El sentido de una vida

Hace días que quiero escribir acerca de varias películas que he visto recientemente: Rebelión en las aulas, A ciegas, La piel que habito... Sin embargo, hoy sólo mencionaré una escena de Pena de muerte (Dead Man Walking, 1995). 

El título es lo suficientemente sugerente como para no tener que explicar demasiado el argumento. La escena que he mencionado y, que me emocionó, es una que tiene lugar cerca del final. Sean Penn, asesino, confiesa entre lágrimas a Susan Sarandon, la monja que le ha estado ayudando durante sus últimos días que nunca le habían llamado "hijo de Dios" y que sólo en ello ha encontrado el sentido de su vida y la fuerza para enfrentarse a su propia muerte.

Cuántas veces lo he escuchado yo en los últimos años, quizá sin caer siempre en la cuenta de la trascendencia que tiene. Quizá por eso hoy lanzo una admiración pública a las personas que orientan su vida según esta realidad.

La Tabacalera


Espacio de autogestión abierta a todas las propuestas. 

No siempre y en todo se necesita dinero para empezar. O, al menos, eso aquí no es lo más importante. Lo que importa es tener ideas, cuantas más mejor. Y cuando estén todas acumuladas en cientos de montañas de ideas ir destilándolas una a una. Como si del mejor té de Buckingham se tratara. Remezclarlas con el mejor licor. Y cuando ya esté, llamar a los amigos, a cuantos más mejor, también. 

Algunos se creyeron que una acción así era posible y lo llevaron a cabo. Hace un año. En La Tabacalera de Madrid. Una gran convocatoria mundial. ¿Se realizó la utopía? ¿Qué queda de ello hoy? ¿Qué diferencia a un genio de un soñador?

Esto que sigue es una muestra. ¿Ideas?

Los rojos de Matisse, Rothko y Newman

"El camino es largo. No es que baste con abrir los ojos. Si lo hubiéramos podido abrir nada más nacer, tal vez. Es más bien que a uno le tienen que enseñar a abrir los ojos, porque eso es lo más difícil de todo. Abrir los ojos y ver lo que se ve, y nada más que eso. Eso es el ideal de toda filosofía, y no sólo de la fenomenología. Un ideal evidentemente inalcanzable. Inalcanzable también para el arte. Pero al que uno se puede acercar" (Inciarte, Imágenes, palabras y signos. p.164).

La habitación roja - Matisse

Aprender a ver. A ver lo esencial y lo diferente. Aprender a distinguir entre tanta repetición lo irrepetible. Aprender a ver la nada. Con Matisse no se puede. En La habitación roja aunque ya no se distinguen los planos, el mantel y la pared se funden y la ventana nos confunde porque no sabemos si también es cuadro, a pesar de eso vemos la mesa y la fruta y lo que está fuera de la habitación (aunque sólo sea a través de la representación). Lo vemos con perspectiva difusa, sí, pero lo vemos.

Orange-red-orange - Rothko 
En cambio, en los cuadros de Rothko, ¿qué vemos? ¿Qué hay que ver? Aquí vemos menos que antes. Sólo cuadro, sólo pintura, sólo color. Sin embargo, no se puede ver sólo color. En cualquier caso manchas de color en un cuadro. Pero si sólo fuese eso no valdría la pena. Vemos menos que antes, pero todavía vemos algo. Todavía no es pura materia, es decir, nada. Es una pintura que no puede ser nada, porque es mucho más, es puro espíritu. Espíritu matérico si se quiere (que no materializado), pero espíritu al fin y al cabo.

En cambio, en los paneles de Barnett Newman se puede decir que no hay nada (como tampoco había ya en Malevich, pero que por conocido no lo nombro). No es que no haya nada de algo, sino nada de nada. Lo que hay es pura materia. ¿Sí, sólo hay eso? "Si uno se queda como un pazguato con los ojos abiertos sin ver nada por no ver algo en un cuadro (como estos) entonces empieza a ver en aquello otra vez algo, algo que es de por sí, por ejemplo, una mancha roja, y en vez de librarse de la nada cae en ella sin remedio, porque lo que de por sí no es nada se le ha convertido en algo de por sí, por ejemplo en "algo rojo", como si de eso se tratara" (InciarteImágenes, palabras y signos. p.166). 

Si se tratara de ver el rojo no valdría la pena. Si uno se queda en el cuadro se ha quedado en la nada. Lo que hay que hacer es seguir hacia adelante, pero dentro del cuadro (no pasando a otro, claro). Se trata de ver sólo lo que está ahí sin quedarse en lo que meramente está. Lo que está ahí si sólo fuese eso no sería nada. En cambio es algo que está continuamente siendo. “Lo que la  doctrina sobre la creación –y la creación artística– nos dicen, es pues, que no hay pasado, que todo está empezando, porque si pasara al pasado, si fuera ya, si se asentara dejaría de ser. Así, la metafísica y la pintura o el arte auténticamente metafísico” (Inciarte, Imágenes, palabras y signos. p.174). Así la vida misma, by the way.

"Vir heroicus sublimis"

Los libros que yo leo

Los libros además de leerlos hay que releerlos y hacerlos leer. Hay que comentarlos y hay que reescribirlos, aunque sólo sea en la imaginación. Sólo mezclando los leídos con los que se quisieran leer se escriben buenos libros. Cuando escribí sobre los libros que no he leído, que vi en la feria, me dí cuenta que hace tiempo que no digo nada sobre lo que leo. Quizá porque leo menos o porque cada vez empiezo más libros sin acabar ninguno. De entre los acabados destacan dos: en primer lugar, el libro de poemas de Mesanza Entre el muro y el foso. Me guardo todos los poemas que se inscriben bajo "El azul cansado" y trascribo sólo uno, quizá sólo, por menos comprometido:

A veces siento lo que pensaría
si un día me perdiera donde mueren
los sonoros tranvías de San Siro.
Si un día, bajo el blanco sol perdido,
de improviso dejaran de importarme
las cartesianas cruces que me guían:
el claro espacio y el complejo tiempo,
la tiranía del después y el antes
y la balanza de alegría y culpa.


En segundo lugar, destaca el teatro absurdo de Becket: Esperando a Godot. Absurdo porque las conversaciones están trabadas de forma ilógica y las acciones no corresponden a lo que cabe esperar. Absurdo porque lo que uno esperaría encontrar en un libro con eses título es a Godot. Sin embargo, el lector está en la misma situación que los personajes, esperando algo que nunca va a llegar. ¿Y no ocurre eso también en la vida? ¿Y eso no ocurre ahora con la crisis y con los rescates (de los que no hablaré)? ¿Y, no dejamos pasar oportunidades y, todavía peor ¡personas! esperando otras "mejores"? Se pueden y se han hecho muchas lecturas de la espera y de Godot. Algunos concluyen que si no se sabe quién es y no se tiene seguridad de que vaya a venir sólo cabe la desesperanza. No hagamos nada puesto que no hay nada que podamos hacer. Sin embargo, me parece que el mayor absurdo que se pone de relieve es el hecho de quedarse sólo esperando. Como si sólo por esperar tuviera que llegar algo. Sería absurdo quedarse en que la vida es sólo eso.

Por último, me queda mencionar un gran descubrimiento de última hora: Ezra Pound. Hace unas semanas acudí a las Lecciones de poética de la Cátedra Félix Huarte. Dos días en los que los asistentes pudimos disfrutar de la sabiduría delicada de Fernando Guedes. Un ilustrísimo portugues que nos acercó a la vida y la obra de este emblemático poeta de la Lost Generation (me refiero a la "anterior" no la de ahora). Me sorprendió la relación estrecha que tuvo con grandes artistas de la Europa vanguardista. Amigo habitual del grupo de Bloomsbury, pero también de Duchamp y demás dadaistas. Me encantó el juego entre lo mítico, lo histórico, lo novelesco y lo poético de Los Cantos. Una monumental obra que, como buen artista a pesar de haberle dedicado su vida entera, consideró errada. Espero leerla pronto y escribir sobre ella.

Y ya siento no haber escrito sobre lo que todo el mundo habla pero, a veces, el arte es el mejor rescate. 

Los libros de la feria o la feria de las vanidades

Entre la multitud de best-seller y juegos de tronos y de hambres que rezuman los tenderetes de la Feria del libro me sorprende encontrar una gran cantidad de libros ilustrados que cada vez tienen mejor acogida. Por un lado, no fallaban los ya clásicos consagrados en este ¿género?: Persépolis y Maus, y, en menor escala pero galardonado  Arrugas. También una gran novedad: The Beats, una biografía ilustrada que narra el desarrollo de esta interesante generación de artistas norteamericanos. (Muy interesantes las dos biografías que publica Circe sobre Edith Piaf y Frida Kahlo)

Sin embargo no queda la ilustración reservada a un sólo ámbito. En la Feria del libro de Madrid se está vendiendo como rosquillas una nueva edición del Manifiesto comunista. La pequeña editorial Nórdica ha lanzado de nuevo el fantasma europeo con una magnífica ilustración de Fernando Vicente.

Por otro lado, libros de todo tipo y condición. Mucha novela rosa y mucho libro panfletario sobre la crisis. Ya no hace falta que nos contemos más la crisis, sino que la pensemos. Pero pensarla, en serio, tratando de buscar soluciones. Quizá por eso me pareció que merecían la pena los ensayos. Me diréis que Marías y Vila-Matas son novelistas, pero en sus obras hay más pensamiento que en todos los anteriormente citados. Me limitaré a expresar mi interés según el orden de aparición: 

Los enamoramientos (J.Marías)
La civilización del espectáculo (Vargas Llosa)
Anatomía de la influencia (H.Bloom
Aire de Dylan (Vila-Matas)
Tantos tontos tópicos (A.Arteta)
La tercera revolución industrial (Rifkin) 
Food wars (W. Bello).

De amicitia (III)



Se acabaron las clases (otra vez). No todo el mundo tiene la oportunidad de realizar un Máster y mucho menos, lo pienso de veras, a pesar de todo, tan bueno como el que yo he hecho. Sin embargo, si algo te enseña la filosofía no es a valorar teorías sino a personas. Te enseña a pensar, a entrar en diálogo, a crear espacio en tu interior para la verdad. Pero ¿de qué vale una verdad que sabes tú solo? Por tanto, en el fondo te hace caer en la cuenta de la importancia de compartir, de confiar que son las notas esenciales de la amistad.

La amistad es confianza, pero se confía algo muy grande que es la propia intimidad, la vida misma. Alguien se instala y ensancha los límites, te obliga a hacerle espacio y los lleva a la incondicionalidad. La amistad tiene un sabor de eternidad y, al mismo tiempo, los amigos se cuentan con los dedos de una mano. ¡Qué dolor cuando uno de ellos se cierra hacia el centro de la palma en señal de despedida!


Hay muchas razones para despedirse y muchas formas de hacerlo. Hay amigos que se marchan lejos. Se van físicamente, pero sólo eso, se separan territorialmente. Pero el ser humano tiene la capacidad de tener realmente presente objetos muy lejanos. Sin embargo, hay otros que se distancian en el alma. Uno siente como las bocas pueden seguir hablando pero los espíritus no se comunican. Una puerta se ha cerrado en algún sitio, pero no sabes cuál es la correcta para volver a abrirla y dar paso de nuevo a la corriente. Uno de los dedos de los que colgaba ese amigo ha sido cortado, amputado y sólo se tiene la sensación de que antes había algo que ahora ya no está. Se siente la pura ausencia. Se siente el peso como dijo Neruda: "Tengo el corazón pesado/ con tantas cosas que conozco/ es como si llevara piedras desmesuradas en un saco" y añado, sin pretender añadir nada: ¡Qué inmaterial eres alma mía y qué pesada te vuelves a veces!

En las últimas clases del máster vimos como el ser humano puede cambiar el pasado: a través del perdón. Quizá por eso tenga que pedir perdón ahora a los que cerré la puerta de mil maneras, me olvidé decirles que nunca me olvidé. Por otro lado, el sábado, en la Licenciatura de Filosofía Alejandro Llano dijo (aludiendo a los compañeros que se iban): "No hay crisis más aguda que la separación personal. Algo se muere en el alma cuando un amigo se va y eso sois vosotros para mí".¡Qué maravilla y qué responsabilidad que alguien te considere "amigo"! Un verdadero amigo se va, pero siempre se queda. Un amigo siempre te hace la carga más ligera. Y por ello también cabe dar gracias.

Fotogramas del documental "Pina"

Lugares en pérdida (II)

Aunque la oscuridad permita conocer la luz, no cabría pasar por alto aquello que nos permite conocer la luz. Por eso me gustaría relatar algunas de mis percepciones y resaltar algunos de los artistas que más llamaron mi atención de la exposición Lugares en pérdida. 


Peter Greenaway, el polémico cineasta, llamaba la atención del público al declarar que "el cine ha muerto", razón por la cual apostaba por el videoarte con el fin de "deconstruir la idea de pantalla única". Sin embargo, ¿en qué consiste el videoarte? Hace unos días cuando me sentaba frente a la pantalla para visualizar la proyección de Komarov "On Transparency / Architecture acoustique" me lo planteaba. En realidad pensaba que lo principal es no esperar nada y, sobre todo, no esperar un desenlace ni final. Se trata más bien de una ventana abierta a un paisaje que alguien ha querido mirar. Lo curioso es que lo es a través de su mirada, pero eso quizá nos educa la mirada.

A este respecto también me pareció especialmente bueno el trabajo de Mireya Masó con su doble proyección  "A to Z rivers" en la que mostraba la artificialidad con que construimos la idea de naturaleza. Y sus "Cuadernos de campo" en la Antártida donde mostraba la peculiar relación entre la naturaleza más pura y la técnica más "negra".

En otro orden también cabría destacar a otros artistas como Ignasi Aballí quien con su serie "Listados", recopilación de listados de conceptos aparecidos en la prensa diaria,  no trata de representar el mundo sino de hacerlo "aparecer", hacer que surja descrito desde un lugar ladeado. La alternancia y repetición sistemática consiguen mostrar la banalización de la información.

"Vulnerabilia" de J. Hernández
Por último destacar al mexicano Jonathan Hernández quien con sus collages sencillos e irónicos consigue impactar en el espectador y hacerle reflexionar. "Vulnerabilia" (2004) consiste en un ensayo visual a través de imágenes extraídas de la prensa. Una serie de cuadros donde se alternan y confunden noticias sobre historia política y humana con acontecimientos históricos de gran envergadura. De esta manera se nivelan los micro y macro sucesos en un vórtice que parece no tener fin.

Tengo que reconocer la parcialidad de esta "crónica" que se ha decantado por la coherencia interna más que por la variedad de la exposición. Sin embargo, aunque el resto de la exposición me pareció buena, cargaba sobre sí demasiadas connotaciones "políticas". La línea entre la invitación a la reflexión y la crítica a veces es difícil de distinguir. En los tiempos que vivimos la mera crítica ha dejado de tener la fuerza que antes podría tener. Hay que pensar no sólo en los problemas sino en las posibles soluciones.
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