Entrada sólo para locos, cuesta la razón


"La mayor parte de los hombres no quieren nadar antes de saber ¿no es esto espiritual? y no quieren nadar, ¡naturalmente! Han nacido para la tierra, no para el agua y, naturalmente, no quieren pensar, como que han sido creados para la vida no para pensar. Claro y el que piensa, el que hace del pensar lo principal ese podrá acaso llegar muy lejos en esto, pero ese precisamente ha confundido el agua con la tierra, y tarde o temprano se ahogará." Harry Haller en Steppenwolf de Herman Hesse.


El lobo estepario es una vuelta en noria. Si consigues dar la mano a Harry, el protagonista, subirás a lo más alto, encontrarás una naturaleza sublimada por la cultura más exquisita, por los razonamientos más espirituales del hombre. Pero, ¿hacia dónde conduce tanto saber, tanto conocimiento, tanto discernimiento si está falto de vida?

Y una vez arriba, lo propio de la noria es descender lentamente. Sólo que en este caso el viaje te lleva más allá de tus pies, hacia el mundo sombrío y caótico de los instintos. ¿Hay más vida "aquí" que allí? ¿Más amor, más felicidad acaso? 

La búsqueda insatisfecha (pues sólo los burgueses, y todos lo somos un poco, están satisfechos) del sentido de la vida y de saber realmente quién es uno puede costar la razón. Pero en este libro los locos son genios y, con ella, con su locura, completan la psicología defectuosa del equilibrio mundial. La moraleja, dicho con la ironía propia de todo el libro, que se desliza al final es: para vivir es necesario aprender a no tomarse demasiado en serio la vida, empezando por reírse de uno mismo. 

Con todo, su lectura resulta una maravillosa reflexión acerca del hombre contemporáneo, una invitación a descubrir el burgués y el lobo que todos llevamos dentro; un dulce paseo con vistas al infierno.

5 comentarios:

Rafa Monterde dijo...

Me lo apunto.

Marcela Duque dijo...

Conozco a una persona a la que hizo tanto daño este libro, pero tanto, tanto... que juré nunca leerlo. Fue hace mucho tiempo, pero creo que me sacó de cierta ingenuidad. Así son las palabras, exactamente las mismas pueden fascinar a unos y enloquecer a otros.
Todavía escucho el título del libro con cierto estremecimiento.

Ununcuadio Uuq dijo...

¿Me lo recomiendas de forma personal? Cuando os oí hablar de él en Filosofía Joven me quedé con el nombre.
Interesantes tus reflexiones..., ¿me permites matizar, aportar desde la ciencia? Evidentemente, no da el sentido de la vida, pero en cualquier caso es curioso saber que la epilepsia se produce por un "exceso" de orden: si usamos el 100% del cerebro tendremos un ataque epiléptico.
Con este ejemplo, pienso que el hombre se encuentra haciendo equilibrios entre la cordura y la locura, tanto a nivel empírico como a otros. Además, entran consideraciones acerca de la definición vigente de locura/patología psiquiátrica, las manías "locas" de genios como Einstein, Goethe, Da Vinci... Y si es preferible personas así de creativas para el avance del mundo, o que todos seamos del montón. Da para mucho

Rafa Monterde dijo...

Palabras, palabras, palabras...

Raquel dijo...

«Este libro fue un descubrimiento para mí. En esta obra se anunciaban casi todos los problemas que hemos vivido después, en los años sesenta y setenta. No hice su lectura identificándome con el personaje, sino para saber cómo un visionario entiende, en los tiempos modernos, la problemática de la soledad y la del hombre solitario».

Estas son palabras del cardenal Ratzinger al periodista Peter Seewald en La sal de la tierra (1996). A él, como a mí, ha sido uno de los libros que más me ha impactado.

Me lo recomendaron precisamente por estas reflexiones acerca de la soledad y de las que ya he comentado acerca de la burguesía.

Creo que todos los libros y todas las palabras tienen su momento. Y que uno tiene que tener la libertad de cogerlos y dejarlos cuando se quiera.

Marcel, entiendo lo que dices. La entrada no pretendía ser un alegato a favor de la locura. Los libros nos conducen a mundos muy diversos que a veces ya conocemos y, otras, son completamente insospechados. Pero es uno el que decide recorrerlos o no.

Unun, no me gusta recomendar libros, me parece que hay que conocer mucho a una persona para saber cómo le puede sentar. En cualquier caso, no os lo recomiendo a ninguno de los tres. Al menos, no ahora.

Un saludo,
Raquel

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