La crisis ninja

Me he prepuesto un reto. Aprender algo de lo que no sé, de lo que no sé nada. Este grupo es inmenso, pero en esta entrada se concreta en la economía. Siempre había pensado que podría vivir sin entender sus entresijos, pero ahora quiero comprender el por qué de la crisis y para eso me aconsejaron "La crisis ninja y otros misterios de la economía actual" de Leopoldo Abadía, que es un señor que como yo no tenía ni idea de economía, pero que se puso a investigar y descubrió un montón de cosas. Que no fuese economista es lo que más me atrajo y lo que más estoy disfrutando, porque el libro se entiende. Reflexiones pequeñas sobre grandes temas que van más allá de teorías de mercado e inflaciones monetarias. Le dejo hablar a él:

"Es importante hablar claro. Y creo que esta crisis es una crisis también de comunicación, además de imprudencia, avaricia, soberbia y confianza. (...) Y para hablar claro hay que entender lo que se dice. Y para entender lo que se dice hay que tener criterio. Y para eso hay que tener sentido común y evitar el bombardeo de información. (...)

Por todos estos motivos, esta crisis tan gorda debería alumbrar una nueva forma de entender el día a día. Porque hemos llegado a a la situación en que ni unos ni otros saben la dimensión real de la crisis, y también desconocen por qué ha sido causada realmente. Tan sólo sabemos que estamos mal y que hay que hacer algo. (...)

Creo que, además de ser esta una crisis financiera y de confianza, es sobre todo una crisis de decencia. Porque más de uno se ha enriquecido provocándola. Porque creo que el dinero es irrecuperable. Porque nos han metido a todos en ella. Y porque creo que con el "vale todo" que desde hace unos años se promueve a todos los niveles en la sociedad, damos cancha a que realmente valga todo y sucedan estas cosas".*

* Abadía, Leopoldo. La Crisis Ninja y otros misterios de la economía actual. Espasa Calpe 2009. Pág. 53-55.

Tributo al filósofo desconocido

"Porque yo nací en el Mediterráneo" así instauró Joan Manuel Serrat la forma más correcta de mencionar mi lugar de origen. Allí he pasado unos días disfrutando de su luz intensa y su agua salada. Pero no todo en la costa es chiringuito, hay mucho por ver.

Y entre todo lo que se puede escoger no se puede dejar escapar la oportunidad de contemplar al Discóbolo de Mirón que se encuentra actualmente y hasta octubre en el MARQ (museo arqueológico de Alicante: marqalicante.com). La muestra resulta de una exposición itinerante ideada por el British Museum titulada "La belleza del cuerpo".


De las 125 piezas que se pueden ver en la exposición, dos me llamaron especialmente la atención. La primera, el Discóbolo por ser el mejor representante de la belleza, mezcla de armonía y geometría, y la segunda, el denominado "filósofo desconocido". A mí esto me sonó a una especie de homenaje a todos los pensamientos sin autor, como si de soldados caídos en guerras inhóspitas se tratara.

Un paseo por el mundo antiguo que tanto se parece al nuestro, pero que tanto hemos olvidado.

Viaje a la realidad

Me encanta viajar. Me encanta viajar y encontrarme con gente con la que nunca coincidiría y conocer sitios que nunca hubiese pisado y perderme en ellos para luego volverme a encontrar y sorprenderme al verme. Me encanta no porque todo lo que encuentre sea siempre gratificante, feliz, ideal... sino porque es la realidad.

Ayer por la noche presencié un suceso de los que deben ocurrir cientos. Dejé mi maleta y subí al autobús. Delante de mí había cinco musulmanes y una mujer musulmana con un bebé. Parecía que todo estaba en orden hasta que a la mujer que controlaba el número de pasajeros le pareció que llevaban demasiado equipaje. Es cierto que llevaban bolsas además de las maletas, pero una parte del maletero seguía casi vacía.

Les hizo bajarse y les obligó a abandonar algunas de esas bolsas en la misma estación. Ante el enfado del cabeza de familia llegó el guardia de seguridad, y mientras observamos la situación desde la ventanilla del autobús que había a cada lado de la discusión, la amable señorita se puso en contacto con la policía. Yo sólo pensaba en mi pequeña maleta que podría compensar la excesiva carga de otros y me preguntaba si esa situación hubiera llegado a ocasionarse de ser los integrantes del mismo pueblo de la tipa.

El chofer, que todavía no había mediado palabra, cortó el problema aludiendo al retraso acumulado. Se cerraron la puertas, las maletas quedaron en el interior y ellos consiguieron subir increpando en un idioma que no llego a acertar cuál es y del que sólo se desprendió algún insulto y la palabra racista.

No sé si fue racismo lo que le llevó a aquella mujer a actuar de aquella forma, sé en cambio que aquello sí provocó en este grupo un sentimiento de dolor que espero no se traduzca en racismo. Sé que juzgamos muy pronto y que cuando uno se cree por encima del resto, cree tener derecho a perder la educación. No nos fijemos tanto en las maletas como en la dignidad que tiene toda persona.

Nueva sensibilidad

De lo malo siempre se puede sacar algo bueno. Incluso de las peores películas puede hacerse una buena crítica cinematográfica. Sin embargo, con "Appaloosa" resulta francamente difícil. El film dirigido, producido e interpretado por Ed Harris narra la típica historia de western americano.

Si nos fijamos en la interpretación de los actores, todos grandes estrellas de cine, en el juego de cámaras, en los escenarios, etc. debemos otorgar una puntuación alta. Pero si, en cambio, nos interesa la trama, el guión, la historia quedaremos decepcionados. Cuando comencé a verla pensé que iba a tratar sobre el problema de poderes, es decir, como cuando en un Estado (en este caso el pequeño pueblo) se carece de un gobierno acaba imponiéndose la ley del más fuerte y como esa ley se endurece cuando se ve amenazada por otro todavía más fuerte. Hasta aquí mis expectativas eran altas, pero apareció "la chica" y todo cambió de rumbo.

No os procupeis porque aunque no os voy a contar el final, no os destriparía nada. Sí cabe una última reflexión, puesto que si algo nos escandaliza de estas películas es la facilidad que tienen para dispararse todo el rato y dejar el cadáver en el suelo sin ningún remordimiento. Ahora nos preguntamos cómo podría ser aquello. En cada época las sociedades han tenido más sensibilidad con ciertos aspectos de la vida: en la Roma clásica no estaba mal visto abandonar a los niños en la plaza de la ciudad o durante muchos siglos esconder a los niños que nacían con malformaciones.

Esto nos parece salvaje e indigno, propio de gente poco civilizada. Sin embargo, dejamos carta blanca a procesos eugenésicos o abortivos que no es más que una manera más refinada de hacer lo mismo. Dentro de no mucho tiempo nos mirarán con los mismos ojos escandalizados con que vemos appaloosa o, como me comentó alguien, con el desprecio con que miramos a los nazis.

Juegos de niños

Ayer estuve saltando a la comba desde hace no sé cuántos años... Salté como si no fuera a jugar nunca más. El motivo de comenzar a jugar carece de sentido, lo importante es lo que me hizo pensar. Quizá sea porque me acabo de leer "Filosofía de la vida cotidiana", de Rafael Alvira y se ha despertado una fuerte curiosidad por lo que tiene de filosófico hasta lo más pequeño, quizá sea que soy así y no hay remedio.

La cuestión es que pensé en todo lo que se debate hoy sobre la educación infantil, como se prohiben carteles publicitarios y no programas de televisión, como nos apesadumbramos porque los niños ya no salen a correr a la calle y permanecen encadenados a la pantalla del ordenador. Podemos pensar que es triste que se pierdan los juegos de siempre: el escondite, el pollito inglés, la comba... Mientras la factoría multimedia recibe ingresos millonarios. Sin embargo, el problema es mayor: radica en que estamos dejando que se pierdan esos juegos, la existencia de los juegos depende de su uso, si no caen en el olvido y quedan sólo en la memoria de los abuelos.

Las generaciones siguientes se acostumbrarán a juegos en 3-D, con tramas y bandas sonoras increíbles, tanto que la vida real se convierta en monótona e insulsa. Habrán perdido la capacidad de asombrarse con una pelota nueva, de descubrir la grandeza de lo pequeño cuando crezcan. Pero cómo van a descubrirlo si somos nosotros los primeros que nos hemos olvidado de aquellos, que llenamos su cuarto con videojuegos.

Esto me recuerda a la disertación que hace Wittgenstein acerca de qué es un juego. Sin embargo, no quiero irme tan lejos: recordemos nuestros juegos infantiles y trasmitámoslos jugando con ellos.

"Promises"

Dicen que los niños nunca mienten y quizá sea esa la razón por la que es tan duro oírles hablar de temas tan duros como la guerra o el terrorismo. Sin embargo, nunca solemos preguntarles su opinión.

Pero siempre hay excepciones. En esta ocasión han sido Justine Shapiro y B.Z. Golderg quienes se han atrevido a realizar el documental Promises, en el que llegamos a conocer lo complicado que es crecer en medio del conflicto internacional de Oriente Medio a partir de los testimonios de siete niños (de 9 a 13 años). El documental muestra las diferentes partes del conflicto, se escucha desde un judío ortodoxo hasta un musulmán radical, pasando por distintas voces que desean la paz.

Hablan del conflicto, se ven claramente las dificultades que tienen para comunicarse, pero si algo muestran con crudeza es como esos niños están siendo moldeados y presionados ideológicamente por los adultos, lo que, sumado a una separación total entre judíos y palestinos, hace imposible crecer sin un odio feroz hacia el otro "bando".

Promises más que un documental es un proyecto en el que se intenta unir a niños de las dos partes para que se den cuenta de que no son tan diferentes y que ambos desean la paz. El encuentro es una de las partes más emocionantes. Sin embargo, hacen falta muchos más para poder alcanzar una solución.

Un canto a la esperanza, una bofetada moral para los adultos, un grito de ayuda a la humanidad. Shalom!
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