Derribando muros

Quería haber seguido comentando mis descubrimientos orientales, rendir homenaje a la caída del muro de Berlín, comentar cómo algunos quieren hacer creer que estuvieron, reivindicar lo lejos que está de una dictadura, por mucho que lo diga un presidente del gobierno y lo diferente que es de otros muros orientales por muchos que se empeñen en decirlo.

Decir "quería" implica que ya se ha pasado el tiempo de seguir hablando de ello. Ahora estoy en otra zona de España donde los problemas son otros. Paso varios días en el hospital. Me gustaría hacer una encuesta, aunque fuera informal, sobre cuánta gente está acompañada, sobre cuánta gente no se encuentra sola. La soledad es la peor enfermedad y la única que no puede ser superada por uno mismo.

Vuelvo al pueblo y me encuentro con Hasam, es del norte de Marruecos, tiene una carnicería a la que suele acercarse toda la comunidad musulmana. Gran parte de lo que gana se lo envía a su familia y el resto se lo gasta llamando por teléfono en el locutorio que está en la misma calle. Hay diez cabinas y, sin embargo, siempre hay gente esperando. Esperando derribar el muro de su soledad.

2 comentarios:

Philip Muller dijo...

Bravo.

Hay tantos muros. Tal vez el primero es el de la ignorancia e indifencia frente a situaciones como estas, ¿no?

Raquel dijo...

Hay que empezar por derribar los muros que cada uno nos formamos, después los que nos forman alrededor...

Derribar, superar la incertidumbre sobre lo que habrá al otro lado. La cuestión es cómo hacerlo, ¿no?

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