Arte accidental y, accidentalmente, otras artes


Marzo ha sido un mes cargado de arte. Además de Kalon y las reflexiones que allí se hicieron, he podido visitar dos exposiciones que me han dado mucho que pensar. La primer fue a principios de mes en la Ciudadela de Pamplona: "Arte accidental". 

Esta exposición, comisariada por los artistas Joaquín Resano, Txomin Capellán y Basurde, contiene aproximadamente 45 piezas que simbolizan la proyección de nuestro universo simbólico y estético en objetos encontrados, ya sean naturales o manufacturados con fines prácticos. ¿Quién no tiene una piedra, una botella vacía, un fósil o cualquier otro objeto encontrado como parte de la decoración de su casa? Al igual que las cajas de brillo de Warhol estas piezas nos hacen reflexionar sobre la posición mercantilista y desorbitada que mantiene en la actualidad el mundo del arte y nos animan a liberar al artista que todos llevamos dentro.

Este Arte Accidental trasciende el concepto de autoría y convierte en artista a cualquier persona capaz de encontrar la belleza en el mundo que le rodea. Un claro ejemplo de la concepción artística de nuestra época. En ella se muestra de manera patente la muerte del autor (puesto que no hay ninguno y, al mismo tiempo, podemos serlo todos), la necesidad del espectador para interpretar la obra, el rechazo de la industria y la reivindicación de la estética en la vida cotidiana.

Por otro lado, pude asistir al último encuentro previsto por el Centro de Arte Contemporáneo de Huarte con la artista Mireya Larumbe que exponía en esos momentos allí. Aunque hubo otras autoras que me gustaron más, y aprovechando que ya han hablado otros de ellas, me limitaré a narrar este encuentro. Creo que debo comenzar alabando el papel de la artista como diseñadora. Sus diseños son sugerentes y dinámicos y pueden tener buen resultado en el mundo de la animación como parece que está tratando de hacer.

Hasta aquí bien. El problema fue cuando comenzó a hablar de su obra. Parecía un recuento deslavazado, un intento fallido de encontrar la unidad de las obras que estaban allí presentes. Aunque es injusto sacar frases del contexto no puedo dejar de traer aquí algunas de ellas (por lo que me impactaron y me han dado que pensar). Por un lado, remarcó varias veces que no sabía porqué hacía lo que hacía, su obra respondía al impulso del sentimiento que le llevaba a crear. Sin embargo, también afirmó: "No me produce ningún tipo de placer crear, lo hago porque no puedo no hacerlo". Entiendo y comparto el impulso romántico-poético que mueve a la creación. Respeto incluso el humus de sentimentalismo que se creó en aquella sala. Pero, en este caso, las obras no hablaban por sí sola y las (escasas) explicaciones que dio su autora no fueron suficientes para otorgarles más peso.


Me queda hablar de la velada literario musical con Mora Fandos y del Foro de Coleccionismo (al que dedicaré otra entrada). En realidad me parece que lo interesante es remitir al mismo poeta-saxofonista-ensayista que cuenta la experiencia en su blog: Mil lecturas, una vida.

Sin embargo, no quería dejar de hablar aquí de una idea que salió en el tertulia que tuvimos por la mañana y que viene al caso: todos somos escritores. Es más, si nos quitamos de la cabeza que escribir es publicar y nos tomamos en serio lo que puede aportarnos el hecho de escribir aprenderemos mucho de nosotros mismos.

Este es uno de los objetivos de los talleres de "escritura personal" que organiza este autor: narrar lo que nos ocurre cotidianamente, es decir, narrarnos. Por otro lado, estuvo la velada literario musical. En ella pudimos disfrutar de poemas breves, que nos retrotrajeron a los mejores recitales de poesía de principios de siglo. A su vez, el acompañamiento musical fue magnífico. Guitarra, saxofón y guitarra con los ritmos más contemporáneos. Aunque fue una gozada, se me hizo muy breve. Aunque si bueno y breve, dos veces bueno. A ver si hay una tercera:

De amicitia

Los malos momentos ponen de manifiesto los verdaderos amigos. Y es verdad: cuando falleció mi madre los que me hicieron reír, los que aguantaron mis lágrimas, los que se recorrieron kilómetros por un simple abrazo... fueron mis amigos. A un amigo nunca se le está suficientemente agradecido y creo que es bueno que sea así. 


Sin embargo, también está bien notar a lo amigos en los buenos momentos. Pienso ahora en el montaje y recorrido de Kalon. No habría sido posible si una profesora amiga no nos hubiera impulsado. Por supuesto no se habría hecho nada sin mi equipo. Pero tampoco sin las pequeñas ayudas de grandes amigos: la que nos ayudó con los carteles y flayers que aparecieron en el último momento, la que se dedicó a empapelar la universidad con los horarios, el sms de aquel amigo diciendo que se encargaba del café con pastas...

Sólo en un clima de confianza y rodeados de amigos se puede hablar con libertad, puede hacer su aparición la filosofía. Quizá haya sido ese el "secreto" del "éxito" de Kalon. Un secreto que no me importa desvelar porque no hay ningún riesgo. Un éxito que envidiarán los economistas porque no es posible copiar.

Kalon: la necesidad de lo inútil

Ayer tuvo lugar el primer workshop organizado por Filosofía joven. Desde el primer día nuestro grupo ha tenido un objetivo claro: crear espacios de diálogo donde, sobre todo, los jóvenes podamos pensar y escucharnos unos a otros. Hasta ahora había sido en Internet: primero, en Facebook, con éxito; a partir de este año en nuestra propia página web, que progresa adecuadamente. Pero ayer, por primera vez, dejamos las pantallas a un lado.

Frente a la racionalización, el cientificismo, la burocratización y la superficialidad: "Kalon: la necesidad de lo inútil". Este el marco, la invitación a reflexionar y dialogar acerca de lo inútil durante una mañana sin otro fin que ese. Nos parecía importante poner de manifiesto que el sistema en que estamos viviendo ha perdido de vista temas importantes de la existencia humana, la vida misma. Inmersos en una maquinaria que se acelera exponencialmente no tenemos tiempo que perder. Cada vez vamos más rápido, pero ¿hacia dónde? ¿Para qué y para quién? No tenemos tiempo que perder, pero al final tampoco tenemos tiempo que invertir en lo verdaderamente importante: las personas.

Cada generación deba buscar las soluciones adecuadas a su época. Los tiempos que vivimos parecen haber puesto de manifiesto que la manera unilateral de entender el mundo ha entrado en colapso. ¿No resulta frecuente escuchar hoy en día que vivimos un momento histórico que necesita un nuevo sistema? Pero, ¿cómo debe ser? Es necesario otro modo de pensar, para dar nuevas respuestas y, así, poder configurar la sociedad desde otros parámetros. Ahora es necesario pensar si aquello que considerado como inútil puede aportarnos algo, puede ayudarnos a recuperar el tesoro perdido.


Propusimos la reflexión acerca del arte contemporáneo porque consideramos que a través del absurdo, se mantiene en pie como una crítica a la tardo-modernidad que, en pro de lo útil, ha desterrado lo en sí mismo valioso, lo que los griegos llamarían ‘Kalon’. ¿Qué papel juega la belleza en la creación de ese nuevo modelo social? ¿Cuál debe ser la función del arte cuando la sociedad pierde sus referentes, cuando todo fluye? ¿Qué podemos aprender de las corrientes artísticas de las últimas décadas: surrealismo, performance, pero, sobre todo y especialmente fluxus? El arte contemporáneo, es quizá, hoy en día, uno de los espacios en los que se puede encontrar más reflexión. Tanto por parte de los artistas como de los espectadores. Incluso cuando se concluye que no dice nada, aludiendo a Inciarte, nos dice algo. Algo de la nada. De algo tan serio como la muerte, que es aquello que otorga más seriedad a la vida.

Sin embargo, no es todo lo que fue esa mañana. Hubo ponencias y reflexión acerca de la belleza, del arte, pero también de la libertad, de la política, de la ciencia o de la literatura. Los asistentes participaron activamente e hicieron todavía más interesante el workshop con sus preguntas. El clima fue distendido, de amistad. Quizá por eso supuso una verdadera renovación filosófica. Por extraño que pueda parecer la gente salía agradecida porque hacía tiempo que no sentían tanta satisfacción por pensar. Creo que eso sí que es la mayor satisfacción que nos llevamos los organizadores. Gracias. Gracias. Gracias.

The Fantastic Flying Books

"La clave de lectura de los Oscars está en no darle mayor importancia de la que tienen como lucimiento de una industria". María Noguera, prof. de Historia del Cine y Crítica cinematográfica.

Por ello no hay que enfadarse porque El árbol de la vida no se llevara ninguna estatuilla. No es que yo le tenga especial aprecio porque Malick haya estudiado Filosofía, sino porque me parece una película realmente buena. Es desde su estreno una película de culto, de esas que se queda medio a escondidas para ver, que sólo comentas con quien sabes te va a entender. Bien por The Artist que, a su modo, también ha sabido cambiar de aires y mostrar que hay que atreverse con la originalidad aunque sea con toques vintage. Bien por Margaret Thatcher, a pesar de que parece haberse quedado corta (no la interpretación de Meryl Streep, sino la elección de los hechos que se narran y de los personajes históricos que intervienen). Les pudo el pudor.

No nos van a faltar buenas películas para este año y eso siempre es de agradecer. Destaca por encima de todo Fausto de Sokurov que ya ha triunfado en Venecia donde obtuvo el León de oro. Yo me muero por verla. Mientras esperamos os dejo lo que para mí fue lo mejor de los Oscars, la obra de arte de Morris Lessmore que se alzó como el mejor cortometraje de animación. Es una auténtica maravilla, una oda a la literatura y una muestra de lo que el cine puede llegar a hacer. 

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