Conversaciones peripatéticas

Yo quería escribir acerca del último descubrimiento novelesco que he hecho: Pérez de Ayala y su "Tres novelas poemáticas", sobre todo, Prometeo, pero no. También acompañar a Ortega en la teoría estética-social que desarrolla en "La deshumanización del arte". Cumplir mi promesa de hablaros de Hildebrand, que ya me he enterado que es un fenomenólogo que analiza las formas espirituales de la afectividad y que dice cosas tan interesantes como esta: “Mientras los patrones de toda la afectividad sigan siendo las pasiones, mientras se siga considerando cualquier respuesta afectiva a la luz de la pasión, estamos condenados a malinterpretar la parte más importante y auténtica de nuestra afectividad”. (El corazón, p.82).

Me encantaría poneros vídeos de las últimas películas que he visto, que me han encantado y que recomiendo. Sobre el nacismo: "Roma citta aperta" de Rossellini y una versión hollywoodense acerca del mismo tema: "Valkyrie" y, por último, otra reivindicativa, esta vez sobre la esclavitud: "Amazing grace".


Sin embargo, me veo en la necesidad de retroceder veinticinco siglos y encerrarme a estudiar la justicia y la libertad en Platón. Un tema muy actual, por otra parte, ya que la democracia sigue dando los mismos problemas de adolescencia que cuando nació. En uno de nuestras conversaciones peripatéticas con mi compañero ateniense hablaremos acerca de que Turquía entre en la Unión Europea, que no creo esté muy de acuerdo con la crisis económica que sufren los griegos. Le preguntaré además que piensa sobre la propuesta de Aguirre de que el Gobierno ceda dos ministerios para paliar la crisis, seguro que en esto sí está de acuerdo... para feminista él.

Desayuno de oración y otras indigestiones

Oración o plegaria, según quien lo diga, porque las palabras lo dicen todo. No quiero hablar de la incongruencia que supone que el laicismo militante de nuestro estimado presidente participe en un desayuno de oración promocionado por "La familia", como se llama en EE.UU. Tampoco me sorprende que haya utilizado su discurso para "rezar" por los parados, los inmigrantes y las personas homosexuales, me parece de lo más coherente. Tampoco que en el uso de la libertad que tanto proclama haya pronunciado su discurso en español... con dos narices y ¿qué pasa? Obama es su colega, seguro que no se molesta y como hispanohablantes deberíamos estar muy contenticos de que se exprese en "la primera lengua en la que se rezó al dios del evangelio".

Sin embargo, no quiero hablar de nada de eso, sino resaltar unas palabras que seguramente pasarán inadvertidas (discurso íntegro): "La libertad es la verdad cívica, la verdad común. Es ella la que nos hace verdaderos, auténticos como personas y como ciudadanos, porque nos permite a cada cual mirar a la cara al destino y buscar la propia verdad." (...) Ya sea con una dimensión trascendente o cívica, la libertad es siempre el fundamento de la esperanza, de la esperanza en el futuro. "Por la libertad, así como por la honra -se dice en El Quijote, la obra literaria más importante escrita en español- se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos...".

A mí me da lo mismo a quién rece Zapatero y si quiere hacerlo desayunando o cenando, lo que me preocupa es que al rechazar a Dios se esté elevando el Estado a los altares y vaya a ser éste quien nos haga Libres, donde encontremos la Verdad o la Trascendencia. ¡Bendito y alabado sea el Estado! (Que Dios nos pille confesados).

Valle-Inclán, Azorín y Unamuno

Hace tiempo que no hablo de libros o, quizás, es que ahora estoy leyendo más y necesito hablar de ellos. Leí a Valle-Inclán, pero no su parte esperpéntica, que es la que me gusta, sino la modernista de las Sonatas: Sonata de Primavera. Sin embargo, el concepto del quietismo, de eliminar el tiempo de sus estampas, de pintar con la escritura es excepcional. Cromatismo y sensualismo que raya lo profanatorio tampoco faltan.

Otro libro ha sido Castilla de Azorín. Una radiografía de España, pequeña literatura de viaje a modo de glosas que él llama "cuadros". Cuadros, porque también pinta cuando escribe. Grandes panorámicas que se van acercando hasta el más mínimo detalle, dando mucha importancia al alma de las pequeñas cosas y desarrollando las ideas, hasta ahora desconocida para mí, del concepto nietzschiano del eterno retorno. Destacar el "cuadro" titulado Las nubes: las nubes son ideas condensadas por el viento que vuelven una y otra vez sobre nosotros... y muchas cosas más que no caben en este blog.

Ya por último: Unamuno y La tía Tula. Fascinante el personaje de la tía Tula. Fascinante como Unamuno sabe hacer héroes a sus personajes y condensar toda su filosofía en un par de diálogos. De los tres es el libro más novelado, es más ágil de leer, pero tiene en común la reflexión sobre el tiempo: unas ansias locas de perdurar en el tiempo, de hacerse inmortal en y por el texto. En la novela se habla sobre ello, pero es que, a su vez, Unamuno vive en el tiempo a través de sus personajes y, al leerlas, se hace inmortal en cada uno. Lo ha conseguido, al menos, mientras sigamos leyéndolas.


Ahora: El hombre y la gente de Ortega, otro rollo, pero también fabuloso, ya contaré.
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