Viejos libros, lecturas de verano

En los últimos meses he podido leer bastante, pero no he comentado ningún libro y, no les haría justicia, si al menos no les dedicase un par de líneas en el blog. 

El primer puesto de mención se lo merecer: Retorno a Bridesheadde  Evelyn Waugh. Si no lo has leído y quieres saber de qué va puedes encontrar un buen resumen aquí. No voy a hacer un resumen, ni un planteamiento filosófico-religioso que es en lo que se podría caer con facilidad. No. Sólo diré que fue un libro que no me gustó nada cuando lo terminé, pero quizá haya sido de los que más vueltas haya dado y más me haya interesado comentar... ¡Incluso llegué a participar en un grupo de Facebook para comentarlo! Con el poso del tiempo y la reflexión he ido descubriendo maravillas en sus páginas y en sus personajes. Nunca los olvidas. También hay película y serie, no las he visto. Sí he visto, en cambio, la serie Downton Abbey, que recomiendo especialmente a todos aquellos que disfruten con el clima inglés-burgués de principios del siglo XX.

En segundo lugar se encuentra El guardián entre el centeno de Salinger. El autor se mete de manera prodigiosa en la mente del protagonista de diecisiete años. La historia sólo cuenta un par de días: desde que lo echan del colegio privado donde vive y la vuelta con su familia, con la que teme enfrentarse con un nuevo fracaso. En el transcurso no deja de entrar y salir de bares, de hablar de amores y de desear encontrarse a sí mismo. Aunque hay muchos temas que merecen ser tocados, sólo quiero la especial relación que tiene con su hermana pequeña y la conversación que tiene de madrugada con ella. Excepcionalmente entrañable. Sin embargo, el tono del libro es más bien sarcástico, cínico e, incluso, pesimista y, lo cierto, es que el lector acaba el libro teniendo esa sensación con la vida.


El tercer puesto lo comparten dos libros:
1. Dios ha nacido en el exilio, de Vintilia Horia. La historia narra ficcionadamente el diario del poeta Virgilio en el exilio, en Tomis. El autor, como ha hecho en otros libros magistralmente, parte de un hecho histórico, de datos reales para recrear toda una historia literaria alrededor. Aunque esta técnica me encantó en su obra La séptima carta, aquí me decepcionó ya que me dio la sensación de que los personajes actuaban anacrónicamente. Aun así borda la sensación de lo que supone un exilio.

2. Luces de Bohemia de Valle-Inclán. Obra de teatro divertidísima en la que se muestra el esperpento en su plenitud. Me encantó, pero he de reconocer más que por ser una gran obra, por mi gran debilidad por el espíritu español y su especial manera de ver la vida. Es una joya de la literatura castellana y muestra como nadie la especial relación que tenemos con la intelectualidad y los intelectuales: al mismo tiempo le hacemos altares, como que no les hacemos ni puñetero caso... Spain is different y a mucha honra.

Ahora, estoy volviendo a releer El retrato de Dorian Gray que espero comentar pronto.

Madrid y Antonio López y viceversa


Hace unos días estuve en Madrid. Uno de mis principales objetivos era visitar el Thyssen y la exposición de Antonio López y, como no era muy  difícil, lo conseguí.

Como tenía que esperar un par de horas para poder entrar a verla, ya que el aforo es limitado, me saqué la entrada para la colección permanente. Ya había estado, pero sin tener ni idea de pintura del siglo XX por lo que pasé rapidamente por diez siglos artísticos, siendo mi primera parada el cuadro de Caravaggio "Santa Catalina de Alejandría". Después pasee más tranquilamente por el siglo XVIII y XIX. Sobre todo me encantó encontrarme con cuadros que las anteriores veces había pasado de largo. Especialmente destaco a E.Hopper, Bacon y Rothko. Los tres son inquietantes e impresionantes.

Mientras estaba sentada enfrente del Rothko un grupo de chavalillas se puso a reir mientras leían una estúpida guía que hablaba del cuadro. Me dio una pena intensísima. Pero, sin duda, lo más duro fue el contraste con la exposición retrospectiva de A.López. Estaba abarrotado, a pesar del aforo limitado, sobre todo de gente mayor, de jubiladas que comentaban todos los cuadros, aunque esos comentarios se limitaran a describir meramente aquello que todo el mundo veía. Después de pasar por las vanguardias rusas el hiperrealismo del español es, por así decirlo, "fácil de entender". La gran mayoría lo agradece y, a otros, les parece demasiado ligero. Sea como fuere, creo que no basta con lo que se ve, para entender su obra recomiendo leer alguna de las cientos de entrevistas que le han hecho ultimamente.  


Sin embargo, esto no significa que no me gustase. Me gusta que siga la gran línea de pintura de la tradición española. Su tratamiento de la luz me recordó a Sorolla. Puede que con el tiempo sus granvías se comparen con los paisajes levantinos, quién sabe. Sólo que Madrid, para el artista, está lejos de ser un paraíso. Lo que más me gustó fue encontrarme con el membrillo después de haber visto la película "El sol del membrillo" de V.Erice. ¡Ah! y que siga llamando a su mujer, también en los títulos: "Mari".

                               

Intervención climatológica con Iñigo Manglano-Ovalle


Quién me iba a decir a mí cuando empecé a estudiar "El origen de la obra de arte" de Heidegger que estaría en el origen, que sería participe, activadora y coautora de una obra de arte con un verdadero artista. No me lo podía decir nadie y, sin embargo, así es. He tenido la grandísima suerte de poder estar en el primer taller del nuevo Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Navarra. Este taller ha consistido en trabajar mano a mano con el artista de renombre internacional Iñigo Manglano-Ovalle para llevar a cabo una acción, un happenig en la ciudad de Pamplona. Aquí está el artista con la cúpula geodésica recién montada el primer día del taller en el Palacio Condestable.


El segundo día volvimos a montar la cúpula diseñada y patentada en los años cincuenta por R. Buckminster Fuller frente al Museo de Navarra. Una cúpula o tienda de campaña, tal y como la denominada Iñigo, de dos metros de alto por cuatro de ancho. Además también llevábamos con nosotros diez globos de 1,5m de diámetro que era la envidia de los niños.


Después fuimos a interactuar con la ciudad, a pasearnos por las calles como si fuésemos en procesión. Se ha dicho que el objetivo era integrar el arte en la vida cotidiana de la ciudad, con el fin de propiciar un clima de diálogo e interacción con la obra y con el artista. También que se trata de una alegoría de la medición del clima de cambio urbano y social que se produce durante estas fechas en la capital navarra. Todo es verdad, pero yo me quedo con las palabras que decidimos decirles a todas aquellas personas que nos preguntaran acerca de lo que estábamos haciendo: "Una intervención climatológica", a lo que todo el mundo respondía de la misma manera, como si no hiciese falta más contestación: "Aaahhh".


Lo cierto es que ha sido de las cosas más emocionantes y divertidas que he hecho en mi vida. Todo un espectáculo. Hay mucho momenticos con los que quedarse, pero resalto aquí sólo algunos: cuando conseguimos subir la cúpula a un balcón que nos decieron espontáneamente, cuando entramos en la Catedral por la puerta principal con tono solemne y cuando tirados en el suelo, debajo de la cúpula, Iñigo y yo levantamos piezas del suelo para encajar bien la pieza y que no se moviera. Pero por encima de todo me quedo con las personas que he conocido gracias al taller, tanto Iñigo que nos trató fenomenal, como a los veinte alumnos, como a los organizadores de la actividad. ¡Gracias a todos!
                                                    
Aunque en este caso toda la acción llevada a cabo se considera parte de la obra sin interrupción el resultado final ha quedado instalado en la cocina medieval del Museo Catedralicio de Pamplona para todos aquellos que quieran visitarla.
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