La indignación conlleva compromiso

Ha llegado el momento de escribir en serio sobre #Democraciarealya, #15M y #Tomalaplaza. Lo sucedido merece un análisis extenso y profundo, al que tampoco sé si llegará este post. Con esto ya se puede ver mi primera impresión: yo me he tomado el suceso en serio, he creído en el movimiento, he leído los manifiestos y he asistido a Asambleas tanto en Alicante como en Pamplona. Creer en el movimiento no es comulgar con todas sus propuestas ni mucho menos, algunas me parecen de lo más irrelevantes, otras completamente inadecuadas y otras radicales.

Sin embargo me parece un gran adelanto que una generación haya dado un paso al frente. La generación perdida ha demostrado que tiene intereses, que tiene inquietudes y que puede llegar a tener mucha fuerza. Creer en el movimiento es albergar la esperanza y animar a que la toma de las plazas de paso a la creación de plataformas cívicas, asociaciones permanentes o cualquier otro tipo de agrupaciones desde las cuales seguir mandando propuestas y "dando caña". Se trata de no perder lo que se ha hecho hasta ahora. Se trata no de un cambio en la democracia, sino como me decía un amigo, de una mayor profundización en ella.

Aunque sería bueno investigarlo, no me interesa tanto cómo nació sino qué ha provocado: la mayor muestra de indignación que ha presentado nuestro país. La situación económica y social es crítica y así se hizo plenamente patente. No podemos permanecer indiferentes. En este punto quería hablar del libro "Indignados" de Stephan Hessel. Se trata de un libro de unas 50 páginas en las que se desarrolla una tesis muy sencilla: hay mucho motivos para indignarse, ¡indignate!, grita especialmente a la juventud. Pero esa indignación es inseparable del compromiso. Las cosas están mal, sí, pues no permanezcas indiferente, implícate, mira qué puedes hacer TÚ para cambiarlas. El libro, para algunos, no será más que propaganda socialista, un panfletillo político. Aunque no quito una palabra, tampoco se puede reducir a eso. Aunque hay mucho más que decir, considero que es de lectura obligatoria pues dentro de diez o veinte años, muchas de las personas que estén metidas en política tendrán como bagaje este libro, esta "revolución".

Ha pasado tiempo y han ocurrido muchas cosas: el giro de izquierda radical que ha tomado el movimiento y, aunque se exigió un nuevo giro a un consenso de mínimos en el que estar de acuerdo todos no sé si será posible. Y, quizá, sea esto lo que más pena. El no haber logrado que sea de todos. Como decía otra amiga: quizá llegamos tarde. Se abrieron canales para que hablaran todas las voces, pero no todas quisieron hablar. ¿Por qué? No lo sé. Puede que haya dos formas de cambiar las cosas: el trabajo callado y el armar ruido. Puede, pero, en mi opinión, no son incompatibles. Son dos formas, pero que no tienen porqué corresponder a dos estilos de persona, a dos grupos sociales, sino que tiene que ver con el contexto en el que se dé. La mayor parte del tiempo las cosas se solucionan trabajando, implicándose, como ya he dicho. Sin embargo, hay momentos en los que toca hacer ruido para ser escuchados, para que pueda darse el cambio.

Hay muchas más cosas de las que hablar como, por ejemplo, la orden de desalojo y la posterior violencia policial que lejos de disuadir hizo renacer con fuerza la toma de plazas y cientos de notas que no sé si volveré a comentar aquí. Barcelona fue un nuevo motivo de indignación, pero que da pase al siguiente debate: ¿se debe seguir en las plazas o no? En mi opinión se debe dar paso, de forma natural, a una constitución de otro orden. Al respecto leí en otro blog unas ideas que me parecerieron muy acertadas: "La fuerza del #15m está en su capacidad de movilización 2.0 pero no en sus ideas o propuestas. (...)La presencia ya no se mide por los metros cuadrados que ocupes, sino por la capacidad de volver cuando quieras." Por tanto, lo mínimo que puede exigirse es conocer qué ha pasado, no permanecer indiferentes, pensar qué más podemos seguir haciendo: comprometerse ¿con el movimiento? Con la sociedad

2 comentarios:

Dolores dijo...

Yo también me considero "indignada". Pero, respecto a lo que dices de que no todas las voces quisieron hablar, pienso que tienes razón, aunque estos días he comprobado que hay gente que no quiere escuchar. Se habla mucho de tolerancia, pero sólo si tu opinión es la de la mayoría, si intentas ir a contra corriente: adios! Pero sí, es una lástima no haber hablado más...

Raquel dijo...

Tienes toda la razón. Ya hay indignados de los indignados. Pero recojamos lo bueno: se ha dado un paso adelante, se han despertado muchas conciencias. Estemos en primera fila para cuando venga la próxima ola.

Gracias por tu comentario!

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