúcido

... Con todo lo dicho (lo dicho se puede encontrar en Ritmos del siglo XXI), no cabe duda de que Duchamp consigue transformar desde dentro las estructuras artísticas, los planteamientos convencionales y obliga a tener que formular constantemente qué es el arte. 

Además, no cabe duda de su influencia en los artistas posteriores, especialmente en Salvador Dalí. Una influencia que va más allá de los temas o las formas y ahonda en la actitud ante la vida. “Si Marcel Duchamp viviera hoy haría Street art”, dice Gompertz al final de su libro ¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos. 

Dadaísmo, surrealismo, Street art, ¿un mismo espíritu? Quizá tengamos que dejarnos impregnar por ese espíritu para entender un poco más el arte de nuestros días.

Lucidez daliniana


Cuando la tormenta arrecia y Moloch no deja respirar, el surrealismo daliniano se presenta como el aire limpio que respirar. Frente a la locura que se condensa en tantos falsos techos el oxígeno daliniano purifica la lucidez de muchas mentes. 

La retrospectiva del Museo Reina Sofía se ha convertido ya en la exposición del año. Pero nada harán los que vayan sin acercarse antes al perverso, polimorfo, anarquista, surrealista, excelso, divino, despota supremo que rompe con todo, el Dalí poseído de un delirio furiosamente,dionisíaco, el Dalí avido de dólares y, por encima de todas las cosas, monárquico, pero metafísicamente, no políticamente, puesto que es apolítico y antidialiniano.

Plus ultra. Aquí está:

Howl


Mi intención era continuar el relato de la performance; hablar de los artistas que participaron: del cantante, del fotógrafo, de la bailarina. Las mejores mentes de mi generación reunidas bajo el nombre del arte. Tras ello, supongo, correspondería hacer una breve explicación de qué son las performances, cómo interpretar la producción actual, qué es el arte en general. Y, habiéndolo pensado mejor, nada de eso tiene sentido. 

No fue el leer a Ginsberg, Kerouac o Borroughs lo que nos hizo perder la inocencia. Fue el enfrentarnos a la realidad solitaria lo que enfrió nuestros corazones. Fue el ver cómo se erigía Moloch por encima de nuestras cabezas; cómo arrastraba tras de sí todo lo que habíamos soñado; cómo, en última instancia, se ofrecían sacrificios humanos para que todo siguiera igual. 

Hoy parece que todo cambia y, sin embargo, mañana no pasará nada. Los que todavía conozco cuerdos se volverán locos, pero Moloch no se hundirá. Como en una gran pira arrojaremos nuestras primogenituras, nuestros libros, nuestras vidas, a su fuego interno. Así, habiéndonos desprendido ya de todo, danzaremos toda la noche un baile que no tiene fin. Y los que consigan llegar lo harán más alto, más lejos, más fuerte.

Los que consigan llegar verán que mañana no pasará nada. 
Paperblog : Los mejores artículos de los blogs