Despedida y otras des


Despedida:

Le di lo que tenía,
pero no lo que pedía.

***

Descorazonada:

Quisiste ser Venecia tranquila
y te convertiste en Sahara reseca.

***

Desplante:

A veces hay que hacerlo,
y arraigar en otro sitio. 

25S, huelga general y futuro social


Este fin de semana estuve en Madrid. No sé qué hubiera pasado si me hubiera quedado hasta ayer, hasta hoy. Quizá hubiera sufrido la carga policial y no sólo estaría lamentando porque la prensa se esté centrando en ella y no en poner de manifiesto o en someter a crítica cuáles son los motivos que llevan a salir a la gente a la calle, a ocupar el Congreso

No hay una solución para esta situación. La demagogia atenta contra la democracia venga de donde venga. Creo que no basta con exigir que la crisis la paguen otros (los políticos), pero tampoco me parece justo que la paguen los de siempre (el pueblo). La distancia que existe entre estos dos grupos ya debería ponernos los pelos de punta. 

Hago intentos por comprender la situación económica mundial, la presión europea y las medidas españolas, pero no disculpo que se pueda hacer más y no se haga, que no se muestren signos de diálogo social. No sólo ellos están sobrepasados. Los ciudadanos lo están. Eso es lo que falta por entender, la situación extrema en la que están viviendo tantas personas. Y a situaciones extremas corresponden medidas extremas. Eso es lo que también falta por entender y no se muestra voluntad de entender con descargas de violencia policial. 

Hoy, huelga general. No creo que se pueda cambiar todo de la noche a la mañana, pero me da pena (porque no tengo otra palabra) que no cambie nada. No tengo soluciones, sólo una convicción: el mañana sigue dependiendo de lo que hagamos hoy. 

The Kidnapping of Modern Art by the New Yorkers

El inicio de curso siempre lleva consigo una aceleración hasta coger de nuevo el ritmo. Sería mucho mejor marcar el ritmo que tener que cogerlo pero, hoy por hoy, esto es lo que hay. Y entre aceleramiento vital e intelectual voy avanzando en lecturas.

Acabé Postpoesía de Agustín Fernández Mallo. Me ayudó a pensar ya que planteaba cuestiones que yo  no había pensado y que, en cualquier paso, parecían no tocarme muy de cerca. Debo confesar que prefiero sus libros postpoéticos a su explicación ensayística del fin de las grandes narraciones y su apuesta por la unión entre ciencia y poesía. Si es tan necesaria esta unión, tal y como parece decir, para la decrepitud de la poesía española actual que escriba poesía postpoética en vez de diagnosticar muertes prematuras. La poesía en general se encuentra anquilosada en múltiples casos, pero algunos expertos ponen de manifiesto cómo se están buscando nuevos canales y medios de expresión postmodernos. Si realmente se han roto los géneros yo apuesto por la poesía española que subsiste en las canciones de hip-hop. Especialmente, cómo no, de Nach Scratch, al que espero poder escuchar dentro de poco una vez más en directo.

Acabé, también, Después del fin del arte de Danto. Sigo dándoles vueltas a sus explicaciones. Es claro en su afirmación acerca del fin del arte, pero no en su explicación. En una primera instancia parece decir: puesto que el arte ha cambiado, como pone de manifiesto que consideremos obras como las de Warhol como arte, debe cambiar nuestra explicación del arte. Bien. Pero, ¿qué ha ocurrido para que se acepte como arte una obra que en nada dista de objetos convecionales? En realidad, en el fondo late una concepción historicista, valga la redundancia, de la historia en el sentido hegeliano. Todo se reduce a historia y dentro de la historia del momento hay que buscar la esencia del arte. De esta manera, lo propio del arte de nuestra época es haber roto con el hilo conductor, con la historia que le precedía. Por ello, Danto considera que ha terminado la historia y hoy en día tenemos un arte posthistórico.


Pero si siguiéramos fielmente lo que él dice, tenemos que afirmar que no se acaba la historia, ni el arte, sino una historia del arte, una gran época del arte que podríamos denominar mimética, ilusionista, figurativa, y que ha comenzado otra que todavía no sabemos cómo va a continuar. En términos postmodernos podemos decir que ha caído el gran relato del Arte con mayúscula, nos hemos dado cuenta de que no es la única manera en la que se puede concebir el arte y, por tanto, hay que cambiar nuestros presupuestos teóricos para acercamos a un arte que ha cambiado. Ahora bien, ¿cuál es la propuesta de Danto ante estas cuestiones? No me queda claro.

Pese a estas taras, podríamos decir, hace buen uso de su condición de crítico de arte y ayuda a conocer a muchos artistas contemporáneos. De entre todas las referencias me gustaría traer una que me ha gustado personalmente, entre otras cosas, porque me parece que representa al propio libro. El artista Russell Connor quien "recombina partes de obras maestras conocidas para hacer nuevas pinturas. Toma las mujeres de Les demoiselles d'Avignon de Picasso, por ejemplo, y las sustituye por las mujeres de El rapto de las hijas de Leucipo de Rubens, dándole el ingenioso título de The Kidnapping of Modern Art by the New Yorkers (El secuestro del arte moderno por los neoyorquinos). (...) El resultado es una obra maestra posmoderna de alusiones entrecruzadas, una clase de caricatura de identidades cruzadas, en la que, por supuesto, Connor no pretender ser ni Rubens ni Picasso." (p. 214-215).

Del árbol del conocimiento a la maraña del saber


Del árbol del conocimiento a la maraña del saber. Así resumió el profesor Juan Arana veinte siglos de sabiduría occidental. Dimos lugar al árbol más grande que jamás se podía haber imaginado, de él nacieron todas las ramas. Pero algunos leñadores decidieron separarse y plantar esquejes de manera autárquica. Ahora tenemos una gran selva.  

Con la especialización de todas las ciencias que ha tenido lugar en el s.XX se abandona el tronco filosófico del que surgieron las diferentes ramas. Por lo que el filosofo es el nostálgico del pasado y echa de menos esa sabiduría unificada. En este sentido el filosofo es el que, me parece, hoy mejor puede integrar los saberes. Hay una diferencia entre integrar y trabajar de manera interdisciplinar, entre unir desde dentro lo que es común y juntar de manera externa lo que en un momento determinado puede tener que ver. 

Vidriera de el Monasterio de El Puig (Castellón)
Sin embargo, me parece interesante aludir a dos crisis que tienen que ver especialmente con este tema. Por un lado, la crisis que tuvo lugar a finales de la Edad Media entre Filosofía y Teología y que supuso la primera ruptura del saber. Con el averroísmo latino se desarrollo la teoría de las dos verdades: la de la razón y la de la fe. Según esta teoría, Dios nos habría dado dos caminos y dos objetos. Con una nos moveríamos por el mundo y, con el otro, nos salvaríamos. 

La recomposición fue bastante traumática. Ockham, para impedir la división, debilita la filosofía: una razón separada de la fe lleva a conclusiones en contra de la fe por lo que se volvió muy crítico con la razón y la separó totalmente de la fe con tal de asegurarla. Pero esto, tal y como apunta Gilson, hace que la razón separada se reconstruya por si sola y en contra de la fe. Por no permitir hacer una filosofía acorde con la teología se dio lugar a una filosofía que genera su propia solución. 

Por otro lado, encontramos la crisis actual: la separación entre ciencias y, sin atreverme a especificar (letras, humanidades, filosofía), todo lo demás. Esta separación comienza en el s.XVII con Copérnico, coge sustancia con Kepler y Galileo, se sistematiza con Huygens y Descartes y se lo toman definitivamente en serio Newton y Leibniz. A partir del siglo XVIII, gracias a Kant, se le exige a la metafísica que asiente todas sus aserciones de la misma manera que parecía hacerlo la física o la matemática. Además la escisión total entre lo fenoménico y lo nouménico habría conllevado, por un lado, poner un límite a la explicación científica. Por otro, la explicación metafísica sería imposible. De esta manera tras él se exigió que la metafísica hiciera un ejercicio titánico que, en realidad, no se da en matemática ni en física, tal y como puso de manifiesto Kuhn en su libro The Structure of Scientific Revolutions.  

Sea como fuere, mientras que en Filosofía existían cada vez más escuelas contrapuestas, los científicos comenzaron a ponerse de acuerdo. Para los astrónomos, por ejemplo, la sensación de complicación (matemáticas de Epicuro de Rodas y los epiciclos planetarios) desaparece ante la sencillez copernicana. En aquella época ya todos sabían que eran hipótesis, pero no tenían otra explicación para salvar los fenómenos. La verdad parecía importar menos que el hecho de salvar los fenómenos. 

Ventanal de La Lonja dels mercaders (Valencia)
Sin embargo, más que la sencillez el éxito de la ciencia se debió a su aplicación a la naturaleza, a que uniéndose a la técnica consiguió explotar los recursos naturales y mejorar la calidad de vida de las personas. De esta manera también se convirtió en una forma de dominio, así ha sido entendido, al menos, en la postmodernidad. Hoy en día se considera ingenuamente que todo lo que no sea científico (ergo, cuantificable, verificable o falsable en sentido popperiano) no existe. Todo lo que sale de ese ámbito queda relegado más allá de los muros de la verdad: el reino de la opinión, de la subjetividad, de la fantasía. 

Pero, como he dicho, me parece que esa es una concepción ingenua extendida entre un público que no sabe cómo funciona la ciencia. La ciencia no ha sido pensada en serio. La tarea del científico se limita, en la mayoría de los casos, a su objeto y no a pensar sobre su propia ciencia. Creo que hoy en día eso está cambiando y, por alguna o muchas razones, quieren pensarla. Estamos en crisis, pero al menos ahora somos (todos) conscientes de que lo estamos y eso, me parece a mí, es el primer paso para buscar soluciones. Pero no es fácil. Aún cuando la voluntad es buena, nos hemos especializado tanto que es sumamente difícil entenderse. Ya sólo "el desarme terminológico" -otra vez Juan Arana- conlleva un gran esfuerzo.

El diálogo no solo es posible sino necesario, pero para que sea fructífero ambas partes deberán despojarse del orgullo y olvidar muchas rencillas con el fin de estar dispuestas a dejar lo que sea necesario con tal de acercarse a la luz de la verdad.

Este post participa en la I edición del Carnaval de Humanidades

Luces del nuevo curso

Se nota que estamos entrando en un nuevo curso. Se nota que la gente está descansada y dispuesta a sacar grandes -o pequeños- proyectos adelante. Al mismo tiempo que me lleno de ilusión cada vez que me cuentan uno nuevo suelo pensar en el esfuerzo que conlleva sacar adelante algo de la nada en vez de sumar esfuerzos a algo ya comenzado. 

Luces del nuevo curso
Supongo que lo pensaba también al leer a Danto (Después del fin del arte) y su crítica a la época de los manifiestos: "La profunda verdad del presente histórico, me parece, se vincula con el fin de la edad de los manifiestos porque la premisa subyacente en los manifiestos del arte es filosóficamente indefinible. Un manifiesto singulariza el arte que justifica como el verdadero y único arte, como si el movimiento que expresa hubiera hecho un descubrimiento filosófico, creo, es que no hay un arte más verdadero que otro y el arte no debe ser de una sola manera: todo arte es igualmente e indiferentemente arte". (Paidós, 1999, p. 55). 

Es verdad que no hay una única manera de hacer las cosas, ni siquiera, de hacer arte. Pero la búsqueda incesante de individualización y el esfuerzo por sacar adelante las ideas tal y como uno las concibe puede ir en contra del propio proyecto. Traigo a colación estos pensamientos puesto que también afectan a este blog (y a mi vida) ¿Para qué emitir más letras al océano internáutico/académico? 

Todo esto venía a propósito del inicio de curso. Pero, en realidad, pretendía seguir con la entrada anterior y hacer una análisis comparativo entre la última película de ChaplinCandilejas, y la última película nostálgica de Hollywood, The Artist. ¿Qué más da? Bienvenidos al nuevo curso.  
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