Los libros que yo leo

Los libros además de leerlos hay que releerlos y hacerlos leer. Hay que comentarlos y hay que reescribirlos, aunque sólo sea en la imaginación. Sólo mezclando los leídos con los que se quisieran leer se escriben buenos libros. Cuando escribí sobre los libros que no he leído, que vi en la feria, me dí cuenta que hace tiempo que no digo nada sobre lo que leo. Quizá porque leo menos o porque cada vez empiezo más libros sin acabar ninguno. De entre los acabados destacan dos: en primer lugar, el libro de poemas de Mesanza Entre el muro y el foso. Me guardo todos los poemas que se inscriben bajo "El azul cansado" y trascribo sólo uno, quizá sólo, por menos comprometido:

A veces siento lo que pensaría
si un día me perdiera donde mueren
los sonoros tranvías de San Siro.
Si un día, bajo el blanco sol perdido,
de improviso dejaran de importarme
las cartesianas cruces que me guían:
el claro espacio y el complejo tiempo,
la tiranía del después y el antes
y la balanza de alegría y culpa.


En segundo lugar, destaca el teatro absurdo de Becket: Esperando a Godot. Absurdo porque las conversaciones están trabadas de forma ilógica y las acciones no corresponden a lo que cabe esperar. Absurdo porque lo que uno esperaría encontrar en un libro con eses título es a Godot. Sin embargo, el lector está en la misma situación que los personajes, esperando algo que nunca va a llegar. ¿Y no ocurre eso también en la vida? ¿Y eso no ocurre ahora con la crisis y con los rescates (de los que no hablaré)? ¿Y, no dejamos pasar oportunidades y, todavía peor ¡personas! esperando otras "mejores"? Se pueden y se han hecho muchas lecturas de la espera y de Godot. Algunos concluyen que si no se sabe quién es y no se tiene seguridad de que vaya a venir sólo cabe la desesperanza. No hagamos nada puesto que no hay nada que podamos hacer. Sin embargo, me parece que el mayor absurdo que se pone de relieve es el hecho de quedarse sólo esperando. Como si sólo por esperar tuviera que llegar algo. Sería absurdo quedarse en que la vida es sólo eso.

Por último, me queda mencionar un gran descubrimiento de última hora: Ezra Pound. Hace unas semanas acudí a las Lecciones de poética de la Cátedra Félix Huarte. Dos días en los que los asistentes pudimos disfrutar de la sabiduría delicada de Fernando Guedes. Un ilustrísimo portugues que nos acercó a la vida y la obra de este emblemático poeta de la Lost Generation (me refiero a la "anterior" no la de ahora). Me sorprendió la relación estrecha que tuvo con grandes artistas de la Europa vanguardista. Amigo habitual del grupo de Bloomsbury, pero también de Duchamp y demás dadaistas. Me encantó el juego entre lo mítico, lo histórico, lo novelesco y lo poético de Los Cantos. Una monumental obra que, como buen artista a pesar de haberle dedicado su vida entera, consideró errada. Espero leerla pronto y escribir sobre ella.

Y ya siento no haber escrito sobre lo que todo el mundo habla pero, a veces, el arte es el mejor rescate. 

3 comentarios:

Ununcuadio Uuq dijo...

Copio de una antología de Andrés Trapiello: "Según Walter Benjamin, se escribe para que existan los libros que deseamos leer, pero que no han escrito los otros."
Me encantó al leerla, y dentro del contexto de re-escribir una obra, me doy cuenta de que, muchas de mis argumentaciones acerca de mis opiniones, se basan no tanto en la lógica sino en ese cúmulo de recuerdos que reúnen mi corta experiencia, los libros que leí y las películas que me gustaron.
Y gracias por la reflexión acerca de que el arte es el mejor rescate!!

Ununcuadio Uuq dijo...

Ah! Y se me ha olvidado... Con respecto a la espera, hay un diálogo que he recordado de "Solo en casa II", el niño le dice a una señora que tiene miedo a amar por el sufrimiento, que a él le regalaron unos patines preciosos, y como no quería estropearlos no los usó, hasta que un día se decidió y le quedaban pequeños... Es muy sencillito, pero define el nuevo rumbo que he decidido tomar este curso: no puedes estar toda la vida esperando a que "alguien" abstracto haga lo que te gustaría hacer a ti...

Raquel dijo...

De Walter Benjamin a Macaulay Culkin pasando por Trapillo, ¡casi nada!

Es bonito pensar que con el arte vamos forjando nuestra propia vida: aquella escena de aquel libro que vimos en la gran pantalla, la música que sonó sólo una vez...

Hace poco, un amigo, se lamentaba de no ver en la política de manera tan clara como acontece la verdad en ella como lo hace en el arte.
Yo tampoco lo tengo claro. Quizá la verdad en política -en tanto que verdad práctica- consiste en hacerla (con el riesgo de equivocarse, claro).

En ese sentido tienes razón, no podemos esperar. Hay que comprometerse, hace falta que nos decidamos a actuar.

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