Orgullo de hija


La casa de la Cascada (Fallingwater) es la obra cumbre de Frank Lloyd Wright y uno de los hitos principales de la arquitectura del siglo XX. Este fresco es obra de Antonio José Cascales, arquitecto, artista y, desde luego, el mejor padre que se puede tener.

A punto de darme a la poesía

Gracias a una amiga poeta encontré a un gran poeta que de tanto leerlo también se ha convertido en un amigo: Enrique García-Maíquez (que no García Marquez). Llevo unos meses entrometiéndome en su blog y cotilleando parte de su vida. Disfrutando con sus historias, compartiendo la alegría del nacimiento de su hija y, como quien no quiere la cosa, silenciosa, leyendo sus poesías y, también, a los que le leen. Cosa curiosa esta del escribir y del leer que se encuentra como cuando te miras al espejo. García-Maíquez es originalmente sencillo y fresco de leer. Dicen que para muestra un botón, pero yo os dejo un par de chinchetas, como él  denomina a sus pequeñas poesías (¿se puede decir algo más grande de una cosa tan pequeña?):
Menos punta que un alfiler, pero más cabeza.
Ya querría yo que fueran imperdibles, pero son chinchetas.
Menos genial que la greguería, pero la chincheta lo clava. 
Del derecho, lo clava; del revés, pincha.
El mundo, la peonza de Dios. La peonza del escritor, la chincheta.
Coma, chincheta doblada.
Punto final: chincheta clavada hasta la bola.

Otra de las poetas que se inscriben en este círculo es Córina Dávalos que ayer presentó su primer libro de poemas en la Universidad de Navarra: Memoria del paraíso. Dice que empezó a escribir hace solo cinco años y por envidia. Ya quisiera yo que la envidia me diera tan buenos resultado. Ya lo he acabado, pero quiero disfrutarlo un poco más a solas antes de compartirlo (no dudo que lo haré). Solo una pequeña: "¿Qué es la esperanza sino memoria del paraíso?" y yo añado ¿Qué tiene la poesía que nos salva de la tristeza?

La locura de lo cotidiano

Los modernos tenían miedo del sueño frente a la vigilia. Los posmodernos, borachos de razón, temen con todavía más horror a la locura. Pero, ¿qué es la locura?, ¿escuchar a los pájaros cantar en griego?, ¿no encontrar otra salida a la desesperación más que el suicidio? Puede que el suicidio no sea la locura, pero sí una consecuencia directa. Como puede que esta entrada no sea más que una consecuencia indirecta de Las Horas. (Pero Dios está ahí, debajo sosteniéndolo todo, en medio, para que lo encuentres, detrás, esperando a que le busquen).

Es difícil encontrar respuestas cuando no se tienen preguntas. Esto ha comentado alguien aludiendo a la falta de inteligencia de los oyentes o incitándoles a despertarse, pero claramente sin entender una postura tan pasiva. Hay gente que es mas bien paradita, otra simplemente tímida y, algunas, claramente insípidas. Eso sí que me da miedo, volverme claramente insípida, insensible, irrisoria. Hace poco leí que el conformismo es un suicidio cotidiano. La vida, la vida! Ah, de la vida, que pasa y ¿qué pasa?

Dejo a Woolf y comienzo a leer Principios de filosofía del derecho de Hegel, a estudiar a Habermas, a ver en el telediario que quizá vendamos nuestra deuda económica a China (de esta forma las prohibiciones del gobierno, al menos estarían legitimadas por una dictadura a las claras), a preguntarme porqué hay gente que se aburre tanto que abre un blog para comentar vidas ajenas. La cosa no mejora, qué le vamos a hacer.

Las Horas

Hace poco llegué a las 200 entradas. Supongo que eso merecería ser celebrado, aunque no va a haber celebración. Me acabo de leer, también, La señora Dalloway de Virgina Woolf. Supongo que con lo que me ha costado leerlo también se merecería una celebración. Por eso hoy he visto Las Horas. Película que tiene como base la novela de Wolff, pero que en mi opinión la supera. 

“Alguien tiene que morir para que los demás aprecien el tesoro de la vida”, frase que dice el personaje de Virginia Woolf y sobre el que gira la novela y la película.

Podría hablarse durante horas de la película, pero creo que todavía tengo que digerirla emocionalmente y comentarla mucho para poder escribir algo con coherencia en este blog. No sé si será pronto.

C'est la vie!

¿Qué hacer en enero que no sea ir de compras? No soporto las compras y, mucho menos, las rebajas, las tensiones y los probadores. Supongo que, en realidad, lo que me pone nerviosa es sentir la tendencia  que hay en cada uno de vivir superficialmente, de vivir tan rápido de olvidarnos en vivir. O quizá sea que ya ha empezado mi último trimestre de carrera y mi vida de universitaria se acaba... Dicen que cuando estás acabando la carrera te da por hacer cosas raras... incluso por preguntarte qué es la vida.

Pero, ¿cómo saberlo?, ¿qué significa vivir de una manera no superficial? Yo no tengo respuesta a esto, pero Heidegger me ha conducido a un buen lugar. Si alguien las busca creo que le será muy útil leer Las Confesiones de San Agustín. Hace poco que lo he leído, de un solo tirón. No entiendo cómo he podido pasar tanto tiempo de mi vida sin hacerle caso. Si alguien quiere saber algo de qué es el amor, la amistad verdad, los sentimientos y la afectividad y, además de una manera cercana y rápida, debe pasar por este libro.

No es solo una conciencia que examina sus pecados, es un corazón abierto de par en par que llora de angustia, que se pregunta el por qué de su vida y anhela incesantemente la felicidad. Pero además no la busca solo para él, sino que el itinerario lo recorre junto con sus amigos. Amigos verdaderos, verdadero amor que les llevará hasta el Amor. Se trata de una historia real en las que se perciben las dificultades, las luchas, las tentaciones, las esperanzas, los miedos y las alegrías. En este contexto se entiende perfectamente la frase "es malo sufrir, per es bueno haber sufrido".

Tardé te leí, San Agustín, tarde te leí.

Inception

Vacaciones y cine siempre van unidos. Así que ahora toca los comentarios. Si no queréis perder el tiempo no veáis El príncipe de Persia, mucho mejor jugar al videojuego si se quiere pasar un buen rato. Tampoco es muy recomendable El escritor de Ponlanski, a pesar de los grandes actores y los contínuos planos en los que la música anuncia que va a pasar algo, lo cierto es que no ocurre nada hasta los últimos dos minutos. Dicen que no hay que buscar en esta película un transcurso de thriller político conspirativo, pues la experiencia será insatisfactoria y se verá interrumpida, antes casi de haber despegado, con un brusco final. Se trata de ver, sin embargo, el espíritu del director, reflejado en la opresión y el encierro que se transmite con la película.


Si queréis ver algo que realmente vale la pena que os haga disfrutar y que podáis comentar hasta saciaros conseguir ver Origen de Cristopher Nolan. El punto de partida y el de llegada es el sueño. Un contínuo juego entre sueño y realidad, entre la perfección de un guión y la maestría de efectos especiales bien logrados. Una banda sonora que provoca tensión y expectación a cada acción de los personajes, logra atrapar al espectador desde el inicio del filme. De la misma manera que Matrix marcó un antes y un después en el género de la ciencia ficción, creo que esta película da un paso todavía más allá y pone el listón muy alto.Y por si después de verla uno quiere aclararse con los niveles, quizá esto pueda ayudar:

Filosofía del presente


No quiero hacer un examen del año pasado, ni un listado de lo que me depara el futuro. Principalmente porque tiendo a olvidar todo lo que me ocurre y porque hoy  por hoy me agobia pensar más allá de cuatro meses. Lo cual me ancla vitalmente al presente. No hay nada que me interese más que el presente y eso hace que lo disfrute de una manera encantadora.

Tengo una ganas locas de comerme el mundo y, al mismo tiempo, de no moverme del sofá. La gente me pregunta por un gran futuro que no tiene porqué llegar. Mientras yo me deleito de la manera más sublime con la segunda temporada de Lost, estrenando el libro que me han traído los Reyes Magos: "Los Simpsons y la filosofía" y viendo nacer la noche. Me hecho adicta al atardecer. Y como no tengo cerca el mar, desde mi ventana veo morir el sol tras las montañas e incendiarse el cielo, para un minuto después sentir que el mundo sigue en pie. Solo interesa el presente. Solo me interesa llorar por cosas que valgan la pena y reír de lo más absurdo de la vida que es la vida misma.
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