Belleza, ¿dónde estás?

Cada vez resulta más común que la gente me pregunte acerca de la belleza. Quizá será por aquello de que les digo que me dedicó a investigar en Estética (je!). Ya me curo de advertirles que lo que me interesa es el arte (contemporáneo). Esta puntualización parece no decirles nada e inmediatamente (en el 90% de los casos) comienza una discusión en torno a la incomprensibilidad y abandono de la belleza por parte del arte contemporáneo. Y en ese punto, cuando digo que arte y belleza no son lo mismo o que, al menos, la contemporaneidad nos ha enseñado que no siempre tienen que ir juntos se desata el escándalo.


Además, remarco, ¿de qué belleza estamos hablando? Durante muchos siglos se ha creído que la belleza en el arte era la perfección en la representación. Cuanto más se asemejara a la "realidad" más "bello". Tras la aparición de la fotografía y el video esto deja de tener el peso que tenía. Se experimenta y los artistas tratan de purificar las formas y el arte, en general, abandona la figuración y da un paso en la abstracción. He aquí una de las claves que los expertos siguen investigando. Sin embargo, que hoy en día se haga arte abstracto no significa que la figuración haya muerto. Con palabras que recoge la profesora María Antonia Frías de Kandinsky: que exista música sinfónica no significa que desaparezca la música que cuenta historias a través de palabras. Coexisten y no hay por qué determinar cuál de ellas es mejor ni tampoco reducirlo al mero gusto.

Bien, y ¿dónde queda la belleza en esta historia? Antes de hablar de belleza en el arte pensemos en qué es la belleza. Acogiéndome a la definición preferida de una amiga podemos decir que es una propiedad de las cosas que infunde en nosotros un deleite espiritual. Pero hay que darse cuenta de que no es algo fácil de descubrir, no se reduce a la armonía ni a la proporción. No es algo que simplemente entre por los ojos, sino que la capta y la disfruta la persona entera. El mayor problema estriba hoy en día en la banalización de la belleza, en su reducción a la exteriorización, es decir, en haberse convertido en apariencia o, en el caso extremo, en mera cosmética. (Se puede hacer una prueba sencilla metiendo en el buscador de google la palabra "belleza).


Magdalena Bosch en su libro El poder de la belleza (Eunsa 2012) intenta no inmiscuirse en problemas artísticos. Aborda en sentido amplio el tema, habla de la belleza como el bálsamo que cura las divisiones entre la razón y las pasiones, de la contemplación, o de la belleza moral. Valga este ejemplo como una ampliación del concepto de belleza. Por otra parte, el psicólogo Howard Gadner en su libro Verdad, bien y belleza reformuladas (Paidos 2011) desarolla cómo han cambiando estas tres virtudes -según su denominación- en nuestra época. Cuando habla de la tercera "virtud" aclara que lejos de inmiscuirse en cuentiones metafísicas no hablará de más belleza que la que se da en el arte. Este autor afirma que lo que entiende por belleza es una especie de cosquilleo cerebral que se produce frente a ciertos objetos. Quizá con esto tengamos más datos de en qué consiste el goce intelectual, pero no creo que agote en qué consiste la belleza.

Estoy leyendo otro libro: La imaginación trascendental en el arte, la filosofía y la vida de Fernando Inciarte. No da muchas más respuestas, pero desde luego, enfoca mejor los problemas.

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