Kulturpessimismus o La civilización del espectáculo

El libro comienza desde la primera página asumiendo y reiterando la Kulturpessimismus de la que achaca a la civilización occidental. Porque, no lo podemos olvidar, a lo que aquí se refiere es a Occidente y lo que más destaca es la nostalgia, un sentimiento de dolor por la "Cultura" perdida. ¿Qué se ha perdido? En primer lugar, aludiendo a Eliot, parece haber desaparecido una élite que maneje o cree cultura. Ésta se ha democratizado, la cultura está al alcance de todos, pero esta ganancia conlleva, al parecer inexorablemente, su empobrecimiento.

Por otro lado, ¿a qué denominamos cultura? Todo lo que hace el hombre forma parte de ella. La utilización del término es muy confusa. A veces incluye a la religión, la filosofía, la economía; otras, en cambio, parece que la cultura se reduce a la alta cultura sin mayor argumentación (algo así como reuniones imaginarias entre Goethe, Kant y Matisse). Antes (de la postmodernidad, claro) resulta que había nociones y diferencias claras entre baja cultura (inexistente) y alta cultura. Ahora resulta que esas distinciones ya no están tan claras. Ahí tiene toda la razón, pero ¿No hay ninguna distinción? ¿No hay gente que con usted se dedique a pensar sobre estas cosas? ¿No han dicho otros muchos lo mismo? ¿A quién dirige este libro, entonces? 

La cultura se ha visto afectada por las nuevas tecnologías y por la globalización de la información que corre vertiginosamente por Internet. Esto que es tan bueno conlleva una inevitable ecuanimidad de la información y el conocimiento. Se hace mucho más difícil distinguir, discriminar, cuáles son voces autorizadas u opiniones de peso. De esta manera está hasta cierto punto justificado la crítica de obras de arte (ocio y entretenimiento), acciones políticas (democráticas y liberales, por supuesto) o banalización de las relaciones humanas (es decir, sexo). Sin embargo, extraer conclusiones generales de los casos más pintorescos y extremos no suele ayudar si uno quiere ser fiel a la realidad. El autor no es desacertado en sus críticas, ni siquiera, en la mayoría de los casos, en señalar las causas. Ahora bien, también hay veces en que se queda en la más pura superficie, en el dato del último escándalo, sin llegar a ver el verdadero problema. Esto se acentúa especialmente en los artículos que recoge de El País, algunos muy lejanos en el tiempo. Hubiera ganado mucho de haber recogido las ideas de fondo y haberlas presentado de manera más elaborada. 

En definitiva, no hay duda de que él mismo, Vargas Llosa, no puede escapar a los efectos de la postmodernidad que difumina las diferencias de niveles y puede conllevar el caos intelectual. Con estos bueyes hay que arar y ver los posibles caminos (de los que aquí no se menciona ninguno). Lo único que puede hacer el Estado democrático es respetar todas las opiniones, sin privilegiar ninguna. No vaya a ser que por el camino alguien nos imponga su moral. Estimado amigo, está usted tan dentro de todo esto como el resto, sólo que con una dosis de pessimismus y nostalgia bastante acentuada. Ya lo siento. 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Qué bien dicho, Raquel!

Marina Pereda dijo...

Bueno, es que uno de los mejores ejemplos de la comercialización de la cultura es el suplemento "Babelia" o la sección de cultura de El País, donde colabora Vargas Llosa, ¿no? al menos a mí me lo parece.

Ununcuadio Uuq dijo...

Es un libro que tengo pendiente, me parece especialmente interesante el análisis final...: ¡tenemos que hablar! ¿Has leído "Sin raíces" de Marcello Pera y Ratzinger? Necesito compartir ideas...

Y como solución (parcial) propongo educar bien, me ha gustado esto por animante: http://marinopirataypoeta.blogspot.com/2012/10/lo-llaman-dificultades-pero-tu-puedes.html

Raquel dijo...

Querido anónimo...

normalmente la gente oculta su identidad cuando quiere criticar, pero que lo haga en el halago me parece de una gran virtud.

Muchas gracias!

Raquel dijo...

Claro, Marina, estoy contigo.

La cuestión es que parece que no son conscientes de que están fomentando esa mercantilización... sino que se erigen en constructores/promotores de la cultura.

Otro paso más es el de Vargas Llosa que estando dentro de todo esto lo critica como si estuviera fuera. O quizá, habría que decir mejor, como si estuviera "antes", como si perteneciera a otra época en la que la cultura era esplendorosa y viera desde esa colina la decadencia.

Ahora bien, es cierto que pertenece a otra época, pero ¿era esplendorosa? y ¿en qué sentido? Yo no tengo una solución al "problema" de la "cultura actual", pero lo que tengo claro es que mirar al pasado con nostalgia es la mejor manera de solucionar algo.

Thanks!

Raquel dijo...

No he leído el libro que mencionas, pero me lo apunto. Cuando te leas tú este hablamos, por supuesto. Además de lo que quieras. Como siempre, podemos terminar arreglando un poquito el mundo.

Un abrazo!

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