Con un libro entre las manos

Más de una vez he dicho que escribiría algo acerca de lo que estaba leyendo y con lo que tanto he disfrutado. Supongo que ahora toca cumplir las promesas lanzadas al aire.

Ya hablé de Tía Tula de Unamuno y de Roque six de López Rubio que me encantaron, pero se merecen una mención especial Nada de Carmen Laforet y El Jarama de Sánchez Ferlosio. Dos novelas que lo dicen todo entre silencios, entre frases cortadas en conversaciones banales, entre el espacio de las palabras. Últimas tardes con Teresa de Marsé o de El sur de Adelaida han pasado sin pena ni gloria. En cambio se hace un hueco entre los grandes Julián Marías. Debo reconocer, además, que hasta ahora no había leído ningún cuento, pero Medardo Fraile me ha hecho caer de mi pequeña burra para encandilarme con sus sorprendentes parodias de la vida (recomiendo vivamente "Un juego de niñas").
Del lado del ensayo resaltar El hombre y la gente de Ortega y Derecho y sentido común, siete lecciones sobre el derecho natural como límite al derecho positivo de Álvaro d'Ors. Sigo sin entender cómo me ha podido gustar tanto éste último, quizá sea por la claridad en la argumentación, por lo directo del pensamiento, pero así es. Saliendo un poco del ámbito español, he leído a Weber y a Carl Schmitt, más interesante pensar acerca de lo que dicen que leerlos directamente. Por otro lado, no puedo dejar de mencionar a Brentano y El origen del conocimiento moral y Hildebrand, Las formas espirituales de la afectividad, en los que se dan los primeros pasos de la fenomenología. Pasos que dejaron de recorrerse y que ahora, abiertos nuevos caminos, podrían volver a andar.

Por último, el último
libro que me he leído por puro placer es Alicia en el país de la maravillas... sí me he dejado arrastras por el efecto Burton y el apasionante mundo de Carroll, con las ilustraciones originales... ¡Qué manera de soñar! Próximamente: Alicia a través del espejo, ¿habrá que seguir al conejo blanco, no?

Partos, medos y elamitas...

Pienso que las mejores historias surgen mirando la realidad, que los mejores libros están escritos en la parada de un tren, en el asiento del metro o en la cola del supermercado. Quizá sea porque en esos momentos la vida nos rescata del secuestro voluntario de nuestro mp3, nos desengancha de nuestra dosis continua de móvil, quizá porque no hay nada más que hacer.

Así que me subí al Tram (un tranvía que comunica Denia con Alicante). La primera sorpresa fue reconocer la música de Vivaldi, de Mozart, de Schubert y de unos cuantos más que no reconocí como hilo musical. En los 110 minutos que duró el trayecto de ida y vuelta conocí a Walter un ecuatoriano que venía de Italia e intentaba ligar con una puertorriqueña rubio platino que también sufría de falta de papeles, estuve con una familia de ingleses que pasaban sus vacaciones en el Mediterráneo como delataban las quemaduras en su piel, también pasó por allí un cubano, una gitana, unos adolescentes al estilo "emo", unas francesas y alguna otra gente del lugar.

En esta inmersión multicultural lo más emocionante fue verme rodeada de tres mujeres tailandesas o quizá camboyanas o puede que malayas, perdón por mi falta de discernimiento. Una de ellas, la más joven, llevaba dos niños: un pequeño "shin chan" pequeño y redondo que no paró de jugar, su hermana mayor miraba afuera con sus ojos rasgados, que abría y cerraba como lo hacen en los cómics. Acercaba su cara al cristal y dejaba salir el aliento de su boca, después se alejaba y sorprendía de su propio vaho que le servía de pizarra interactiva. Una vez estuvo tanto tiempo exhalando que se durmió sobre su propio brazo apoyado en la ventana. Su madre en un idioma incomprensible para mí la despertó y la acercó hacia sí mientras su hermano seguía dando tumbos por el tram.
Pese a todas las diferencias, nacionalidades y etnias, como dijo Goethe, yo sólo vi hombres.

Lo años que pasan...

Todos los años acabo el curso con la sensación de que las asignaturas que más esperaba que me gustaran me han defraudado y con el pensamiento de no haber profundizado todo lo que podría en la carrera. Sin embargo, la sensación de tercero es completamente diferente. ¿Por qué? Todavía estoy intentando contestarme...

Quizá porque he aprendido a mirar un cuadro vanguardista (o a no desesperarme si no veo nada), porque he visto una película por semana (o dos y me parecen pocas...), porque he leído más novela que en toda mi vida (y he aprendido a leer entre líneas), porque hemos conseguido sacar el tema de Filosofía joven todos los martes (y a veces en menos de 30 minutos), porque he intentado llevar a la vez cinco blogs (y aunque no lo he conseguido ahora quiero hacer una página web)...

... porque me ha faltado tiempo para decir todo lo que quería decir (y ya se me ha olvidado), porque he descubierto la filosofía española, la fenomenología, que no toda la filosofía analítica es "mala" (y me he dado cuenta de todo lo que queda por investigar), porque he caido presa de mis preguntas, me he asustado con mi imaginación e intentado atacar mis prejuicios (y he conseguido reirme de todo ello), porque no he tenido que pensar las cosas dos veces antes de decirlas (porque ya las había pensado antes)...

... porque he llegado a no tener respuestas para todo (y no me ha importado).

Cambio de imagen

Sé que no es el mejor momento, pero ¿cuándo es un buen momento para un cambio de imagen? Las ideas hay que seguirlas cuando le vienen a uno. Si no les haces caso, luego se cabrean y tardan en volver.

¿Por qué "La Atenas del Arga"?

En las Reuniones Filosóficas escuché que así se había denominado alguna vez a Pamplona. Cuando el filósofo Eugenio d'Ors estuvo en Pamplona en 1938 reanudando su Glosario en el diario Arriba España, casi a diario tenía una tertulia en el café Niza a la que acudían los intelectuales, además también se reunían en su casa, en la llamada "casa de la sabiduría", por lo que Andrés Trapiello denominó a la Pamplona de esa época "La Atenas del Arga".

¿Será posible repetir algo así?

Reuniones Filosóficas

Por fin, un año más, se realizarán las XLVII Reuniones Filosóficas del 5 al 7 de mayo en la Universidad de Navarra. Este año estarán dedicadas a reflexionar sobre algunos temas filosóficos tratados por Hegel y que han tenido continuidad o particular repercusión en la filosofía contemporánea y en corrientes actuales de pensamiento.

"No se trata, por tanto, de un congreso volcado a la interpretación de diversos aspectos del pensamiento hegeliano, cuanto de ver la presencia de Hegel en la actualidad. Las Reuniones suponen en esta ocasión una invitación a leer a Hegel desde la perspectiva del pensamiento contemporáneo. La profundidad y originalidad de este filósofo marcan un antes y un después en la historia del pensamiento, cuya filosofía sigue fascinando a cada generación y en la que todos encuentran un desafío para la reflexión. Hegel sigue siendo hoy un foco de influencia tanto para la metafísica como para la filosofía política, la estética o la ética. Leer a Hegel supone siempre replantear los temas clásicos del pensamiento." Puede leerse en el programa.

Además vendrán ponentes tan interesantes como el Dr. Bernard Bourgeois de la Universidad de París-Sorbona, Dr. Günther Pöltner de la Universidad de Viena, el Dr. Henning Ottmann de la Universidad de Munich o el Dr. Rafael Alvira de la Universidad de Navarra.

Ya os contaré, después de examenes (o sea, a final de mes)...
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