El problema artístico


















"El problema artístico no estaba en la mutación imaginativa de la realidad, tampoco en la búsqueda de lo nuevo, sino en la transformación de la mirada. No había que cambiar el mundo, había que cambiar al hombre. Al igual que Bretón, Cage pensaba que la función del arte era transformar conciencias, revolucionar mentes, y que en la medida en que se diera una transformación personal empezaría poco a poco a cambiar la realidad". Carlos Granés, El puño invisible, p.73.

Bernardí Roig. (Arco 2013).

Cercar el silencio


Aprendiendo a querer me iré un día de éstos,
y no vendré, lo sé, de los álamos, madre,
ni habrá pájaros, huerto, pozo blanco ni árbol
que me hagan volver, que me iré para siempre.
Por altos pensamientos me iré, de vuelo arriba
hasta donde me lleven estas alas de hombre.
Todo será sencillo, ni un poema siquiera,
ni una flor que arrojarme, ni nadie a despedirme,
tan sólo los amigos notarán que les falto.
Y cuando esto suceda, ni yo mismo sabré
que me he ido, estará mi vida como ahora,
con esta sensación del que empieza otra vez
e intenta no caer en los mismos errores. 
Carmelo Guillén Acosta


Cercar el silencio, Ignacio Llamas, 2010. (Arco 2013).


Ahí estabas cuando abrí
los ojos aquella madrugada,
tanto tiempo dentro de ti,
tanto tiempo tú esperando fuera.
Cuánta noche entre tanto,
cuánta luz cegadora.  

Desde entonces
(a veces renegando)
no he dejado de quererte.
Y, aunque te alejes y te calles,
aunque pretenda olvidarte,
hay amores que vencen
la tentación de la muerte.

A contratiempo

“El ser humano se hace humano dando orden al flujo arbitrario de sensaciones que captan sus sentidos, estableciendo un aquí, un allá, un tú, un yo; dando forma estable a la siempre cambiante realidad con símbolos, imágenes, conceptos y categorías; y dando ritmo y sentido al caos de sonidos del entorno. Las obras de Joyce, Duchamp, Satie y del mismo Cage son tan extrañas y abstrusas precisamente porque se rebelan contra esa necesidad humana. Entre la gente común, que no las entiende, generan rechazo e irritación. En cambio, entre quienes buscan una forma de escapar a la condición humana y sueñan con un hombre nuevo, capaz de pensar, sentir y vivir de forma distinta, en una sociedad renovada, despiertan la más absoluta fascinación. Joyce, Duchamp, Satie y Cage ofrecen una ventana a la utopía.” Carlos Granés, El puño invisible, Taurus, 2011, p.65 

Peter Callesen, Hanging Image, 2008. (Arco 2013)

Humano, demasiado humano, dijo Nietzsche. Sí, nos hemos vuelto demasiado humanos. Nos conformamos con lo que creemos ser. Nos hemos acostumbrado a convivir con la falsedad. Nos hemos olvidado de vivir. 

Al artista no le corresponde imaginar el mundo, sino mostrarlo tal y como es. Por ello el arte nos enseña que no se trata de entender el mundo, la vida, sino de aceptarlo tal y como es. Ahí está lo difícil, cuando nos enfrentamos a lo que verdaderamente es. 

No hay separación entre arte y vida. Si la hay, no es más que un espejismo. Hay que volver a abrir los ojos y despertar. 

Baltazar Torres y la construcción vital


Deconstruir, descarrillar, descongelar, liquidizar, fluxificar. Y con ello, redefinir, reutilizar, reformar, recomenzar "torres sobre tierna arena" (caer de un cielo y ser demonio en pena). 

Jugar con las construcciones que uno mismo hace, soplar los castillos de naipes que se sostenían en el aire y, con ello, conmover los cimientos del universo. La vida es algo que nos viene dado y, al mismo tiempo, algo que cada uno tiene que hacer. Hacer, deshacer y rehacer continuamente.

El artista portugués Baltazar Torres, que descubrí este sábado en Arco, lo ilustra muy bien:






Superó el limite

Llevo semanas inquieta pensando en la necesidad del compromiso social de los intelectuales. O, dicho de otra manera, la urgencia de comprometerse intelectualmente y atreverse a pensar como lo hicieron los grandes.

Supongo que eso mismo, bajo otra forma y unido a otras motivaciones, fue lo que me llevó a estudiar Filosofía y, en concreto, a estudiarla en la Universidad de Navarra. Creo que fue en primero, en clase de Introducción a la metafísica con Ángel Luis, cuando escuché hablar por primera vez de Leonardo Polo. Primera, pero no última. Recuerdo, además, como en algún lugar se equivocaron al poner el nombre y apareció escrito: Leopardo Nolo. Así le denominamos algunos de nuestra clase, los que nos manteníamos fuera del plexo poliano, durante un tiempo. No entendía la fascinación casi irracional de algunos de mis compañeros, he de reconocerlo. 

Creo que no fue hasta terminar la carrera y tener que volver a reconstruir el pensamiento, después de la deconstrucción sufrida en el último año cuando empecé a entender. Empecé a hablar sin tapujos con los "polianos" y les expresé mi incorformidad con su manera de hablar de las nociones de Polo en clave casi gnostica. En esos diálogos por fin entreví qué querían decir algunas de las tesis más conocidas: "Cuando conoces, tienes lo conocido" o "la superación del límite mental". (Entreví sólo, pero entendí que había que seguir pensando).

Alejandro Llano, Antonio Millán-Puelles, Fernando Inciarte 
y Leonardo Polo en la Universidad de Navarra
Sin embargo, eso seguía siendo lo de menos. Lo de más fue entender que había sido un verdadero maestro para todos mis maestros. Todos, estuvieran más o menos de acuerdo con su pensamiento, le tenían especial cariño, reconocían haber pensado como nunca en sus clases y confesaban el estímulo intelectual y profesional que había supuesto para ellos el diálogo con Polo. Es llamativo el constante agradecimiento a este profesor en muchos de los libros que he estudiado. Sugerencias, indicaciones, breves conversaciones que para aquellos jóvenes investigadores supusieron el inicio de su carrera intelectual. Esa manera de entender el quehacer filosófico, esa manera de transmitir vida a través del diálogo, es verdaderamente admirable.

Ahora, con su fallecimiento, es inevitable sentir -incluso para los que no le conocíamos personalmente- cierta orfandad. Y, al mismo tiempo, me imagino que se lo estará pasando en grande, allí arriba, con sus viejos amigos: Inciarte o Millán-Puelles, entre otros. ¡Qué ganas de llegar y hablar con vosotros!

Compromiso intelectual

“Se habla así en ese lenguaje que no es tan exacto con ninguna de las cosas esenciales porque teme que tomárselas verdaderamente en serio acabe significando: pensar. ¿Y qué mayor temor hoy día que el temor a pensar?” Heidegger en El origen de la obra de arte.

No hay mayor temor, quizá por eso sea más necesario que nunca un compromiso intelectual frente al ocaso de Occidente.

Danza, la filosofía del cuerpo

Becky Siegel durante la presentación. Foto: Santi González Barros
                     
La poesía llega más lejos que la filosofía, pero no sabe a dónde llega. Y, quizá sea cierto, que el arte llega donde la filosofía no alcanza a dar respuestas. Así, nos contó en Kalon, lo experimentó coreógrafa estadounidense Becky Siegel cuando leyó la Ética de Spinoza. No entendió racionalmente lo que allí se decía, pero captó que se si se trataba de geometría aquello podía ser correografiado. Así comenzó el proyecto junto con otros bailarines de su equipo Kon Moción. Mencionó de pasada, pero valdría la pena investigar un poco más, la filosofía del cuerpo de Carlos Roldán. Pero sin duda, lo más emocionante, fue verlo hecho realidad. Es decir, ver los axiomas danzando. Al finalizar nos sugirió algunos artistas que habían ahondado en la relación de la danza y el cuerpo: Merce Cunningham, William Forsythe y Wayne McGregor. Dejo unas imágenes espectaculares del primero. 





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