Morir-se

Dicen que nunca le pasa a uno... que siempre son los otros los que se mueren.

Pero no es así:

Se muere más de una vez en la vida.

La piedad del siglo XXI

Así ha sido denominada la fotografía ganadora del prestigioso premio World Press Photo 2012. El autor de la obra es el español Samuel Aranda.


A mí, particularmente me encanta. La instantánea fue tomada en Yemen, pero estoy de acuerdo con el jurado cuando afirma que “la escena resume lo ocurrido durante la Primavera Árabe no solo en Yemen sino también en Túnez, Libia, Egipto y Siria. Pero tiene además el lado íntimo del drama vivido”.

El patetismo de la imagen se ve aumentado por el recuerdo de La Piedad de Miguel Ángel. Creo que esto es lo que ha supuesto más escándalo. Sin embargo, ¿por qué no pensar que más que intento de "suplantación" lo que se pretende es un remake? En la fotografía no hay representación de nada divino, aunque pudiera parecerlo por el burka. Lo que se da es una mostración de algo trascendente. La muerte de este hombre y el sufrimiento de la mujer, la madre, que lo acoge y, así, asume el dolor y sacrificio que se da continuamente en la historia y que están presentes en la escultura de Buonarotti.

Por tanto, resume un momento concreto de la historia: la Primavera Árabe, pero su valor está en lo que no muestra directamente. También ha habido otras fotografías premiadas muy interesantes. Escojo dos:

Retrato de fundador de Korea del Norte, Kim Il-Sung, que decora un edificio de la capital Pyongyang
Saltadores de trampolín participan en los campeonatos mundiales celebrados en Shangai

Más acá, lejos del horizonte

Es curioso leer un texto que uno escribió hace ciertos años. Ocurre lo mismo que cuando uno escucha su voz grabada: nunca lo reconocería como suya. Suena a su estilo, su entonación concuerda, pero resulta tan extraña que no puede ser la de una. 


Hace ya casi cinco años cayó en mis manos El taller de la filosofía. Un ensayo de ese primer capítulo fue lo primero serio que escribí en filosofía. He dicho serio, pero quería decir en serio. Es decir, la que se tomaba en serio la escritura por primera vez era yo. Lo que decía en esos primeros ensayos estaba lejos de lo que la seriedad académica requería entonces y requiere hoy. Me releo y me recuerdo leyéndolo a mis compañeros de primer curso. Me miro con nostalgia y me sonrío; no puedo evitar que me haga gracia la ingenuidad intelectual de la que gozaba en aquellos momentos. Una simplicidad que esperaba encontrar con cierta rapidez la verdad. Asumía, es más, apoyaba el esfuerzo que llevaría aquella empresa, pero no dudaba de que los pasos alcanzarían el final. 


El horizonte del filósofo, así se titulaba mi primer ensayo nubiolesco. Lo cual quiere decir un ensayo sincero, honesto y cargado de vida. Hablaba de horizonte porque, concluía el texto, “una vez se ha emprendido el camino filosófico es imposible dar media vuelta. Se trata de un camino placentero acompañado por la lectura y la escritura, por la conversación y la imaginación, por la preocupación y la felicidad hasta llegar más lejos de lo que ahora vemos como horizonte.” 

¡Qué distinto resulta ese sueño con el matiz del tiempo! ¿Será la desconfianza postmoderna que ha hecho mella en mí? Desde luego, pero también he de reconocer la parte de espíritu ilustrado que escondo y que desearía encontrar certezas firmes y seguras sobre las que apoyar el conocimiento y, por qué no, la vida. Quizá se podría esgrimir que lo que ha ocurrido se llama proceso de madurez filosófica, reflexión argumentativa o adquisición lógico-ontológica de los conceptos trascendentales que todo intelectual debe adquirir si quiere ganarse ese título. Signifique eso lo que signifique. 

No sé hasta qué punto podrían considerarse estas palabras como un alegato de defensa. Me atrevería a decir que es proporcional lo que he mis escritos han ganado de seriedad académica con lo que han perdido de expresión vital. Esto no es ni bueno ni malo, sino adaptación al medio y público para el que se escriben. Con lo cual podría argüir que antes escribía para que me entendieran y ahora escribo para que entiendan lo que quiero decir. (La cuestión estaría en ver si en medio de todo esto hay algo que entender.) En aquel ensayo imberbe recogía las palabras de El taller de la filosofía: “Las reglas [de escritura] son simples, decir lo que pensamos con espontaneidad, pensar lo que vivimos a través de la reflexión y vivir lo que decimos con el corazón”. Ahora caigo en la cuenta de que fueron la inspiración del lema que ha presidido este blog durante años. En el muro informático del perfil podía leerse: “Estudio Filosofía, por lo que trato de decir lo que pienso, pensar lo que vivo y vivir de lo que amo”. 

Valga pues este ensayo como un recordatorio del origen del amor filosófico, de los motivos que me llevaron a embarcarme en este viaje. Recordar, sobre todo, que se trata de una travesía gozosa de por sí. Ya no concluyo con el deseo de sobrepasar ningún horizonte en el que pareciera esconderse algún tesoro que guarde "la verdad", "la felicidad". Dice la sabiduría popular que rectificar es de sabios. Y si de amor a la sabiduría he ganado algo en estos años ahora tengo que rectificar. Tampoco me atrevo a realizar grandes afirmaciones, pero creo que ese tesoro no cabe encontrarlo más allá, anclado en un después, sino más acá. Lo complicado está en encontrarlo en el más acá de cada instante. 

Puede que se trate de caer en la cuenta de que lejos de las exigencias burocráticas de un sistema agotador y desesperanzador, lo importante es gozar del dulce vaivén del barco. Es bastante probable que ayude hacerse con buenos compañeros que hagan amable el camino. Quizá, quién sabe, se trate de entender que de cómo vivamos el viaje dependerá el puerto al que nos toca llegar.

CMYK o la primera piedra

El museo unav comienza a dar sus primeras piedras. "Yo estuve allí para verlo". No sólo para verlo, sino para participar activamente en él. Si en la primera intervención que hicimos se trataba de revolucionar las calles de Pamplona, en ésta de lo que se trataba era de intervenir en las vallas de construcción del museo. La intervención nace del proyecto de Rafael Munárriz: "CMYK"

Se trata de un proyecto artístico que propone una campaña publicitaria sin información. Como puede leerse en su página web: "Dicho proyecto surge como respuesta complementaria a la información publicitaria recibida. Sintetizando éste modelo la campaña publicitaria que propongo consiste en la exposición de carteles impresos en uno solo de estos cuatro colores (Cyan, Magenta, Yellow, Key/Black), quedando como resultado una campaña publicitaria sin información consistente en un análisis de la cuatricromía y de la publicidad en sí."


Este joven artista junto con Fernando Pagola ha rediseñado el anterior proyecto adaptándolo a un acto como era el de la colocación de la primera piedra. Lo que se ha previsto es que durante los dos años de construcción todo aquel que pasara cerca de las vallas del museo pudiera participar en la obra pegando uno de los carteles. Por algún lado había que empezar y ahí es donde entramos los alumnos presentes. A penas nos conocíamos entre nosotros, pero en seguida se estableció una comunicación que tuvo muy buenos resultados. Cuando acaben las obras lo que se verá es un caos de color impreso en las vallas que, tras su retirada, pasarán a la colección permanente del museo. ¡Gracias por darnos la oportunidad de participar!



La poesía está de luto: W. Szymborska

Yo tenía que trabajar esta mañana, pero estoy de luto.
Llora la poesía por la muerte de la poeta polaca Wislawa Szymborska

Collage realizado por Szymborska en 1975
Sus poemas llegaron a mis manos de  rebote de otra compañera. "Poesía metafísica, te gustará" me dijo. Eso era cuando todavía estábamos entusiasmados con la metafísica. Quizá nos salvara la poesía, quizá me salvara su poesía. El último libro de poemas que compré fue el suyo: "Dos puntos". No es tan difícil escribir poesía, pensé. Es lo que tienen los genios... que hacen fácil lo difícil. Ahora, punto y final a una vida. Punto y seguido para la poesía.


Las tres palabras más extrañas

Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado.
Cuando pronuncio la palabra Silencio,
lo destruyo.
Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.

Ingenuidad bella, pero ingenuidad

Gombrich dice que no hay arte sino artistas. Heidegger establece un triángulo de tres nociones indisociables: obra-arte-artista. Lo cortés no quita lo valiente y no hay porqué elegir, a mí me sirven las dos para acercarme al arte. Pero sobre a los artistas como Antonio López. Ahora no hay nadie en España que no le conozca o no sepa de sus cuadros. Sin embargo, lo mejor es escucharle a él hablar de ellos. Nada de aproximaciones ingenuas. 

Foto de Ingrid Ribas durante la conferencia
Cuando le presentaron hace unos días en la unav como un artista que pinta la belleza, él respondió que la belleza está en la vida. (No sé si lo he escrito ya alguna vez, pero la prof. María Antonia Labrada siempre afirma que para entender el arte hay que intentar ver arte en todo lo que nos rodea.) Continuaba diciendo que en el arte hay que especificar de qué queremos hablar cuando utilizamos esa palabra tan grande -belleza- puesto que a partir de la modernidad los artistas buscan reflejar otras facetas de la vida como lo feo, lo sublime, el horror, etc. Todo acercamiento ingenuo al arte es una ingenuidad. 

Foto de Ingrid Ribas durante la conferencia

Paperblog : Los mejores artículos de los blogs