Lo mejor del cine 2012

Durante este año he hablado mucho de los libros que leía y las exposiciones que visitaba, pero apenas nada de las películas que he ido viendo. Quizá, ahora que acaba el año es buen momento de hacer examen. Advertencia: los comentarios están sesgados según lo visto, no responden a un intento de hacer ningún ranking oficial (como si estos no tuvieran también sus sesgos... by the way).

A lo que a sus inicios (a los del cine) se refiere me quedo con La invención de Hugo antes que con The Artist. Aunque en ambas falta la guinda del pastel, la primera goza de una excelente dirección (M. Scorsese), un fuerte trasfondo literario, buenos planos y brillante fotografía, lo cual la convierte un verdadero deleite visual. Aunque, en mi opinión, lo mejor para saber de historia del cine es ver algún clásico. A este respecto recomiendo Candilejas, la última (y biográfica) de Chaplin.

Otra película que me impactó mucho fue la dramática historia de amor: Amour, ganadora del mejor director en el último festival de Cannes. Como siempre, Haneke, invita a reflexionar al espectador sobre el porqué se sienta a ver una película, y le lleva al extremo (en la mayoría de los casos) de sentir cierto rechazo por estar viendo lo que está viendo. Conseguir esto en una época de bulimia audiovisual me parece ya un gran logro. 

En cualquier caso, creo que lo mejor que he visto este año ha sido Maktub. El guión me pareció genial, con una combinación fantástica de drama y humor que tanto me gusta descubrir en las producciones españolas. Habrá que seguir la estela a su director y guionista incipiente: Paco Aranga

Pero, en realidad, los estrenos que tengo ganas de ver y ya formarán parte del elenco del 2013 son: FaustoBlancanieves (la española), Los miserables y El Hobbit. Aunque tengo que reconocer que, aunque no se trate de cine, lo mejor que he visto durante este curso ha sido Once upon a time


Sobras navideñas

Sobras navideñas:

Íbamos dando tumbos
en busca de la verdad.
(Y, quizá, de más cosas). 

Pero, bajo la estrella
se apagaron todas nuestras luces.

Ante la Palabra
sobraron hasta nuestros silencios. 



Habladurías navideñas

Heidegger habla de ellas en el parágrafo 35 de Ser y Tiempo. Las habladurías tienen que ver con la existencia inauténtica. La inautenticidad (y con ella las habladurías) tiene que ver con hacer lo que hace todo el mundo, con pensar como "se" piensa en general, con hablar de lo que está en boca de todos. "Se" repiten los mismos tópicos una y otra vez. La inautenticidad tiene que ver con no salirse de la masa, sin ser demasiado uno mismo, adoptando la postura del "se" impersonal. Las habladurías son los temas "candentes" de la actualidad que muchas veces nos dificultan ver cuáles son los temas importantes de la realidad. "Se" establece un tema y se repiten hasta la saciedad los mismos tópicos. Y no se cuestionan, no se ponen en duda, no cabe pensamiento crítico. 

"Constituyen (las habladurías) la forma de ser del comprender e interpretar del ser-ahí cotidiano. (...) En las habladurías el 'uno' traza por adelantado el encontrarse (siendo ya en una situación) determina lo que se ve y cómo se ve". 

Habladurías (o escribidurías, que también abundan) sobre cualquier tema, porque de algo tenemos que hablar. Ahora les toca a la mula y el buey, qué le vamos a hacer. Y basta ver un belén para fijarnos en la ortodoxia o heterodoxia del pesebre. ¿Quién iba a pensar que tanta gente atendiera a las palabras de un Papa? - "Oye que el Papa en realidad no ha dicho que se quiten", responderán los ortodoxos. -"Esto le pasa por escribirlo en un libro y no en twitter que es lo que la gente lee", replicarán los modernos. De acuerdo, pero en el momento que "se" convierte en habladuría lo que dijo se convierte en lo que "se" dice. No es que no importen las palabras, no es que no importen porque Belén no es más que una metáfora como apunta mi querido Trapiello, sino porque ya está todo dicho y sólo cabe repetirlo. 


Qué difícil, de todas formas, salir de esa inautenticidad, de esa relación impersonal con el mundo, con nosotros mismos. Supongo que por eso el Verbo se hizo carne, para mostrar quién tiene la última palabra. 

El conocimiento (del) místico


En una noche oscura
con ansias en amores inflamada
¡Oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada
.

Perro semihundido (1821-1823).
Goya
Los desayunos, desayunos son, pero con lo poco que son dan para mucho. El de hoy ha sido un homenaje a san Juan de la Cruz (1542-1591) y me ha permitido recordar su influencia en autores españoles como Unamuno o María Zambrano. También me acordé del reto que supone el conocimiento místico ya que éste prescinde de las imágenes, con las que funcionamos normalmente al conceptualizar. 

Se puede prescindir hasta de aquello que parece más necesario, sólo hay que contar con factores que no están a la mano. San Juan de la Cruz, en Subida al Monte Carmelo, menciona que la primera noche oscura es "la privación y la purgación de todos sus apetitos sensuales acerca de todas las cosas exteriores del mundo". 

Hay más noches. Hay tantas noches oscuras como noches. Noches sin luz, pero con ojos. El ojo también ve sin luz. Algunas cosas sólo es posible verlas en la oscuridad, como las estrellas. Visión no sensible. Unión que prescinde de conocimiento y se sirve sólo del amor. Conocimiento que prescinde de teorías, las arroja como maderas al mar. Troncos a los que se agarran tantos intelectuales, pero que no sirven para mantenerse a flote. Amor que prescinde de sí mismo, que se hunde, para amar. 

De amicitia (IV)


Lewis, en Los cuatro amores (1960), se queja de que en nuestra época poca gente escriba, hable, piense acerca de la amistad. Apunta que en otras épocas era considerada un requisito imprescindible para la felicidad. De ahí que fuera alabada y exaltada por Cicerón en De amicitia o por Aristóteles en la Ética a Nicómaco. Respecto de esta última obra alguien me hacia notar que allí se habla de la amistad como una virtud, es decir, un hábito en el que se puede avanzar sin miedo a llegar al límite y que nos perfecciona cuanto más profundicemos.

Y, sin embargo, ahora, podíamos continuar con Lewis, se banaliza la amistad y se exalta -de manera no poco ingenua- el eros, siendo difícil descubrir la caridad. ¿Es así? ¿Qué es la amistad? De momento dejo dos de sus frases para tener por dónde empezar a dar vueltas:

"La amistad saca al hombre del colectivo 'todos juntos' con tanta fuerza como puede hacerlo la soledad y aún más peligrosamente porque los saca de dos en dos o de tres en tres".

"La verdadera amistad es el menos celoso de los amores. Dos amigos se sienten felices cuando se les une un tercero, y tres cuando se les une un cuarto, siempre que el recién llegado esté cualificado para ser un verdadero amigo. Pueden entonces decir, como dicen las ánimas benditas en el Dante, «Aquí llega uno que aumentará nuestro amor»; por- que en este amor «compartir no es quitar»".

Los espejismos del saber




Filosofía joven vuelve a convocar "Kalon". En el primer congreso de Filosofía Joven Kalon: la necesidad de lo inútil, propusimos partir de la reflexión sobre la belleza para descubrir todo aquello que puede ser considerado en sí mismo valioso y en qué consiste ese valor para los seres humanos. Queremos seguir profundizando en ello, esta vez a través de la ciencia.

La ciencia, unida a la técnica, nos ha traído bienestar y calidad de vida. Sin embargo, su progreso es dudoso, en cuanto su avance se lleva a cabo sin reflexión sobre sí mismo. Esto se ha dado especialmente en las ciencias experimentales, llevando a otras ciencias como las históricas, las sociológicas o la filología al afán de una utilidad práctica. ¿A qué han renunciado para ser una ciencia más?, ¿qué han ganado? Del mismo modo, los saberes no científicos, como de forma paradigmática el arte, quedan relegados al campo de la ociosidad, de lo inútil, del sin-sentido. Sin embargo, ¿qué hay de científico en el arte y de creativo en la ciencia?

Desde la filosofía, origen de las ciencias, cabe cuestionar esta situación en la que nos encontramos. ¿Es posible hacer filosofía o cualquier otra cosa sin “saber de ciencia”? ¿Qué aportan los descubrimientos científicos a la práctica filosófica?

La reflexión sobre qué es la ciencia y su lugar en el elenco de los saberes es sólo un primer paso. Cabría preguntar sobre el método científico y sobre su legitimidad. Y, dando un paso más, sobre la forma en que la ciencia cambia el mundo y nuestra manera de entenderlo.

En definitiva se trata de profundizar en la imbricación y compleja relación entre todos ellos. De hacerlo menos sólido, más humano. De mostrar que la separación entre saberes que se ha infiltrado en la cosmovisión de las últimas décadas es ilusoria. ¿Es posible fluxificar la ciencia?

Filosofía joven convoca a todos los estudiantes, profesores y simpatizantes de la filosofía y de la ciencia a participar activamente en este encuentro el 2 de febrero del 2013 para dialogar juntos sobre todas estas cuestiones.

Para saber más o inscribirse: http://forofilosofiajoven.com/index.php/cfp

Locus amoenus


Durante unos días he podido contemplar la naturaleza, de nuevo, con paz. Parar y ver qué es lo importante, qué es lo que me dice lo que me rodea cuando me mira. 

He vuelto a ver cómo los árboles abren sus finas ramas y las elevan en un cántico al cielo. No importa la frondosidad o raquitidad del árbol, si es roble o abedul, no importa que la danza del olivo sea más insinuante que la de la encina, porque todos danzan con el rumor del viento y dejan que sea éste el que silbe entre sus hojas y les arrebate descaradamente los frutos de sus entrañas. Sus hojas no sólo bailan, sino que cantan, cada una con su voz. Cantan agarradas a sus ramas, mientras que sólo gimen cuando se arrastran sobre el pavimento humano. 

He corrido por las montañas que se conforman con la lluvia y, no sólo eso, sino que la soporta y sostiene cuando el agua derramada quiere ponerse dura y fría. Le permite ese temperamento porque sabe que con él se está gestando en un mutismo absoluto la primavera. Lo veo en la tierra en su incansable entrega, en su dejarse romper en mil pedazos que dan vida. No hay nada más sorprendente que encontrar una seta y, de pronto, a su alrededor cientos. Uno puede andar con tranquilidad hasta que las descubre, entonces el miedo a pisar alguna vuelve los pies precisos y amables. Cientos de pequeños mundos esconden esas setas minúsculas bajo sus techos. Sin embargo, estos mundos sólo se encuentran en terreno abierto. No crecen setas en la hierba cortada por el hombre. Hacemos el mundo más seguro, más confortable, pero no somos conscientes de lo que perdemos con todo ello. 

He viajado con las nubes que corren jóvenes y blancas de buena mañana cobrando mil formas diferentes, jugando entre ellas a adivinar sus disfraces y en las negras y tremendas nubes viejas de la última hora que descienden con pesado cansancio queriendo recostarse en la tierra cerrando el telón de una jornada, anunciando ya de qué manera será la última.
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