Yo estuve en la JMJ

Como escribí antes de ir, supongo que es de justicia escribir algo después de la JMJ. Se trata de algo más que una experiencia. Hay quien busca los tres pies al gato y busca confrontación, también quien habla de los dieciocho pecados de los peregrinos y defiende la ocasión, yo hablaré de lo que viví.

Estuve como voluntaria de orden para bien y para mal: en el caso de Cibeles me permitió estar bastante cerca del Papa, en el caso de Cuatro Vientos me hizo estar en funcionamiento todas las horas posibles. Sarna con gusto no pica. El tiempo que teníamos libre disfrutábamos de las actividades, como ir a conciertos (Love Revolution festival), a museos (Thyssen), a conferencias sobre redes sociales (icat), pero eso no es lo más importante.

Conocí a muchísima gente de todas partes: muchos brasileños e italianos, pero también indios, haitianos, canadienses, coreanos, chinos clandestinos, etc. con historias alucinantes y que nos entendíamos en la misma fe. En el parque de El Retiro había doscientos confesionarios que no estuvieron vacíos en ningún momento y todo el mundo salía con una sonrisa! Siempre encontrabas a gente alegre, cantanda o bailando. Da igual donde: en el metro aplastados, bajo sol abrasador o bajo una tormenta en Cuatro Vientos. Hay muchos momentos emocionantes, pero todos se caracterizan por el ambiente sano, festivo y amable vivido por dos millones de personas.


La tormenta durante la vigilia con el Papa fue lo mejor. Gente que no se conocía de nada empezó a cubrirse unos a otros, todos cantando a grito pelado bajo el agua. Al Papa le preguntaron hasta tres veces si se quería ir y quiso quedarse y cuando volvió a hablar nos dio las gracias. Merece la pena leer los textos que ha pronunciado porque son un canto de esperanza para todos los jóvenes. Pero, sin duda, lo más emocionante fue el encuentro con los voluntarios en IFEMA, si tienes que elegir algo para leer, elige ese, o busca el vídeo. El Papa estuvo super cariñoso con nosotros, se emocionó y nosotros con él! 

Nos vemos en Río de Janeiro!


Yo voy a la JMJ


Hace unos años, cuando el recién elegido Benedicto XVI anunció que venía a Valencia yo me manifesté abiertamente en contra. No soportaba la actitud hipócrita de los cristianos, el abuso de poder del Papa o las riquezas de la Iglesia. Me decidí a apostatar junto con otros amigos. Pero antes de hacerlo encontré a una buena amiga a la que pedí toda clase de explicaciones. Fue la primera vez que un cristiano me daba razonamientos válidos. Y me decidí a leer el Evangelio. Todo cambió entonces. Todo radicalmente.

Me hace gracia que los argumentos anti-loquesea sigan siendo los mismos. Esto sí que es borreguismo, se vive y se repiten los tópicos que comenzaron en la Revolución Francesa, lo digo por experiencia. No se aceptan razonamientos, la crítica es algo visceral. Se puede explicar que la JMJ no cuesta dinero al Estado, que el 70% sale de los peregrinos y el 30% de empresas patrocinadoras, pero entonces se alude al gasto policial, como si no pagáramos la policía cuando tiene que proteger a los jugadores de fútbol cuando ganan la copa, o al recibimiento como jefe de Estado, etc. En general, no hay una actitud de diálogo con los creyentes. Una amiga cubana me preguntaba hace poco porqué en España hay esta actitud frente a los católicos cuando en América es algo que se respeta muchísimo. Hay muchas razones. Le contesté que en España convivían a la vez un fuerte clericalismo y anticlericalismo que distorsionaba en ocasiones la bella realidad de la Iglesia. La respuesta no se agota ahí. Ojalá la crítica se convirtiera en una búsqueda de la verdad sin condiciones.

Lo que más me molesta es que se haga uso de la demagogia y se aluda a cualquier país africano al que se le podía haber destinado el dinero de la JMJ. A primera vista parece que este es un gran golpe, pero lo cierto es que no, por varias razones. La primera que, como sabemos, de nada sirve dar dinero y olvidarse. La Iglesia católica es la institución que más sedes tiene y desde más tiempo en países del tercer mundo. Además no sólo ayuda económicamente, sino que aporta el personal: voluntarios, monjas, misioneros, etc. La segunda razón por la que no es un buen argumento es porque da a entender que los que vamos a la JMJ no nos preocupamos por los más necesitados. Mucha de la gente que conozco que va está comprometida con ongs, va al asilo cada semana o va a campos de trabajo en el tiempo de sus vacaciones. Estoy segura de que esta JMJ nos animará a ser más solidarios, a dar un paso en nuestro compromiso con la sociedad. Ojalá en vez de una manifestación antitodo se hubiese convocado un mercadillo solidario con el que recaudar dinero.

A mí me parece muy bien que se manifiesten en contra, la verdad, están en su derecho. Además en algunas críticas pueden llegar a tener razón. Siento que mucha gente encuentre dificultades para ir al trabajo esos días y otras contrariedades que puedan ocurrir en estos días. Bien, la cuestión es que yo me voy hoy mismo de voluntaria a la JMJ, a dormir en un saco en el suelo todos estos días, a conocer a gente de todo el mundo, a escuchar al Papa, una gran figura intelectual que cree en los jóvenes. En definitiva, a dar un paso adelante en mi fe.

Un verano de cine

Por lo que he disfrutado, por supuesto, pero también por la cantidad de buenas películas que he visto. En esta entrada mencionaré las mejores, su posición se debe al momento en el que se me han ocurrido, no corresponde a ningún tipo de ranking.

Psicosis, de Hitchcock. Un clásico, en todos los sentidos: por imprescindible y porque la técnica es más bien rupestre. La tensión, provocada magistralmente por la música, es absoluta. En mi opinión sobra el discurso final del policia en el que psicoanaliza al protagonista, Normam Bates.

The visitor, de Tom McCarthy. ¿Y si llegaras a tu casa y alguien la hubiera ocupado por error? ¿Y si decidieras no echarles para dejar de sentirte solo? ¿Y si resultara que eso te cambia la vida? La ocupación en la casa es una gran metáfora que abre la película para reflexionar sobre la soledad, la inmigración, la familia y el amor. Plato fuerte: la banda sonora.

The social network, David Fincher. Buena, muy buena. La imagen que da de Zuckerberg, su creador, es la de alguien que consigue “triunfar” socialmente pero que personalmente sigue insatisfecho. La película parece hacer justicia a la historia real y a los juicios a los que se tuvo que enfrentar por supuesto plagio. Sobre la influencia que ha tenido sobre la manera de relacionarnos y la adicción que provoca puede debatirse aquí.

Por último, tres españolas: 
La última cima, un documental que muestra la huella profunda que puede llegar a dejar una persona que se ha entregado a los demás totalmente. Y que provoca en el espectador una pregunta conmovedora y comprometedora: ¿también yo podría vivir así?

Buried, de Rodrigo Cortés. Película arriesgada donde las haya. 93 minutos que transcurren íntegramente en un ataud. El personaje ha sido secuestrado y enterrado, pero no sabe donde. Aunque a los cinco minutos no sabes qué más puede hacer, la película consigue mantenerte enganchado y en suma tensión hasta el final.

Celda 211, de Daniel Monzón. Un thriller carcelero con intriga española. El día en que Juan (Ammann) empieza a trabajar como funcionario de prisiones, se ve atrapado en un motín. Decide entonces hacerse pasar por un preso más para salvar su vida y para poner fin a la revuelta, pero lo que pasará dentro le cambiará por completo. Por otro lado, está el cabeza, Malamadre, Luis Tosar, quien hace uno de los mejores papeles del cine español y sobre el que pivota toda la película.

La visión del genio, la técnica del maestro

Un buen modisto debe ser arquitecto para la forma, pintor para el color, músico para la armonía y filósofo para la medida. Balenciaga

Tengo escasas nociones de moda, sin embargo, podría mencionar varios personajes importantes de la moda: Chanel, Dior y Balenciaga. Ambos fueron revolucionarios del mundo de la moda. Al menos eso aprendí en el Cristóbal Balenciaga Museoa.

El edificio es una joya arquitectónica, obra del equipo AV62arquitectos. La fachada principal se eleva por encima de las pequeñas casas de Getaria, pueblo natal del diseñador. En su interior el museo se divide en siete salas que parecen flotar y que se dividen según el momento para el que está diseñado el traje: cóctel, noche, trajes de novia, etc.




Los vestidos son verdaderas piezas de museo, sin embargo, creo que hay dos inconvenientes. Por un lado, los vestidos estaban pensados para realzar el cuerpo de la mujer y pierden soltura en el maniquí. Por otro lado, las salas del museo, aunque tienen un insinuante juego de luces, son demasiado oscuras para apreciar los vestidos. La mejor sala es, sin duda, la última: Balenciaga esencial, donde la luz es perfecta, hay pantallas donde el visitante puede ver cómo se lleva a cabo el diseño y la confección y algunos vestidos giran sobre sí mismos para disfrutarlos desde todos los aspectos. Gran exquisitez y elegancia.

Es un museo incipiente, pero con gran potencial. Sobre todo, me pareció interesante que se abran espacios en los que se dé respuesta a la necesidad de repensar la moda y se ponga de relieve grandes figuras que, no sólo hicieron negocio, sino que creyeron en ella.



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