Entender de arte

In media res: un pincel
amenaza con pintar
el borde del papel.

Monet pintando en el estudio flotante, de Manet (1874).
Una vez en clase alguien preguntó a la profesora qué era el arte y si podía dar una definición. Ella, en el límite que se mantiene entre la tristeza y la furia nos avisó a todos de que no conseguiríamos entender nada de arte de esa manera. El acercamiento debe ser personal, progresivo. Empezar por lo que menos miedo nos dé o por lo que más atraiga. Un día se establece un pequeño diálogo con la hoja en blanco, surgen ideas, palabras que conforman una historia y te das cuenta de lo que cuesta superar las tres páginas de escritura. Y entonces coges En busca del tiempo perdido de Proust, del que sólo el primer volumen de los siete llega a las 500 páginas, y sientes la grandeza de la literatura entre tus manos y honras al autor. 

De manera muy parecida ocurre con la pintura. Mi padre es un gran dibujante, excelente trazo de arquitecto y soltura de artista que no teme enfrentarse a nuevos materiales. Desde pequeña me sentaba a pintar con él, iba a clases de dibujo o destrozaba sus acuarelas. Lo cierto es que nunca se me terminó de dar bien y se quedó en el recuerdo de los veranos de "juventud". Sin embargo, desde hace un año, desde que pintamos aquel famoso cuadro del que tanto hablo Philosophy painting, se me ha vuelto a despertar esa vena artística. Y así en estos días de tranquilidad me decidí a estrenar la caja de óleos que me trajeron los reyes (los magos, claro, los otro bastante tienen). No es fácil encontrar el lugar y el momento, no es fácil proponerse dedicar de manera incondicional una mañana a tal tarea.
Van Gogh pintando los girasoles, de Gauguin (1888).

Tampoco lo es elegir qué se va a pintar, qué colores se utilizarán, cómo es la técnica y la reglas, cómo se pueden saltar sin que termine de quedar mal. Y comienzas a pintar, con miedo, como si en algún momento el papel especial se fuera a quejar. Y cuando vuelves a las horas los colores ya no están como los habías dejado y miras la obra como a un niño que acaba de hacer algo mal y te vuelves a sentar para vivificar los tonos. A la tercera vuelta ya te crees que eres Van Gogh y empiezas a soltar pintura y a querer hacer florituras. Que se note del material del que está hecho, que tenga volumen, que se junte el cielo con el mar y que las nubes cambien de color...

El cuadro termina siendo un horror, pero por suerte no era ningún encargo papal ni ministerial y esas horas han servido para entender desde lejos al artista y poder apreciar un poco más de cerca una técnica. Y lo que me parece más alucinante de todo: salir a pasear y fijarse en el cielo que atardece y quedarse fijamente mirando como si fuera el mejor de los cuadros y al que normalmente no prestamos atención. La tarea artística ayuda a entender el arte, pero también empuja a la contemplación de la naturaleza. Y viceversa. Al mirar el paisaje aprecias mejor la genialidad de esos artistas que han sabido capturar tanta grandeza. O eso creo que he aprendido.

4 comentarios:

Ununcuadio Uuq dijo...

Muy buena respuesta de tu profesora. Quizá mi mayor error sea querer analizarlo todo como si todo fuera ciencia... Y es que hay cosas indefinibles, en las que (como pusiste en mi blog)hay que acudir a la metáfora: para definir la poesía podemos citar a Bécquer, quizá para la locura nos sirva don Quijote, y para el arte... Aprender a contemplar, aprender a interpretar: aprender, siempre aprender.
Y quizá la nauraleza (puede que diga una herejía) sea el aprendizaje de Dios: a través de la evolución fue ensayando un mundo cada vez más bello, fue creando animales cada vez más perfectos por la dichosa teoría de la selección natural, hasta que dijo: Ya es suficiente, Naturaleza con lo que te di has hecho lo máximo q podías hacer. Ahora intervengo yo: y sopló sobre la materia insuflando el alma humana en un cuerpo humano. Y dejó en manos del hombre que la Naturaleza llegara a buen término, con el arte, con la ciencia, con la filosofía, con "su hacer". Aunque no pudo resistirse cuando, con perdón, la cagamos... Y decidió volver a intervenir cuando el hombre había hecho lo máximo que podía hacer. Y Dios se encarnó, se hizo Historia...
(¿Se me ha ido mucho la olla? Me temo que sí...) :S

Ununcuadio Uuq dijo...

"El arte y la fe tienen en común lo inefable y lo indescriptible", del artista Antonio Ballesta

Raquel dijo...

Creo que la metáfora de la creación sirve hasta cierto punto. Sirve mientras nos valga para entender el arte, pero suele llevarnos a entender mal la creación de Dios. Sea como fuere -que vete a saber cómo fue- estoy muy de acuerdo en que hay que aprender a contemplar, puesto que quizá es lo único que podamos hacer para acercarnos a lo inefable.

Gracias por tan buen comentario!

Ununcuadio Uuq dijo...

No sé. Dios crea de la nada. El hombre crea por imitación: ya sea positiva o negativa. Quiero decir que se puede romper con la corriente artística anterior pero eso es solo otra manera de imitar: llevar la contraria.

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