Los rojos de Matisse, Rothko y Newman

"El camino es largo. No es que baste con abrir los ojos. Si lo hubiéramos podido abrir nada más nacer, tal vez. Es más bien que a uno le tienen que enseñar a abrir los ojos, porque eso es lo más difícil de todo. Abrir los ojos y ver lo que se ve, y nada más que eso. Eso es el ideal de toda filosofía, y no sólo de la fenomenología. Un ideal evidentemente inalcanzable. Inalcanzable también para el arte. Pero al que uno se puede acercar" (Inciarte, Imágenes, palabras y signos. p.164).

La habitación roja - Matisse

Aprender a ver. A ver lo esencial y lo diferente. Aprender a distinguir entre tanta repetición lo irrepetible. Aprender a ver la nada. Con Matisse no se puede. En La habitación roja aunque ya no se distinguen los planos, el mantel y la pared se funden y la ventana nos confunde porque no sabemos si también es cuadro, a pesar de eso vemos la mesa y la fruta y lo que está fuera de la habitación (aunque sólo sea a través de la representación). Lo vemos con perspectiva difusa, sí, pero lo vemos.

Orange-red-orange - Rothko 
En cambio, en los cuadros de Rothko, ¿qué vemos? ¿Qué hay que ver? Aquí vemos menos que antes. Sólo cuadro, sólo pintura, sólo color. Sin embargo, no se puede ver sólo color. En cualquier caso manchas de color en un cuadro. Pero si sólo fuese eso no valdría la pena. Vemos menos que antes, pero todavía vemos algo. Todavía no es pura materia, es decir, nada. Es una pintura que no puede ser nada, porque es mucho más, es puro espíritu. Espíritu matérico si se quiere (que no materializado), pero espíritu al fin y al cabo.

En cambio, en los paneles de Barnett Newman se puede decir que no hay nada (como tampoco había ya en Malevich, pero que por conocido no lo nombro). No es que no haya nada de algo, sino nada de nada. Lo que hay es pura materia. ¿Sí, sólo hay eso? "Si uno se queda como un pazguato con los ojos abiertos sin ver nada por no ver algo en un cuadro (como estos) entonces empieza a ver en aquello otra vez algo, algo que es de por sí, por ejemplo, una mancha roja, y en vez de librarse de la nada cae en ella sin remedio, porque lo que de por sí no es nada se le ha convertido en algo de por sí, por ejemplo en "algo rojo", como si de eso se tratara" (InciarteImágenes, palabras y signos. p.166). 

Si se tratara de ver el rojo no valdría la pena. Si uno se queda en el cuadro se ha quedado en la nada. Lo que hay que hacer es seguir hacia adelante, pero dentro del cuadro (no pasando a otro, claro). Se trata de ver sólo lo que está ahí sin quedarse en lo que meramente está. Lo que está ahí si sólo fuese eso no sería nada. En cambio es algo que está continuamente siendo. “Lo que la  doctrina sobre la creación –y la creación artística– nos dicen, es pues, que no hay pasado, que todo está empezando, porque si pasara al pasado, si fuera ya, si se asentara dejaría de ser. Así, la metafísica y la pintura o el arte auténticamente metafísico” (Inciarte, Imágenes, palabras y signos. p.174). Así la vida misma, by the way.

"Vir heroicus sublimis"

2 comentarios:

Ununcuadio Uuq dijo...

También habría que hablar de la Roja, de los rojillos, de los rojos...

Raquel dijo...

También tendría que haber hablado del rojo del Papa Inocencio X de Velazquez y de "Los rojos ganaron la guerra" de Vizcaíno Casas...

Lo que ocurre es que ahí se ve todo y ya no hay nada que decir...

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