El sentido de una vida

Hace días que quiero escribir acerca de varias películas que he visto recientemente: Rebelión en las aulas, A ciegas, La piel que habito... Sin embargo, hoy sólo mencionaré una escena de Pena de muerte (Dead Man Walking, 1995). 

El título es lo suficientemente sugerente como para no tener que explicar demasiado el argumento. La escena que he mencionado y, que me emocionó, es una que tiene lugar cerca del final. Sean Penn, asesino, confiesa entre lágrimas a Susan Sarandon, la monja que le ha estado ayudando durante sus últimos días que nunca le habían llamado "hijo de Dios" y que sólo en ello ha encontrado el sentido de su vida y la fuerza para enfrentarse a su propia muerte.

Cuántas veces lo he escuchado yo en los últimos años, quizá sin caer siempre en la cuenta de la trascendencia que tiene. Quizá por eso hoy lanzo una admiración pública a las personas que orientan su vida según esta realidad.

6 comentarios:

Ununcuadio Uuq dijo...

Te pones tan profunda que cuesta alcanzarte... Muy buena reflexión (¿quién me está cambiando a la Raquel Cascales que yo conocía?)

Raquel dijo...

Hummm, pues no lo sé. Yo tengo la sensación de haber estado siempre en estas profundidades sólo que a veces más acierto que otras.

Pero, quizá, tengas toda la razón y eso explique porque últimamente eres la única que comenta en el blog.

Gracias por estar al alcance.
Un abrazo!

Geles dijo...

Creo que de una manera o de otra, siempre estás en estas profundidades.

Ununcuadio Uuq dijo...

jajajaja
Es que, mientras coincidimos en el mismo sitio solo me invitabas a cervezas, y luego me hice de Blogger y me enlazas a opusdei.org
Sigue así!!!, jajaja

Raquel dijo...

Lo maravilloso de todo esto es que ambas cosas no son incompatibles.

Abrazos!

Ununcuadio Uuq dijo...

Y menos mal!!!!

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