Luces y desiertos: pa(i)sajes de la vida intelectual

"Del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro". Así resume Cervantes las causas de la locura del más ingenioso hidalgo español. Digo resume, porque podría haberse extendido más en la descripción, no porque se necesiten más causas.

Se le secó el cerebro... "se acabó el amor de tanto usarlo". Quizá ambas expresiones tienen algo que ver. El uso incorrecto termina estropeando los utensilios, los objetos. Aunque ni el cerebro ni el amor sean utensilios también, paradójicamente, pueden tratarse como tales. Y, entonces puede que no se tengan más ideas en la cabeza que la de los autores a los que uno lee y no pueda producir ideas propias (¿alguien habrá producido, alguna vez, una idea propia?). Y con esto remito, recojo y remiendo unas palabras de Cornelio Fabro del libro La dialéctica de Hegel
Con todo, cuando en realidad se presenta de una manera más precisa este mismo ver, es fácil advertir que en la absoluta claridad no se ve ni más ni menos que en la tiniebla absoluta, y que tanto el uno como el otro ver son un puro ver, un ver nada. Pura Luz y pura tiniebla son dos vacíos, que son lo mismo. Sólo en la luz determinda -y la luz es determinada por la tiniebla-, sólo en la luz ofuscada, se puede distinguir algo.
Desnudo en el desierto. Salvador Dalí (1946).

¿Se ve? Bueno, aquí viene el remiendo, la muestra de que en el desierto también existen los oasis y el enlace con el segundo término, por si alguien creía que me había despistado:

Espejismo: 

Apaga la luz, y siéntate cerca,
que hoy quiero verte bien.

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