Infidelidades


Lo que uno ve y vive es por definición fragmentario y sesgado, y la simple ordenación de los vocablos y frases que uno emplea en la relación de ese "algo" es ya una infidelidad. La narración no admite la simultaneidad, por mucho que algunos autores hayan buscado o inventado técnicas, a buen seguro ingeniosas, que produzcan o reproduzcan ese efecto.

Asistimos a los sucesos desde nuestra subjetividad desde un solo punto de vista y, hasta cierto punto, lo vemos todo como si, ante una escultura, sólo fuéramos capaces de contemplar su parte frontal, o bien la posterior, o uno u otro de sus perfiles, pero estuviéramos incapacitados para dar la vuelta en torno a ella y admirarla desde todos los ángulos, como fue concebida y ejecutada. Vemos la realidad como si, en vez de tener volumen, dimensiones y relieve, fuera siempre una pintura plana, y así parece que estemos obligados a contarla.

Algo así también pasa cuando queremos hablar de democracia.


4 comentarios:

Dolores dijo...

He leído en algún lado que cuando se innova se es infiel a la tradición, por tanto, la infidelidad es necesaria para avanzar (al menos en ciencia, en el conocimiento y en arte).

Isabel Armesto dijo...

Hace poco leí que "todas las teorías que pretenden ofrecer una explicación total no pueden ser acertadas" que "pueden ofrecer respuestas parciales a interrogantes particulares pero no una clave para todo". Pero, por alguna razón, necesitamos ordenar y la realidad para luego entenderla de forma fragmentada. ¡No sé por qué! cuando luego nuestros pensamientos son muchas veces inacabados y se asaltan unos a otros.

Raquel dijo...

La infidelidad es necesaria para avanzar...

Dolores, quizá más que necesario es inevitable, no se puede ser totalmente fiel a la tradición, no se pueden recrear las mismas condiciones absolutamente nunca. Eso no significa que la tradición quede anulada o que no haya ciertas cosas que traspases toda tradición. Ahora bien, lo que me parece más problemático es el verbo "avanzar". Creo que el mito del "progreso" está demasiado enraizado en la sociedad y especialmente en la ciencia, pero quizá haya que repensarlo de nuevo.

Raquel dijo...

Armest,

La posmodernidad pone de manifiesto que nuestro conocimiento sigue una línea narrativa más que historiográfica. Conocemos fragmentariamente y necesitamos ciertas perspectivas para configurar un mismo plano y, una vez lo tenemos, volvemos y recolocamos y ajustamos o derribamos por completo lo que pensamos que era totalmente cierto.

Alguno han extraido de esto conclusiones pesimistas y derrotistas: incapacidad del conocimiento de conocer la realidad o imposibilidad de conocer la verdad, lo cual les lleva a defender un relativismo ferréo.

Sin embargo, no creo que esta sea la única conclusión posible, ni la más acertada. Nuestro conocimiento parcial, pero progresivo, vamos añandiendo más pinceladas al cuadro y lo vamos dotando de color. No poseemos la verdad como tal, pero no hay duda de que poseemos conocimientos verdaderos. Y, lo que es más importante, aunque sepamos que no la alcanzaremos nunca del todo no dejamos de aspirar, de anhelar, el encuentro con ella.

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