Sinceridad estética

"El arte se da cuenta de su inutilidad, y, si no, no sería belleza, gracia, el agradecimiento. Entonces ¿dónde reside su diferencia con la filosofía? Unicamente en que ésta sabe que la inutilidad de todo lo finito es algo irreductible. El arte presiente esta irreductibilidad en todos los momentos en que falta la inspiración, en que el artista ve inminente el fracaso, incluso lo cree irremediable; pero el arte se sobrepone siempre en última instancia al desfallecimiento. De otro modo, no se produciría la obra de arte. El milagro de la obra de arte consiste en que precisamente el propósito se cumpla, ya que lo mismo hubiera podido dejar de cumplirse" (Fernando Inciarte. La imaginación trascendental en la vida, el arte y la filosofía, p. 150).

Aquí está una ligera muestra de lo que pretendía decir al final de la última entrada. La maravilla del arte es que, pudiendo no haber sido, es. (Esa también es la maravilla de la vida, no habiendo necesidad de que seamos, ¡somos!). Luego, otro punto distinto sería examinar, dentro de lo que es, qué obra es mejor que otra. Hace unos meses la Cátedra Jorge Oteiza organizó un curso titulado Juicio al arte contemporáneo donde se trató parte de esta cuestión. ¿Cómo se debe juzgar una obra de arte? No espere el lector encontrar aquí un listado de criterios, sólo una ligera sugerencia en la que llevo pensando algún tiempo: la sinceridad.

A lo que me refiero con este aspecto es a que la sinceridad de una obra consigue dotarle de un peso que le resta la artificialidad. ¿Por qué tienen tanta fuerza las biografías, los testimonios, etc.? Porque los tomamos como "basados en hechos reales". No es imprescindible para un buen poema que realmente sintiese lo que dice (la mayoría de veces ni lo sabemos), pero cuando sabes que lo sintió, que aquello que cuenta ocurrió de verdad, la fuerza es mayor. Las ficciones, ficciones son. Hay un pacto sellado entre artista y espectador en el que se incluye que los límites entre la realidad y la ficción son tan difusos que ambos constituyen una verdad (verdad estética, se entiende, si es que existe ese término).
 
Qué diferentes son dos obras vistas desde este aspecto. Por ejemplo, sostengamos en una mano Los enamoramientos de J. Marías y, en la otra, Verde agua de M. Madieri. Puede que en apariencia traten temas distintos, pero hay un fondo (que es el núcleo de ambos) que es semejante: el impacto y la repercusión de la pérdida de un ser querido. En el caso de Madieri es un familiar por lo que es fácil entender la sinceridad. El otro libro no es que resulte poco sincero por no tratarse de un familiar, sino porque los razonamientos de la argumentación, los diálogos y monólogos interiores de la protagonista son demasiado artificiosos. El puntillismo perfecto que había logrado en obras como Tu rostro mañana se convierte aquí en un barroquismo infumable que no se sabe muy bien a dónde quiere llegar. El autor trata de meterse en la cabeza de una mujer, pero a la hora de transmitir pensamientos y sentimientos como tal se queda a la mitad. Habría que aludir a más aspectos para que la crítica a esta obra estuviese fundamentada, sin embargo, por lo que corresponde a la comparación con el otro libro y al tema de la sinceridad estética basta ya.

Belleza, ¿dónde estás?

Cada vez resulta más común que la gente me pregunte acerca de la belleza. Quizá será por aquello de que les digo que me dedicó a investigar en Estética (je!). Ya me curo de advertirles que lo que me interesa es el arte (contemporáneo). Esta puntualización parece no decirles nada e inmediatamente (en el 90% de los casos) comienza una discusión en torno a la incomprensibilidad y abandono de la belleza por parte del arte contemporáneo. Y en ese punto, cuando digo que arte y belleza no son lo mismo o que, al menos, la contemporaneidad nos ha enseñado que no siempre tienen que ir juntos se desata el escándalo.


Además, remarco, ¿de qué belleza estamos hablando? Durante muchos siglos se ha creído que la belleza en el arte era la perfección en la representación. Cuanto más se asemejara a la "realidad" más "bello". Tras la aparición de la fotografía y el video esto deja de tener el peso que tenía. Se experimenta y los artistas tratan de purificar las formas y el arte, en general, abandona la figuración y da un paso en la abstracción. He aquí una de las claves que los expertos siguen investigando. Sin embargo, que hoy en día se haga arte abstracto no significa que la figuración haya muerto. Con palabras que recoge la profesora María Antonia Frías de Kandinsky: que exista música sinfónica no significa que desaparezca la música que cuenta historias a través de palabras. Coexisten y no hay por qué determinar cuál de ellas es mejor ni tampoco reducirlo al mero gusto.

Bien, y ¿dónde queda la belleza en esta historia? Antes de hablar de belleza en el arte pensemos en qué es la belleza. Acogiéndome a la definición preferida de una amiga podemos decir que es una propiedad de las cosas que infunde en nosotros un deleite espiritual. Pero hay que darse cuenta de que no es algo fácil de descubrir, no se reduce a la armonía ni a la proporción. No es algo que simplemente entre por los ojos, sino que la capta y la disfruta la persona entera. El mayor problema estriba hoy en día en la banalización de la belleza, en su reducción a la exteriorización, es decir, en haberse convertido en apariencia o, en el caso extremo, en mera cosmética. (Se puede hacer una prueba sencilla metiendo en el buscador de google la palabra "belleza).


Magdalena Bosch en su libro El poder de la belleza (Eunsa 2012) intenta no inmiscuirse en problemas artísticos. Aborda en sentido amplio el tema, habla de la belleza como el bálsamo que cura las divisiones entre la razón y las pasiones, de la contemplación, o de la belleza moral. Valga este ejemplo como una ampliación del concepto de belleza. Por otra parte, el psicólogo Howard Gadner en su libro Verdad, bien y belleza reformuladas (Paidos 2011) desarolla cómo han cambiando estas tres virtudes -según su denominación- en nuestra época. Cuando habla de la tercera "virtud" aclara que lejos de inmiscuirse en cuentiones metafísicas no hablará de más belleza que la que se da en el arte. Este autor afirma que lo que entiende por belleza es una especie de cosquilleo cerebral que se produce frente a ciertos objetos. Quizá con esto tengamos más datos de en qué consiste el goce intelectual, pero no creo que agote en qué consiste la belleza.

Estoy leyendo otro libro: La imaginación trascendental en el arte, la filosofía y la vida de Fernando Inciarte. No da muchas más respuestas, pero desde luego, enfoca mejor los problemas.

Reflexiones olímpicas

Comenzaron los JJ.OO. Londres 2012 y con mucho menos esplendor desaparecieron ayer noche. ¿Por qué la aportación histórica y cultural británica que vimos en la primera gala se redujo a un show musical sin orden ni concierto?

Aun así no juzguemos lo que han sido por su final. Mantengamos la atención en el deporte que, en definitiva, es lo que cuenta. No estaría de más mencionar los éxitos españoles que, parece, ahora son lo único que puede dar algo de seguridad a los inversores extranjeros.

También me gustaría comentar el sentimiento estético que despierta en el público (era habitual escuchar "qué bonito" o "qué jugada tan bonita". No tengo claro a qué se referían, pero sí que me percaté de que provenían de aficionadas que conocían en profundidad el deporte en cuestión. Lo cual me lleva a la conclusión de que para apreciar la "belleza" -¿correción?- de la acción/actuación/x tienes que tener conocimiento de la técnica y haber "contemplado" durante tiempo las exhibiciones.

Una revisión de la estética en el siguiente capítulo.


Felicidad veraniega


Con esta frase de Pascal recogida en un rincón de Valencia muestro lo que está siendo este verano. Con ella también rompo un poco el silencio que mi cuerpo me ha obligado a tomar para descansar de verdad. Pronto llegarán los comentarios de los libros, las películas, las conversaciones que estoy gustando. Espero, queridos lectores, también estéis descansando.
Paperblog : Los mejores artículos de los blogs