Errata

Así, con este peculiar título, resume Steiner su biografía. Pero quién, me pregunto, al final -o en el transcurso- de su vida se daría a sí mismo matrícula de honor, en vez de sentir que faltaron tantas cosas y hubo tantas que hizo mal. 

En cualquier caso, pienso, esto es lo que haría el sujeto en cuestión, pero está por ver si el examen final será autoexamen meramente o habrá un buen tribunal que nos sorprenda con sus calificaciones. 

En definitiva y volviendo a una discusión anterior, ¿cómo se puede acertar en esta vida? o ¿por qué dice Aristóteles que "hay muchas formas de equivocarse y sólo una de acertar? A la primera pregunta, como es obvio, no tengo respuesta. Para responder a la segunda tendría que remitir a la teoría de la virtud aristotélica y no sé si es el lugar. En resumen a lo que apunta (y a lo que iba) todo esto es que acertar, encontrar ese justo medio, es propio del virtuoso, pero la adquisición de la virtud es una tarea dificultosa. Ese justo medio de las acciones es un mero punto e incluso cuando ponemos todo nuestro afán, podemos dar el golpe mal. Sin embargo, para errar se tiene todo el terreno restante. Ancha es Castilla.

Si caemos en la cuenta de que hay más posibilidades de equivocarnos que de acertar podemos ver la vida como un continuo aprendizaje, como un abandonar nuestros errores sabiendo que no hemos llegado ya a la adquisición de la virtud completa. Es decir, jugárnosla en cada instante sin tener miedo a perder la partida es lo que puede hacer que ganemos el juego. 

Errantes

Hay muchas formas de equivocarse y sólo una de acertar, dice Aristóteles en algún lugar. Quizá la vida no sea más que un pasar de error en error. Quizá no sea más que errar entre las mudas soledades. Y mudarse una y otra vez, consumidos por el anhelo de llegar a la morada eterna. 


Hay muchas formas de estar sola y sólo una de aceptar la soledad, dicen varios poetas por ahí y por aquí. Quizá no sea verdad o quizá sea la única. O puede más aún que la vida sea una escalera y que, como canta Extremoduro, vayamos subiendo de escalón en escalón convencidos de que la verdad está en el tejado esperándonos.

Dos miradas al presente


Hace unos días, el 20F, estuve en dos presentaciones de libros. Dos libros muy diferentes que muestran cómo ha cambiado la sociedad española en muy poco tiempo. O quizá sólo haya cambiado en parte, es decir, una parte de la sociedad que anda preocupada sólo por el presente, mientras que otra sigue anclada en el pasado. Valga esto como reflexión sociológica al margen, porque de lo que se trata aquí es de hablar de los libros y de lo importante que es que su autor crea realmente en lo que está escribiendo. 

En primer lugar me dejé caer por el cortinglés para escuchar a la autora de Las espuelas del deseo, Rebeca Viguri. Encontrar el lugar de la presentación supuso algo más que un acto de fe cultural. La sala no sólo era poco propicia para el evento sino que con todo el ruido de la cafetería contigua era imposible escuchar a las tres personas que presentaban la novela. Se resaltó el espíritu de emprendimiento por escribir una novela, lo bien escrito que estaba, las continuas referencias literarias, el buen ojo para captar los instantes característicos de una ciudad de provincias. Especialmente se habló de sus noches, sus bares, sus dilemas y sus frustraciones. No las frustraciones de la noche, sino la de los hombres y mujeres que se entrecruzan en ella; la falta diálogo. Nada de amor y lujo, que estamos en crisis, un poco de cama y con mucha sencillez. Que en definitiva es lo que vende, y eso lo sabe hasta Reverte.

Al salir de allí sentí la necesidad de encontrarme con otro tipo de libros, de tal modo que acudí a la librería Auzolan donde, como muchos martes, tenían foro literario. Se presentaba Virgilio Leret, una vida al servicio de la República. La sala no era más que un espacio que abierto entre las estanterías. Silencio y miradas atentas. Una mujer de 75 años relata la muerte de su padre: Virgilio Leret. Fue el primer fusilado de la Guerra Civil el 17 de julio en Marruecos. Y esa es la verdadera fecha del inicio de la Guerra, defiende con vehemencia mientras se coloca la boina negra. No faltaba ningún detalle tópico, no faltaron los relatos duros, las referencias a los fasciosos, las reivindicaciones a la memoria histórica y blablablá. Aplausos, agradecimientos. El público agradece verdaderamente el libro, porque como el autor, creen en lo que está escrito.

Dos miradas al presente. Sólo por las portadas ya se deduce la carga del pasado o del futuro que contienen. La cuestión de fondo es el motivo por el que se escribe el libro. Quizá en ambos se pregunte al presente y la diferencia sea las respuestas que dan, quizá, pese al contenido tan aparentemente distinto, no encuentren verdaderas respuestas en el presente y por eso la sensación de frustración y nostalgia sea parecida.

Laberintos

Laberintos:

Trajiste la madeja de hilo,
encontré el eslabón perdido,
pero, aun así, damos vueltas
sin vernos, en el laberinto.

La influencia de Baudelaire y Mallarmé en Debussy

Este año se cumple el 150 aniversario del nacimiento de Debussy. Muchos son los homenajes que se están haciendo a este gran compositor. Como apenas sé de música no tengo nada que decir acerca de la calidad de sus obras. Lo que me gustaría resaltar es que fue un compositor influido más por literatos que por otros músicos. Traigo a colación solamente un brevísimo repaso a dos de estas influencias: Baudelaire y Mallarmé.

Respecto del primero, es ineludible la obra Los cinco poemas de Baudelaire. En ella se podría establecer un paralelismo entre su forma de componer y la forma de escribir del poeta. Encontramos gran flexibilidad, además el componente lírico, hace esta obra consiga el mismo movimiento de las ensoñaciones de las que vive el alma. Sobran, por ya conocidas, la referencia que tiene para ambos la influencia de Wagner. Ambos lo tienen presente aunque sea a favor o en contra.

Con referencia a Mallarmé habría que citar el Preludio a la siesta de un fauno. Aunque Debussy pretendía realizar toda la secuencia del poema de Mallarmé se quedó en el preludio. En esta obra, de periodo más avanzado, se libra de las ataduras de la tradición, encuentra su estilo personal y entra dentro de las vanguardias. El compositor consigue rizar el rizo y simbolizar los símbolos que ya de por sí se encuentra en la obra del poeta. 

En definitiva, se trata de una música muy plástica que sólo desea agradar. La pretensión siempre fue liberar a la música de todo aparato científico de tal manera que se descubra la belleza de lo sensible y se provoque en nosotros un goce inmediato. ¡A gozar!

Miradas superficiales


En la vida hay que empezar por lo material para llegar a lo simbólico. Hay quien habla y mira superficialmente lo profundo y otros que saben hablar y mirar de manera profunda todo lo superficial. 

Y es que en lo más superficial se encuentra, a veces, lo más profundo. O como dijo el artista Morandi "lo más abstracto de todo es el mundo sensible". 

Hegel da una explicación filosófica en La fenomenología del espíritu: "lo ínfimo es al mismo tiempo lo supremo; lo revelado que emerge enteramente a la superficie es justamente por ello lo más profundo".

Sin embargo, me encanta cómo lo hace Inciarte: "La mirada es espiritual, no se queda en la materia que allí se ve, pues eso sería quedarse en la nada".




Las tinieblas del corazón

Visto el revuelo que causó la anterior entrada me gustaría darle una vuelta más mediante una breve comparativa (completamente subjetiva) entre el libro El corazón de las tinieblas (1902) y El lobo estepario (1920). (Aviso: contiene spoilers).

En primer lugar, ambas historias narran un viaje que cada vez se vuelve más profundo y más oscuro. En la obra de Joseph Conrad la remontada del río Congo y el adentrarse en la selva no es más que el contexto que enmarca el núcleo literario: el descubrimiento progresivo de la oscuridad que habita dentro del hombre y que puede llegar a anegar su corazón, hasta llegar a deshumanizarlo y acabar con él. 

Por su parte, la novela de Hesse narra directamente un viaje interior. Harry Haller está tan cansado (aburrido, pero no desesperado) de su vida que no ve otra salida que el suicidio. Es en el momento límite con la muerte cuando comienza un viaje interior, se vuelve hacia sus adentros y comienza a descubrir nuevas facetas interiores, nuevas maneras de exprimir la vida. Sin embargo, los descubrimientos y experiencias que lleva a cabo le conducen a las tinieblas de su corazón. Haber descendido hasta llegar al "yo" tiene, en esta obra como en la anterior, un sinónimo de destrucción. 

En segundo lugar, me parece significativo el papel que cumplen paralelamente los personajes incitadores del viaje. Marlow, el protagonista de El corazón de las tinieblas, ha ido agrandando tanto la figura de Kurtz durante el viaje que, a pesar de ser consciente de cómo se cierne sobre él la oscuridad, no puede dejar de desear llegar al final para conocerle. Con lo que se encuentra, finalmente, ya no es con el mí(s)tico Kurtz, sino -literalmente- con la enfermedad, el horror, la locura y la muerte. En el caso de Harry la idolatría recae sobre Hermine (Armand@). Este personaje misterioso le fascina. Su ambigüedad le seduce y también le mitifica. Esta mistificación le lleva a supeditarse a todas sus órdenes, incluso a la que puede conducir a su muerte. Lo único que importa, una vez iniciado el viaje, es llegar hasta el fondo. De tal modo que, una vez más, el desenlace es destrucción, muerte y locura. Sólo que en este final ya no se contempla desde fuera, sino que se experimenta desde dentro y el loco hace lo único que puede hacer: reírse de sí, de su locura y del mundo.*

*En realidad aquí debo rectificar... Harry no se ríe de todo lo que ve en el "teatro mágico", por eso Pablo le regaña. No sé la razón. Espero sugerencias...

Entrada sólo para locos, cuesta la razón


"La mayor parte de los hombres no quieren nadar antes de saber ¿no es esto espiritual? y no quieren nadar, ¡naturalmente! Han nacido para la tierra, no para el agua y, naturalmente, no quieren pensar, como que han sido creados para la vida no para pensar. Claro y el que piensa, el que hace del pensar lo principal ese podrá acaso llegar muy lejos en esto, pero ese precisamente ha confundido el agua con la tierra, y tarde o temprano se ahogará." Harry Haller en Steppenwolf de Herman Hesse.


El lobo estepario es una vuelta en noria. Si consigues dar la mano a Harry, el protagonista, subirás a lo más alto, encontrarás una naturaleza sublimada por la cultura más exquisita, por los razonamientos más espirituales del hombre. Pero, ¿hacia dónde conduce tanto saber, tanto conocimiento, tanto discernimiento si está falto de vida?

Y una vez arriba, lo propio de la noria es descender lentamente. Sólo que en este caso el viaje te lleva más allá de tus pies, hacia el mundo sombrío y caótico de los instintos. ¿Hay más vida "aquí" que allí? ¿Más amor, más felicidad acaso? 

La búsqueda insatisfecha (pues sólo los burgueses, y todos lo somos un poco, están satisfechos) del sentido de la vida y de saber realmente quién es uno puede costar la razón. Pero en este libro los locos son genios y, con ella, con su locura, completan la psicología defectuosa del equilibrio mundial. La moraleja, dicho con la ironía propia de todo el libro, que se desliza al final es: para vivir es necesario aprender a no tomarse demasiado en serio la vida, empezando por reírse de uno mismo. 

Con todo, su lectura resulta una maravillosa reflexión acerca del hombre contemporáneo, una invitación a descubrir el burgués y el lobo que todos llevamos dentro; un dulce paseo con vistas al infierno.
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