De amicitia (V)


Cuando te haces una herida parece que todos los golpes vayan a ella. Cuando estás inmerso en un tema parece que todo remita a él. Y, de algún modo, lo hace porque la realidad es una o todo en ella está interconectado (postura clásica o contemporánea). 

Es divertido contemplar las intersecciones de las tramas de nuestras vidas, de las nuestras con los otros, las de todos entre sí. Darse cuenta de los puntos de intersección, donde todo confluye de manera extraordinaria,  te eleva -aunque sólo sea por un instante- por encima del cosmos. 

De cada una de esas uniones se pueden hacer muchas lecturas, una nueva cada vez que se dé con una unión o la misma, por aquello de volver a siempre a lo mismo, al origen: "Difícilmente abandona su lugar lo que mora cerca del origen" (HölderlinDie Wanderung, vol.IV; Hellingrath, p.167). 

Metalenguaje, metaforología, pero no metavida. La vida siempre hay que vivirla desde dentro, desde ella misma. Otra cosa es la conciencia que se tenga de ello, desde dónde quepa buscar la interpretación, la clave hermenéutica. 

¿Qué es la vida sino símbolos? ¿Quién es amigo sino el que es capaz de entenderlos? Ni qué decir cuando el otro dice mejor que tú aquello que también querrías decir. Véase.

Las pequeñas virtudes

Así se llama el libro de Natalia Ginzburg al que llego por el de Mora Fandos con el que acabo de hablar. Y leo:

El silencio debe ser contemplado, y juzgado, en sede moral. [...] El silencio puede llegar a ser una forma de infelicidad enclaustrada, monstruosa, diabólica: marchitar los días de la juventud, hacer amargo el pan. Puede llevar, como se ha dicho, a la muerte.

Tiempos de silencio

Ultimamente no tengo tiempo para casi nada. Quiero decir, que ando todo el día haciendo cosas, pero que para lo que en realidad me gustaría dedicar el tiempo, para eso que es lo importante, para eso parece que se escape el tiempo. 

Aunque el blog no es "de lo importante", también sufre los efectos devastadores de los temporales de activismo. Y así las entradas son cada vez más cortas y con menos enjundia. Yo misma habría dejado de leerme sino fuera porque mantengo la esperanza de que el algún momento vuelva a decir, a escribir, algo interesante. 

Quizá como dice M, en su reciente vuelta, para todo eso es necesario el silencio, callar y reflexionar. Vivir para adentro para poder, después, cantarlo. Así que quizá esta falta de lírica blogeriana haya que interpretarla como una reclusión interior más profunda. Un levantamiento de bandera, una retirada oficial con el fin de que llegado el momento, si tiene que llegar -calla aquí a veces la esperanza-, las palabras cobren vida por ellas mismas.

 

Tramas

Su mujer no estaba enterada de nada, dicen.
Así que cuando se destapó el escándalo perdió todo, incluido a ella.

***

Tenía una mirada entrañable.
Es decir, te entrañaba la filosofía sólo con la mirada.

***

Se abrió una grieta y aprovechó para colarse dentro.
Lo que se encontró fue, de manera inesperada, a ella misma.


Volvámonos locos

Puede que sea propaganda o puede que... qué más da, volvámonos locos con actos de bondad.
http://www.volvamonoslocos.com/es/index.html

Regalo de Reyes

- ¿Y tú no tienes wasap? - me preguntó papá- Así podríamos hablar...
- La tata no puede tener wasap -respondió A.-, ¿no ves que estaría todo el rato hablando con gente y se despistaría de la tesis?

Tras esta breve conversación de despedida en la estación me subí contenta al descubrir lo bien que me conocía mi hermano. Y eso a pesar de ser una de las personas con las que tengo la preocupación de haber hablado menos de lo debido en los últimos años.

Y como el viaje era largo y todos mis acompañantes sacaban sus dispositivos móviles me pregunté si aquello era realmente hablar. Si contarse lo todo lo que ocurre convalida por una conversación. Mi experiencia es que hasta que no pasan un par de horas (o un par de cañas) no empiezo a hablar, e incluso a veces eso me despista de lo que verdaderamente quería decir. 


Me parece inaudito que nos hayamos conformado -todos, de alguna manera- con que eso es hablar. Es como si convalidara hablar "menos" por el hablar con más. Pero no sé si realmente convalida, yo necesito ver la cara y que lean mis miradas más que mis palabras. 

Otra cosa que no me termina de convencer es la inmediatez. Pienso, de verdad, que una conversación constante e inmediata funciona con pocas personas. Funciona con quienes no hay peligro de que piense tal, de que interprete cual, de que hoy esté de un modo u otro, porque ya lo sabe todo. 

Pero, sin duda, lo que más me revienta es esta sensación de resignación interior porque soy consciente de que hace tiempo que me vendí y que aunque los reyes no han traído un móvil con wasap con el que poder hablar, lo traerán.
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