Las pequeñas virtudes

Así se llama el libro de Natalia Ginzburg al que llego por el de Mora Fandos con el que acabo de hablar. Y leo:

El silencio debe ser contemplado, y juzgado, en sede moral. [...] El silencio puede llegar a ser una forma de infelicidad enclaustrada, monstruosa, diabólica: marchitar los días de la juventud, hacer amargo el pan. Puede llevar, como se ha dicho, a la muerte.

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