Todo es novela, dolor y fiebre

Perdón por el retraso y por la espera, o por esperar que me esperaseis. Algún día contaré todo lo que está pasando y no se puede contar. Por eso he querido enmendar mi error con unas pequeñas notas sobre la dificultad de contar a partir de la lectura Tu rostro mañana. 1 Fiebre y Lanza de Javier Marías.

Tras la lectura de Javier Marías se acaba pensando que la mejor manera de expresar la dificultad de contar sería no seguir escribiendo ni una sola palabra, ni siquiera volver a abrir la boca nunca más con la intención de profesar algún sonido. Y, sin embargo, ¿por qué existe esa necesidad de preguntarnos por qué, esa necesidad de retener la realidad, eternizar el presente y, aunque nos duela no poder lograrlo, lo intentamos una y otra vez? Marías en el primer volumen de Tu rostro mañana, comienza intentando solventar este escollo, pronunciar una leve explicación que no explica nada, que seguramente duela a quien la escribe y de seguro inquieta a quien lo lee. Nada, nada puede decirse y constantemente estamos diciendo, tirando de la lengua y hasta metiendo la pata: “En el momento en que interviene la palabra, en el momento en que se aspira a que la palabra reproduzca lo acontecido, lo que se está haciendo es suplantar y falsear esto último.” Esta concepción cambiará en el capítulo segundo “Lanza” en el que se indica que, pese a lo dicho, sólo la palabra nos salva, que sólo el relato de nuestra vida nos permite vivirla.

¿Por qué nada puede decirse? Quizá habría que matizar que nada puede decirse con exactitud debido a la limitación de nuestro conocimiento, porque no poseemos nunca la información total de los elementos de la realidad, porque no recordamos todo lo pasado y ni siquiera acertamos a imaginar qué será del futuro. Entonces, ¿qué ocurre con la Historia?La Historia no es más que relato, toda historia relatada está novelada que, por supuesto, no tiene nada que ver con inventada: “Cualquiera que se dedique a contar algo cierto, algo pretendidamente verídico, algo ocurrido o acaecido, sea un cronista, un historiador, un memorialista, un biógrafo, será siempre susceptible de ser corregido, enmendado, aumentado o desmentido."

Y si todo es historia, relato y, de alguna manera, ficción, ¿dónde queda la verdad? En analogía con el conocimiento podríamos decir que la verdad en el relato está cuando se adecua con lo que realmente pasó, pero no en todo lo que contamos existen testigos que verifiquen que fue así y, en la mayoría de los casos, la verdad es que ni los necesitamos. Sin embargo, intentamos ser lo más fidedignos posibles, pues si no, no estaríamos desarrollando todo este excurso acerca de la dificultad de contar. Si aceptáramos la falsedad como posible todo sería más bien fácil y todo iría perdiendo su valor. Nuestro relato vale proporcionalmente el crédito que le dé el espectador. De hecho no podemos dejar de hacerlo, estamos continuamente presuponiendo que a quien escuchamos o leemos nos está diciendo algo de verdad, si presupusiéramos la mentira no atenderíamos más que a esperar el momento de marcharnos.

4 comentarios:

Marcela Duque dijo...

Good to see you again. Sí que te esperábamos. Me ha gustado mucho la entrada... al fin y al cabo es la eterna discusión que tengo conmigo misma.

Nicolás dijo...

Muy buena entrada, sigue escribiendo aunque algunos comentarios no sean muy favorables.
Dime qué te parecen Mis Ideas

Raquel dijo...

Marcela,

No puedo decir que no me acordé de ti y de nuestras conversaciones al respecto cuando lo escribí.

Creo que es "la" discusión eterna...

Un abrazo!

Raquel dijo...

Nicolás,

Gracias por tu comentario, me ayudó darme cuenta de muchas cosas que pasaban y que no estaba viendo.

Eres muy bien recibido.
Un saludo!

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