Lo mejor del cine 2012

Durante este año he hablado mucho de los libros que leía y las exposiciones que visitaba, pero apenas nada de las películas que he ido viendo. Quizá, ahora que acaba el año es buen momento de hacer examen. Advertencia: los comentarios están sesgados según lo visto, no responden a un intento de hacer ningún ranking oficial (como si estos no tuvieran también sus sesgos... by the way).

A lo que a sus inicios (a los del cine) se refiere me quedo con La invención de Hugo antes que con The Artist. Aunque en ambas falta la guinda del pastel, la primera goza de una excelente dirección (M. Scorsese), un fuerte trasfondo literario, buenos planos y brillante fotografía, lo cual la convierte un verdadero deleite visual. Aunque, en mi opinión, lo mejor para saber de historia del cine es ver algún clásico. A este respecto recomiendo Candilejas, la última (y biográfica) de Chaplin.

Otra película que me impactó mucho fue la dramática historia de amor: Amour, ganadora del mejor director en el último festival de Cannes. Como siempre, Haneke, invita a reflexionar al espectador sobre el porqué se sienta a ver una película, y le lleva al extremo (en la mayoría de los casos) de sentir cierto rechazo por estar viendo lo que está viendo. Conseguir esto en una época de bulimia audiovisual me parece ya un gran logro. 

En cualquier caso, creo que lo mejor que he visto este año ha sido Maktub. El guión me pareció genial, con una combinación fantástica de drama y humor que tanto me gusta descubrir en las producciones españolas. Habrá que seguir la estela a su director y guionista incipiente: Paco Aranga

Pero, en realidad, los estrenos que tengo ganas de ver y ya formarán parte del elenco del 2013 son: FaustoBlancanieves (la española), Los miserables y El Hobbit. Aunque tengo que reconocer que, aunque no se trate de cine, lo mejor que he visto durante este curso ha sido Once upon a time


Sobras navideñas

Sobras navideñas:

Íbamos dando tumbos
en busca de la verdad.
(Y, quizá, de más cosas). 

Pero, bajo la estrella
se apagaron todas nuestras luces.

Ante la Palabra
sobraron hasta nuestros silencios. 



Habladurías navideñas

Heidegger habla de ellas en el parágrafo 35 de Ser y Tiempo. Las habladurías tienen que ver con la existencia inauténtica. La inautenticidad (y con ella las habladurías) tiene que ver con hacer lo que hace todo el mundo, con pensar como "se" piensa en general, con hablar de lo que está en boca de todos. "Se" repiten los mismos tópicos una y otra vez. La inautenticidad tiene que ver con no salirse de la masa, sin ser demasiado uno mismo, adoptando la postura del "se" impersonal. Las habladurías son los temas "candentes" de la actualidad que muchas veces nos dificultan ver cuáles son los temas importantes de la realidad. "Se" establece un tema y se repiten hasta la saciedad los mismos tópicos. Y no se cuestionan, no se ponen en duda, no cabe pensamiento crítico. 

"Constituyen (las habladurías) la forma de ser del comprender e interpretar del ser-ahí cotidiano. (...) En las habladurías el 'uno' traza por adelantado el encontrarse (siendo ya en una situación) determina lo que se ve y cómo se ve". 

Habladurías (o escribidurías, que también abundan) sobre cualquier tema, porque de algo tenemos que hablar. Ahora les toca a la mula y el buey, qué le vamos a hacer. Y basta ver un belén para fijarnos en la ortodoxia o heterodoxia del pesebre. ¿Quién iba a pensar que tanta gente atendiera a las palabras de un Papa? - "Oye que el Papa en realidad no ha dicho que se quiten", responderán los ortodoxos. -"Esto le pasa por escribirlo en un libro y no en twitter que es lo que la gente lee", replicarán los modernos. De acuerdo, pero en el momento que "se" convierte en habladuría lo que dijo se convierte en lo que "se" dice. No es que no importen las palabras, no es que no importen porque Belén no es más que una metáfora como apunta mi querido Trapiello, sino porque ya está todo dicho y sólo cabe repetirlo. 


Qué difícil, de todas formas, salir de esa inautenticidad, de esa relación impersonal con el mundo, con nosotros mismos. Supongo que por eso el Verbo se hizo carne, para mostrar quién tiene la última palabra. 

El conocimiento (del) místico


En una noche oscura
con ansias en amores inflamada
¡Oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada
.

Perro semihundido (1821-1823).
Goya
Los desayunos, desayunos son, pero con lo poco que son dan para mucho. El de hoy ha sido un homenaje a san Juan de la Cruz (1542-1591) y me ha permitido recordar su influencia en autores españoles como Unamuno o María Zambrano. También me acordé del reto que supone el conocimiento místico ya que éste prescinde de las imágenes, con las que funcionamos normalmente al conceptualizar. 

Se puede prescindir hasta de aquello que parece más necesario, sólo hay que contar con factores que no están a la mano. San Juan de la Cruz, en Subida al Monte Carmelo, menciona que la primera noche oscura es "la privación y la purgación de todos sus apetitos sensuales acerca de todas las cosas exteriores del mundo". 

Hay más noches. Hay tantas noches oscuras como noches. Noches sin luz, pero con ojos. El ojo también ve sin luz. Algunas cosas sólo es posible verlas en la oscuridad, como las estrellas. Visión no sensible. Unión que prescinde de conocimiento y se sirve sólo del amor. Conocimiento que prescinde de teorías, las arroja como maderas al mar. Troncos a los que se agarran tantos intelectuales, pero que no sirven para mantenerse a flote. Amor que prescinde de sí mismo, que se hunde, para amar. 

De amicitia (IV)


Lewis, en Los cuatro amores (1960), se queja de que en nuestra época poca gente escriba, hable, piense acerca de la amistad. Apunta que en otras épocas era considerada un requisito imprescindible para la felicidad. De ahí que fuera alabada y exaltada por Cicerón en De amicitia o por Aristóteles en la Ética a Nicómaco. Respecto de esta última obra alguien me hacia notar que allí se habla de la amistad como una virtud, es decir, un hábito en el que se puede avanzar sin miedo a llegar al límite y que nos perfecciona cuanto más profundicemos.

Y, sin embargo, ahora, podíamos continuar con Lewis, se banaliza la amistad y se exalta -de manera no poco ingenua- el eros, siendo difícil descubrir la caridad. ¿Es así? ¿Qué es la amistad? De momento dejo dos de sus frases para tener por dónde empezar a dar vueltas:

"La amistad saca al hombre del colectivo 'todos juntos' con tanta fuerza como puede hacerlo la soledad y aún más peligrosamente porque los saca de dos en dos o de tres en tres".

"La verdadera amistad es el menos celoso de los amores. Dos amigos se sienten felices cuando se les une un tercero, y tres cuando se les une un cuarto, siempre que el recién llegado esté cualificado para ser un verdadero amigo. Pueden entonces decir, como dicen las ánimas benditas en el Dante, «Aquí llega uno que aumentará nuestro amor»; por- que en este amor «compartir no es quitar»".

Los espejismos del saber




Filosofía joven vuelve a convocar "Kalon". En el primer congreso de Filosofía Joven Kalon: la necesidad de lo inútil, propusimos partir de la reflexión sobre la belleza para descubrir todo aquello que puede ser considerado en sí mismo valioso y en qué consiste ese valor para los seres humanos. Queremos seguir profundizando en ello, esta vez a través de la ciencia.

La ciencia, unida a la técnica, nos ha traído bienestar y calidad de vida. Sin embargo, su progreso es dudoso, en cuanto su avance se lleva a cabo sin reflexión sobre sí mismo. Esto se ha dado especialmente en las ciencias experimentales, llevando a otras ciencias como las históricas, las sociológicas o la filología al afán de una utilidad práctica. ¿A qué han renunciado para ser una ciencia más?, ¿qué han ganado? Del mismo modo, los saberes no científicos, como de forma paradigmática el arte, quedan relegados al campo de la ociosidad, de lo inútil, del sin-sentido. Sin embargo, ¿qué hay de científico en el arte y de creativo en la ciencia?

Desde la filosofía, origen de las ciencias, cabe cuestionar esta situación en la que nos encontramos. ¿Es posible hacer filosofía o cualquier otra cosa sin “saber de ciencia”? ¿Qué aportan los descubrimientos científicos a la práctica filosófica?

La reflexión sobre qué es la ciencia y su lugar en el elenco de los saberes es sólo un primer paso. Cabría preguntar sobre el método científico y sobre su legitimidad. Y, dando un paso más, sobre la forma en que la ciencia cambia el mundo y nuestra manera de entenderlo.

En definitiva se trata de profundizar en la imbricación y compleja relación entre todos ellos. De hacerlo menos sólido, más humano. De mostrar que la separación entre saberes que se ha infiltrado en la cosmovisión de las últimas décadas es ilusoria. ¿Es posible fluxificar la ciencia?

Filosofía joven convoca a todos los estudiantes, profesores y simpatizantes de la filosofía y de la ciencia a participar activamente en este encuentro el 2 de febrero del 2013 para dialogar juntos sobre todas estas cuestiones.

Para saber más o inscribirse: http://forofilosofiajoven.com/index.php/cfp

Locus amoenus


Durante unos días he podido contemplar la naturaleza, de nuevo, con paz. Parar y ver qué es lo importante, qué es lo que me dice lo que me rodea cuando me mira. 

He vuelto a ver cómo los árboles abren sus finas ramas y las elevan en un cántico al cielo. No importa la frondosidad o raquitidad del árbol, si es roble o abedul, no importa que la danza del olivo sea más insinuante que la de la encina, porque todos danzan con el rumor del viento y dejan que sea éste el que silbe entre sus hojas y les arrebate descaradamente los frutos de sus entrañas. Sus hojas no sólo bailan, sino que cantan, cada una con su voz. Cantan agarradas a sus ramas, mientras que sólo gimen cuando se arrastran sobre el pavimento humano. 

He corrido por las montañas que se conforman con la lluvia y, no sólo eso, sino que la soporta y sostiene cuando el agua derramada quiere ponerse dura y fría. Le permite ese temperamento porque sabe que con él se está gestando en un mutismo absoluto la primavera. Lo veo en la tierra en su incansable entrega, en su dejarse romper en mil pedazos que dan vida. No hay nada más sorprendente que encontrar una seta y, de pronto, a su alrededor cientos. Uno puede andar con tranquilidad hasta que las descubre, entonces el miedo a pisar alguna vuelve los pies precisos y amables. Cientos de pequeños mundos esconden esas setas minúsculas bajo sus techos. Sin embargo, estos mundos sólo se encuentran en terreno abierto. No crecen setas en la hierba cortada por el hombre. Hacemos el mundo más seguro, más confortable, pero no somos conscientes de lo que perdemos con todo ello. 

He viajado con las nubes que corren jóvenes y blancas de buena mañana cobrando mil formas diferentes, jugando entre ellas a adivinar sus disfraces y en las negras y tremendas nubes viejas de la última hora que descienden con pesado cansancio queriendo recostarse en la tierra cerrando el telón de una jornada, anunciando ya de qué manera será la última.

Errata

Así, con este peculiar título, resume Steiner su biografía. Pero quién, me pregunto, al final -o en el transcurso- de su vida se daría a sí mismo matrícula de honor, en vez de sentir que faltaron tantas cosas y hubo tantas que hizo mal. 

En cualquier caso, pienso, esto es lo que haría el sujeto en cuestión, pero está por ver si el examen final será autoexamen meramente o habrá un buen tribunal que nos sorprenda con sus calificaciones. 

En definitiva y volviendo a una discusión anterior, ¿cómo se puede acertar en esta vida? o ¿por qué dice Aristóteles que "hay muchas formas de equivocarse y sólo una de acertar? A la primera pregunta, como es obvio, no tengo respuesta. Para responder a la segunda tendría que remitir a la teoría de la virtud aristotélica y no sé si es el lugar. En resumen a lo que apunta (y a lo que iba) todo esto es que acertar, encontrar ese justo medio, es propio del virtuoso, pero la adquisición de la virtud es una tarea dificultosa. Ese justo medio de las acciones es un mero punto e incluso cuando ponemos todo nuestro afán, podemos dar el golpe mal. Sin embargo, para errar se tiene todo el terreno restante. Ancha es Castilla.

Si caemos en la cuenta de que hay más posibilidades de equivocarnos que de acertar podemos ver la vida como un continuo aprendizaje, como un abandonar nuestros errores sabiendo que no hemos llegado ya a la adquisición de la virtud completa. Es decir, jugárnosla en cada instante sin tener miedo a perder la partida es lo que puede hacer que ganemos el juego. 

Errantes

Hay muchas formas de equivocarse y sólo una de acertar, dice Aristóteles en algún lugar. Quizá la vida no sea más que un pasar de error en error. Quizá no sea más que errar entre las mudas soledades. Y mudarse una y otra vez, consumidos por el anhelo de llegar a la morada eterna. 


Hay muchas formas de estar sola y sólo una de aceptar la soledad, dicen varios poetas por ahí y por aquí. Quizá no sea verdad o quizá sea la única. O puede más aún que la vida sea una escalera y que, como canta Extremoduro, vayamos subiendo de escalón en escalón convencidos de que la verdad está en el tejado esperándonos.

Dos miradas al presente


Hace unos días, el 20F, estuve en dos presentaciones de libros. Dos libros muy diferentes que muestran cómo ha cambiado la sociedad española en muy poco tiempo. O quizá sólo haya cambiado en parte, es decir, una parte de la sociedad que anda preocupada sólo por el presente, mientras que otra sigue anclada en el pasado. Valga esto como reflexión sociológica al margen, porque de lo que se trata aquí es de hablar de los libros y de lo importante que es que su autor crea realmente en lo que está escribiendo. 

En primer lugar me dejé caer por el cortinglés para escuchar a la autora de Las espuelas del deseo, Rebeca Viguri. Encontrar el lugar de la presentación supuso algo más que un acto de fe cultural. La sala no sólo era poco propicia para el evento sino que con todo el ruido de la cafetería contigua era imposible escuchar a las tres personas que presentaban la novela. Se resaltó el espíritu de emprendimiento por escribir una novela, lo bien escrito que estaba, las continuas referencias literarias, el buen ojo para captar los instantes característicos de una ciudad de provincias. Especialmente se habló de sus noches, sus bares, sus dilemas y sus frustraciones. No las frustraciones de la noche, sino la de los hombres y mujeres que se entrecruzan en ella; la falta diálogo. Nada de amor y lujo, que estamos en crisis, un poco de cama y con mucha sencillez. Que en definitiva es lo que vende, y eso lo sabe hasta Reverte.

Al salir de allí sentí la necesidad de encontrarme con otro tipo de libros, de tal modo que acudí a la librería Auzolan donde, como muchos martes, tenían foro literario. Se presentaba Virgilio Leret, una vida al servicio de la República. La sala no era más que un espacio que abierto entre las estanterías. Silencio y miradas atentas. Una mujer de 75 años relata la muerte de su padre: Virgilio Leret. Fue el primer fusilado de la Guerra Civil el 17 de julio en Marruecos. Y esa es la verdadera fecha del inicio de la Guerra, defiende con vehemencia mientras se coloca la boina negra. No faltaba ningún detalle tópico, no faltaron los relatos duros, las referencias a los fasciosos, las reivindicaciones a la memoria histórica y blablablá. Aplausos, agradecimientos. El público agradece verdaderamente el libro, porque como el autor, creen en lo que está escrito.

Dos miradas al presente. Sólo por las portadas ya se deduce la carga del pasado o del futuro que contienen. La cuestión de fondo es el motivo por el que se escribe el libro. Quizá en ambos se pregunte al presente y la diferencia sea las respuestas que dan, quizá, pese al contenido tan aparentemente distinto, no encuentren verdaderas respuestas en el presente y por eso la sensación de frustración y nostalgia sea parecida.

Laberintos

Laberintos:

Trajiste la madeja de hilo,
encontré el eslabón perdido,
pero, aun así, damos vueltas
sin vernos, en el laberinto.

La influencia de Baudelaire y Mallarmé en Debussy

Este año se cumple el 150 aniversario del nacimiento de Debussy. Muchos son los homenajes que se están haciendo a este gran compositor. Como apenas sé de música no tengo nada que decir acerca de la calidad de sus obras. Lo que me gustaría resaltar es que fue un compositor influido más por literatos que por otros músicos. Traigo a colación solamente un brevísimo repaso a dos de estas influencias: Baudelaire y Mallarmé.

Respecto del primero, es ineludible la obra Los cinco poemas de Baudelaire. En ella se podría establecer un paralelismo entre su forma de componer y la forma de escribir del poeta. Encontramos gran flexibilidad, además el componente lírico, hace esta obra consiga el mismo movimiento de las ensoñaciones de las que vive el alma. Sobran, por ya conocidas, la referencia que tiene para ambos la influencia de Wagner. Ambos lo tienen presente aunque sea a favor o en contra.

Con referencia a Mallarmé habría que citar el Preludio a la siesta de un fauno. Aunque Debussy pretendía realizar toda la secuencia del poema de Mallarmé se quedó en el preludio. En esta obra, de periodo más avanzado, se libra de las ataduras de la tradición, encuentra su estilo personal y entra dentro de las vanguardias. El compositor consigue rizar el rizo y simbolizar los símbolos que ya de por sí se encuentra en la obra del poeta. 

En definitiva, se trata de una música muy plástica que sólo desea agradar. La pretensión siempre fue liberar a la música de todo aparato científico de tal manera que se descubra la belleza de lo sensible y se provoque en nosotros un goce inmediato. ¡A gozar!

Miradas superficiales


En la vida hay que empezar por lo material para llegar a lo simbólico. Hay quien habla y mira superficialmente lo profundo y otros que saben hablar y mirar de manera profunda todo lo superficial. 

Y es que en lo más superficial se encuentra, a veces, lo más profundo. O como dijo el artista Morandi "lo más abstracto de todo es el mundo sensible". 

Hegel da una explicación filosófica en La fenomenología del espíritu: "lo ínfimo es al mismo tiempo lo supremo; lo revelado que emerge enteramente a la superficie es justamente por ello lo más profundo".

Sin embargo, me encanta cómo lo hace Inciarte: "La mirada es espiritual, no se queda en la materia que allí se ve, pues eso sería quedarse en la nada".




Las tinieblas del corazón

Visto el revuelo que causó la anterior entrada me gustaría darle una vuelta más mediante una breve comparativa (completamente subjetiva) entre el libro El corazón de las tinieblas (1902) y El lobo estepario (1920). (Aviso: contiene spoilers).

En primer lugar, ambas historias narran un viaje que cada vez se vuelve más profundo y más oscuro. En la obra de Joseph Conrad la remontada del río Congo y el adentrarse en la selva no es más que el contexto que enmarca el núcleo literario: el descubrimiento progresivo de la oscuridad que habita dentro del hombre y que puede llegar a anegar su corazón, hasta llegar a deshumanizarlo y acabar con él. 

Por su parte, la novela de Hesse narra directamente un viaje interior. Harry Haller está tan cansado (aburrido, pero no desesperado) de su vida que no ve otra salida que el suicidio. Es en el momento límite con la muerte cuando comienza un viaje interior, se vuelve hacia sus adentros y comienza a descubrir nuevas facetas interiores, nuevas maneras de exprimir la vida. Sin embargo, los descubrimientos y experiencias que lleva a cabo le conducen a las tinieblas de su corazón. Haber descendido hasta llegar al "yo" tiene, en esta obra como en la anterior, un sinónimo de destrucción. 

En segundo lugar, me parece significativo el papel que cumplen paralelamente los personajes incitadores del viaje. Marlow, el protagonista de El corazón de las tinieblas, ha ido agrandando tanto la figura de Kurtz durante el viaje que, a pesar de ser consciente de cómo se cierne sobre él la oscuridad, no puede dejar de desear llegar al final para conocerle. Con lo que se encuentra, finalmente, ya no es con el mí(s)tico Kurtz, sino -literalmente- con la enfermedad, el horror, la locura y la muerte. En el caso de Harry la idolatría recae sobre Hermine (Armand@). Este personaje misterioso le fascina. Su ambigüedad le seduce y también le mitifica. Esta mistificación le lleva a supeditarse a todas sus órdenes, incluso a la que puede conducir a su muerte. Lo único que importa, una vez iniciado el viaje, es llegar hasta el fondo. De tal modo que, una vez más, el desenlace es destrucción, muerte y locura. Sólo que en este final ya no se contempla desde fuera, sino que se experimenta desde dentro y el loco hace lo único que puede hacer: reírse de sí, de su locura y del mundo.*

*En realidad aquí debo rectificar... Harry no se ríe de todo lo que ve en el "teatro mágico", por eso Pablo le regaña. No sé la razón. Espero sugerencias...

Entrada sólo para locos, cuesta la razón


"La mayor parte de los hombres no quieren nadar antes de saber ¿no es esto espiritual? y no quieren nadar, ¡naturalmente! Han nacido para la tierra, no para el agua y, naturalmente, no quieren pensar, como que han sido creados para la vida no para pensar. Claro y el que piensa, el que hace del pensar lo principal ese podrá acaso llegar muy lejos en esto, pero ese precisamente ha confundido el agua con la tierra, y tarde o temprano se ahogará." Harry Haller en Steppenwolf de Herman Hesse.


El lobo estepario es una vuelta en noria. Si consigues dar la mano a Harry, el protagonista, subirás a lo más alto, encontrarás una naturaleza sublimada por la cultura más exquisita, por los razonamientos más espirituales del hombre. Pero, ¿hacia dónde conduce tanto saber, tanto conocimiento, tanto discernimiento si está falto de vida?

Y una vez arriba, lo propio de la noria es descender lentamente. Sólo que en este caso el viaje te lleva más allá de tus pies, hacia el mundo sombrío y caótico de los instintos. ¿Hay más vida "aquí" que allí? ¿Más amor, más felicidad acaso? 

La búsqueda insatisfecha (pues sólo los burgueses, y todos lo somos un poco, están satisfechos) del sentido de la vida y de saber realmente quién es uno puede costar la razón. Pero en este libro los locos son genios y, con ella, con su locura, completan la psicología defectuosa del equilibrio mundial. La moraleja, dicho con la ironía propia de todo el libro, que se desliza al final es: para vivir es necesario aprender a no tomarse demasiado en serio la vida, empezando por reírse de uno mismo. 

Con todo, su lectura resulta una maravillosa reflexión acerca del hombre contemporáneo, una invitación a descubrir el burgués y el lobo que todos llevamos dentro; un dulce paseo con vistas al infierno.

Luces y desiertos: pa(i)sajes de la vida intelectual

"Del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro". Así resume Cervantes las causas de la locura del más ingenioso hidalgo español. Digo resume, porque podría haberse extendido más en la descripción, no porque se necesiten más causas.

Se le secó el cerebro... "se acabó el amor de tanto usarlo". Quizá ambas expresiones tienen algo que ver. El uso incorrecto termina estropeando los utensilios, los objetos. Aunque ni el cerebro ni el amor sean utensilios también, paradójicamente, pueden tratarse como tales. Y, entonces puede que no se tengan más ideas en la cabeza que la de los autores a los que uno lee y no pueda producir ideas propias (¿alguien habrá producido, alguna vez, una idea propia?). Y con esto remito, recojo y remiendo unas palabras de Cornelio Fabro del libro La dialéctica de Hegel
Con todo, cuando en realidad se presenta de una manera más precisa este mismo ver, es fácil advertir que en la absoluta claridad no se ve ni más ni menos que en la tiniebla absoluta, y que tanto el uno como el otro ver son un puro ver, un ver nada. Pura Luz y pura tiniebla son dos vacíos, que son lo mismo. Sólo en la luz determinda -y la luz es determinada por la tiniebla-, sólo en la luz ofuscada, se puede distinguir algo.
Desnudo en el desierto. Salvador Dalí (1946).

¿Se ve? Bueno, aquí viene el remiendo, la muestra de que en el desierto también existen los oasis y el enlace con el segundo término, por si alguien creía que me había despistado:

Espejismo: 

Apaga la luz, y siéntate cerca,
que hoy quiero verte bien.

Del anarquismo al dadaísmo

El dadaísta Hugo Ball en una
soirée dadaista en Zurich
Paul Feyerabend (1924-1994) fue uno de los filósofos de la ciencia más importantes del siglo pasado. Sus reflexiones críticas consiguieron dar la vuelta al estudio de la ciencia por parte de los filósofos. Su teoría más importante es el denominado "anarquismo espistemológico" que consiste en sostener que no hay reglas metodológicas útiles o libres de excepciones, que rijan el progreso o el desarrollo de los conocimientos. 

Debido a que el próximo congreso de Filosofía joven (D.m.) irá sobre la belleza de la ciencia, andamos leyendo ya textos relacionados con el tema, por ejemplo ¿Por qué no Platón?, donde he encontrado un texto, a pie de página, que me parece que resumen bien el pensamiento de Feyerabend y, quizá, un poco el planteamiento del futuro congreso:

Al elegir el término "anarquismo" para designar mi planteamiento, tuve en cuenta, sin más, su uso general. Sin embargo, el anarquismo, tal y como se ha practicado en el pasado y como se practica hoy por un número cada vez mayor de personas, posee rasgos que no estoy dispuesto a defender. Se preocupa poco de las vidas humanas y de la felicidad humana (excepto de la vida y la felicidad de aquellos que pertenecen a algún grupo especial): además implica el tipo de dedicación y seriedad puritana que yo detesto. Por estos motivos prefiero ahora emplear el término Dadaísmo. Un Dadaísta no sería capaz de hacer daño a una mosca, mucho menos a un ser humano. Un Dadaísta permanece completamente impasible ante una empresa seria y sospecha siempre cuando la gente deja de sonreír, asumiendo aquella actitud y aquellas expresiones faciales que indican que se va a decir algo importante.

Otra vez Hugo Ball recitando un
poema en el Cabaret Voltaire
Un Dadaísta está convencido de que una vida que merezca la pena sólo será factible cuando empecemos a tomar las cosas a la ligera y cuando eliminemos del lenguaje aquellos significados profundos pero ya putrefactos que ha ido acumulando a lo largo de los siglos (“búsqueda de la verdad”; “defensa de la justicia”; “amor apasionado”; etc., etc.). Un Dadaísta está dispuesto a iniciar divertidos experimentos incluso en aquellos dominios donde el cambio y la experimentación parecen imposibles (ejemplo: las funciones básicas del lenguaje). Espero que tras la lectura del presente panfleto, el lector me recuerde como un frívolo Dadaísta y no como un anarquista serio. 

(Nota a pie de página en “Tratado contra el método”). 









Tempus est

Tempus est:

Lo que pasa es que pesa;
Pero no importa
si ese peso
deja poso.

Kulturpessimismus o La civilización del espectáculo

El libro comienza desde la primera página asumiendo y reiterando la Kulturpessimismus de la que achaca a la civilización occidental. Porque, no lo podemos olvidar, a lo que aquí se refiere es a Occidente y lo que más destaca es la nostalgia, un sentimiento de dolor por la "Cultura" perdida. ¿Qué se ha perdido? En primer lugar, aludiendo a Eliot, parece haber desaparecido una élite que maneje o cree cultura. Ésta se ha democratizado, la cultura está al alcance de todos, pero esta ganancia conlleva, al parecer inexorablemente, su empobrecimiento.

Por otro lado, ¿a qué denominamos cultura? Todo lo que hace el hombre forma parte de ella. La utilización del término es muy confusa. A veces incluye a la religión, la filosofía, la economía; otras, en cambio, parece que la cultura se reduce a la alta cultura sin mayor argumentación (algo así como reuniones imaginarias entre Goethe, Kant y Matisse). Antes (de la postmodernidad, claro) resulta que había nociones y diferencias claras entre baja cultura (inexistente) y alta cultura. Ahora resulta que esas distinciones ya no están tan claras. Ahí tiene toda la razón, pero ¿No hay ninguna distinción? ¿No hay gente que con usted se dedique a pensar sobre estas cosas? ¿No han dicho otros muchos lo mismo? ¿A quién dirige este libro, entonces? 

La cultura se ha visto afectada por las nuevas tecnologías y por la globalización de la información que corre vertiginosamente por Internet. Esto que es tan bueno conlleva una inevitable ecuanimidad de la información y el conocimiento. Se hace mucho más difícil distinguir, discriminar, cuáles son voces autorizadas u opiniones de peso. De esta manera está hasta cierto punto justificado la crítica de obras de arte (ocio y entretenimiento), acciones políticas (democráticas y liberales, por supuesto) o banalización de las relaciones humanas (es decir, sexo). Sin embargo, extraer conclusiones generales de los casos más pintorescos y extremos no suele ayudar si uno quiere ser fiel a la realidad. El autor no es desacertado en sus críticas, ni siquiera, en la mayoría de los casos, en señalar las causas. Ahora bien, también hay veces en que se queda en la más pura superficie, en el dato del último escándalo, sin llegar a ver el verdadero problema. Esto se acentúa especialmente en los artículos que recoge de El País, algunos muy lejanos en el tiempo. Hubiera ganado mucho de haber recogido las ideas de fondo y haberlas presentado de manera más elaborada. 

En definitiva, no hay duda de que él mismo, Vargas Llosa, no puede escapar a los efectos de la postmodernidad que difumina las diferencias de niveles y puede conllevar el caos intelectual. Con estos bueyes hay que arar y ver los posibles caminos (de los que aquí no se menciona ninguno). Lo único que puede hacer el Estado democrático es respetar todas las opiniones, sin privilegiar ninguna. No vaya a ser que por el camino alguien nos imponga su moral. Estimado amigo, está usted tan dentro de todo esto como el resto, sólo que con una dosis de pessimismus y nostalgia bastante acentuada. Ya lo siento. 

Nietzsche: inspiración y olvido

Ayer leí por casualidad un pasaje de Ecce Homo. En él Nietzsche da una explicación justificada de Así habló Zaratustra. Esta es, que se trata de un  libro inspirado. Es decir, que lo que ahí se dice no proviene de él sino que, de algún modo, le ha sido revelado y que siente que debe comunicar (quizá en otro momento me detenga a explicar qué es lo que se le revela):

¿Tiene alguien, a finales del siglo XIX, un concepto claro de lo que los poetas de épocas poderosas denominaron inspiración? En caso contrario voy a describirlo. Si se conserva un mínimo residuo de superstición, resultaría difícil rechazar de hecho la idea de ser mera encarnación, mero instrumento sonoro, mero medium de fuerzas poderosísimas. El concepto de revelación, en el sentido de que de repente, con indecible seguridad y finura se deja ver, se deja oir algo, algo que le conmueve y transtorna a uno en lo más hondo, describe sencillamente la realidad de los hechos. Se oye, no se busca; se toma, no se pregunta quién es el que da; como un rayo refulge un pensamiento, con necesidad, sin vacilación en la forma. Yo no he tenido jamás que elegir... la involuntariedad de la imagen, del símbolo, es lo más digno de atención; no se tiene ya concepto alguno; lo que es imagen, lo que es símbolo, todo se ofrece como la expresión más exacta, más sencilla.

Hoy leo otra cita de él en una entrevista a Andrés Trapiello tras la publicación de su último libro Ayer no más. La recojo como oxímoron. En el ser humano continuamente se da un juego entre el recuerdo y el olvido. Una relación estrecha entre la memoria y la imaginación, entre lo que fue y lo que nos gustaría que fuera, que nos deja sin poder discernir con claridad. Este hecho influye de manera decisiva en las narraciones de historias, sean estas personales o colectivas, sean estas locales o -como no podía ser de otro modo tratándose de este autor- de España. De esto se sigue que la cita me parezca el mejor resumen del libro y, para quien lo haya leído, del pensamiento de Trapiello:

"Es posible vivir sin recuerdo, pero no sin olvidar; un exceso de historia daña la vida", decía Nietzsche. La verdad trae la justicia, pero a veces no trae la paz... La paz no es posible sin el olvido, pero a la vez, está por medio la justicia, y el olvido es una gran injusticia.

Despedida y otras des


Despedida:

Le di lo que tenía,
pero no lo que pedía.

***

Descorazonada:

Quisiste ser Venecia tranquila
y te convertiste en Sahara reseca.

***

Desplante:

A veces hay que hacerlo,
y arraigar en otro sitio. 

25S, huelga general y futuro social


Este fin de semana estuve en Madrid. No sé qué hubiera pasado si me hubiera quedado hasta ayer, hasta hoy. Quizá hubiera sufrido la carga policial y no sólo estaría lamentando porque la prensa se esté centrando en ella y no en poner de manifiesto o en someter a crítica cuáles son los motivos que llevan a salir a la gente a la calle, a ocupar el Congreso

No hay una solución para esta situación. La demagogia atenta contra la democracia venga de donde venga. Creo que no basta con exigir que la crisis la paguen otros (los políticos), pero tampoco me parece justo que la paguen los de siempre (el pueblo). La distancia que existe entre estos dos grupos ya debería ponernos los pelos de punta. 

Hago intentos por comprender la situación económica mundial, la presión europea y las medidas españolas, pero no disculpo que se pueda hacer más y no se haga, que no se muestren signos de diálogo social. No sólo ellos están sobrepasados. Los ciudadanos lo están. Eso es lo que falta por entender, la situación extrema en la que están viviendo tantas personas. Y a situaciones extremas corresponden medidas extremas. Eso es lo que también falta por entender y no se muestra voluntad de entender con descargas de violencia policial. 

Hoy, huelga general. No creo que se pueda cambiar todo de la noche a la mañana, pero me da pena (porque no tengo otra palabra) que no cambie nada. No tengo soluciones, sólo una convicción: el mañana sigue dependiendo de lo que hagamos hoy. 
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