Coger bien las olas

En agosto de 1914 , recién declarada la Primera Guerra Mundial, el explorado Ernest Shackleton y su tripulación comenzaron una expedición con el fin de atravesar a pie la Antártida. Sin embargo, antes de llegar al continente su barco, el Endurance, quedó atrapado en el hielo. Estuvieron un año sin poder moverse de allí, sintiendo cada día como las placas de hielo apretaban más y más la madera del barco.

Tuvieron que desalojarlo antes de ser arrastrados al fondo del mar helado. Pero no se hundieron sus esperanzas. Después de formar varios campamento salieron en tres botes en busca de la Isla Elefante. No era suficiente. Shackleton escogió a los cinco hombres mejor formados y decidió cruzar con ellos uno de los mares más peligros rumbo a South Georgia, un puerto ballenero, a 800 millas (1.300 km) para buscar ayuda. Cuatro meses después y tras varios intentos consiguió rescatar a unos hombres que hacía meses que sólo se alimentaban de carne de pingüino y foca. Sin embargo, cuando llegaron a Inglaterra no fueron ningunos héroes. Un país en guerra quería héroes muertos y no supervivientes que se habían librado de dos años de horror.

¿Por qué cuento esta historia? Porque hace poco he visto un documental sobre ello: "Atrapados en el hielo" y porque hoy he estado en la playa. Me he dado el primer baño del verano en el mar Mediterráneo. Bandera amarilla, no más de 20 grados. El viento azotaba las laderas inclinando de manera reverencial los pinos, levantando con fuerza el mar. Una ola tras otra, sin descanso. Introducirte en una ola es dejar de respirar, morir durante unos segundos y resucitar resurgiendo con el impulso de la siguiente. Coger una ola y dejarte llevar por sus aspas hasta la orilla es haber vencido al mar. Y tras un ataque sin tregua, llega la calma, la resaca, que es como encontrarse dentro de una casera recién abierta. Y conseguir salir y caminar y ver como las gaviotas intentan luchar contra el viento sin cambiar de rumbo, una esperanza.

¿Por qué cuento esta segunda historia? Porque estando en la playa me he acordado de esos hombres, de su lucha y de su victoria pasada por alto. Porque estando en el agua me he acordado de todas las olas que trae la vida, de todo lo que se lleva el mar, de todo lo que nos hunde y, al mismo tiempo, nos da el impulso que para levantarnos más alto. Sólo hay que coger bien la ola.

Por los alrededores


Me he dado cuenta de que llevo tres años viviendo en Pamplona y nunca he dicho nada sobre ella como ciudad. Tampoco lo voy a hacer ahora. Bueno, quizás, sólo unas pequeñas pinceladas sobre su situación geográfica. Lo mejor que tiene Pamplona es su ubicación: la misma distancia, hora y media en coche, para llegar a la frontera francesa, al Guggengheim de Bilbao y a para ver a la Virgen del Pilar en Zaragoza; una hora para tomar pinchos en Logroño y sólo tres cuartos para pisar la playa de la Concha en San Sebastián.

En esa misma playa comí el viernes. El sol no acudió a la cita, pero el mar nos esperó puntual. Al fondo "El peine de los vientos" de Chillida y, frente a ella como un desafío, "Constucción vacía" de Oteiza. Una ciudad con encanto, donde todas los edificios lucen un aspecto señorial, pero que contrasta con construcciones como el "Kursaal" de Moneo cerca del famoso hotel María Cristina, sede del festival de la Concha. Una ciudad donde se puede tomar un simple té en una callejuela del casco antiguo y la copa más exquisita en la terraza de la cafetería "La perla". Buscar libros en la Fnac a dos pasos de la Catedral gótica y perderse por el casco antiguo.

Nada como una ciudad construida en torno al mar. Otro día hablaré de Pamplona.

El final de la metafísica o mi final

Avicena cuenta cómo leyó hasta cuarenta veces la "Metafísica" de Aristóteles para enterarse bien. Aún así, muchos dicen que no se enteró de mucho. Pero es que Aristóteles no es un autor fácil. Yo puedo decir que somos el curso de Filosofía que más ha leído a Aristóteles: hasta cinco veces la "Ética a Nicómaco" y seguimos descubriendo cosas nuevas.

¿Por qué digo esto? Porque a veces hace falta reeler los libros varias veces para darte cuenta que no dicen lo que tú crees, sino que dicen lo que dicen. Y punto. Ayer me enfrenté a un nuevo examen de Ontología (estrené junio que es septiembre en el nuevo calendario de Bolonia). Lo que más me asustaba de ese examen era el libro de Alejandro Llano, "Metafísica y lenguaje". He de reconocer que la primera vez que lo leí no me enteré de nada (lo cual se reflejó perfectamente en mi nota). Ahora bien, a la tercera va la vencida. Hubo veces en las que pensé en el fianl de la metafísica, otras, en cambio, en las que pensé seriamente en mi final. Y, otras, me descubrí a mi misma interesándome por cuestiones acerca de la relación de Kant con Frege, la diferencia del primer y segundo Wittgenstein o de las posibles soluciones que podrían darse hoy en día para salir del entuerto metafísico en el que nos hallamos.

Como digo, a la tercera va la vencida o, al menos, eso espero. ¡Buen verano!

Pegados a la gran pantalla

Además de libros también están las películas. Debo reconocer que he visto mucho cine y, de vez en cuando, muy buen cine.

Empecemos por el cine clásico imprescindible, como es el de Rossellini y su serie sobre las desolaciones de la guerra: "Roma citta aperta", "Europa 51" y "Alemania, año cero". Siguiendo con el neorrealimo italiano hallé un gran descubrimiento, el director Vittorio De Sica, con películas tan dramáticas como "El ladrón de bicicletas" o tan inovadora y desternillante como "Milagro en Milán", la mejor de todas las mencionadas hasta ahora.

De lo que uno nunca puede escapar es de Hollywood. Desde las películas con fondo histórico-reivindicativo e historias muy bien contadas como "JFK", "El desafío. Frost contra Nixon", "Amazing grace" o "Valkyrie". Hasta el más puro estilo hollywudiense con venga de efectos especiales que te alteran el pulso cardiaco como puede ser "La sombra del poder" o "Eagle eye".

Aunque también hay algunas películas que están fuera del tiempo. En realidad de esto quería hablar. La única película que quería recomendar era la última que acabo de ver: "El erizo". La historia está basada en la novela de Muriel Barbery, "La elegancia del erizo", lo que ya dice mucho a muchos lectores. No voy a entrar en si es fiel al libro o no, porque creo que lo que se ha conseguido son dos obras que aunque están conectadas funcionan perfectamente por separado. La película, eso sí, mantiene la "Filosofía de servilleta", como lo denomino yo, que quiere decir profundas reflexiones en frases bonitas que quedarían bien incluso escritas en la servilleta de un bar. Vamos, que hay fondo, mucho fondo para tratarse del primer rodaje de la directora Mona Achache. Fondo, intimismo y poesía. Poesía en la vida de las protagonistas, en sus palabras, en cada uno de sus fotogramas y que estalla como un cañonazo al final. Aquí os dejo el trailer:


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