Idas y venidas

No sé porqué hoy al leer la entrada de Divelas hablando del papel del periodista y escritor me he acordado de un encuentro especial. Fue en mi primer viaje a Roma y, más en concreto, en la escala que hicimos en Florencia. Sigo sin tener palabras para explicar el impacto que supuso constatar que existía aquello que estaba en los libros y que yo había estudiado; existía el Duomo de Santa María y yo no era capaz de contemplarlo por completo, tan grande, tan bello... ¿por qué teníamos que marcharnos? Me imaginaba lo que aquellas calles habían supuesto para tantas personas y tantos artistas y ahora tanto turista... 


Entré en una librería (una de las mejores pruebas para tantear una ciudad) y allí me encontré a una escritora-periodista española muy famosa con la que hablé algo. Lo cierto es que ahora no consigo recordar quién era, puede incluso que no fuera periodista, ni escritora y fuera Loyola de Palacio, pero en cualquier caso pensé que los mundos, esos que yo veía desde mi ventana tan lejanos, estaban más cerca de lo que parecía, sólo había que salir. En seis años he tenido la suerte de estar cerca de muchos grandes y escucharles, de ver cosas muy hermosas y participar en actividades emocionantes, pero ya sin la ingenuidad aquella, sin la admiración profunda, sin el golpeteo en el pecho al ser arrollado por lo sublime. ¿Se puede tener nostalgia de uno mismo? ¿Podemos recuperarnos a nosotros mismos? 

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