Cuatro notas imperfectas de una pequeña viajera

No hay cosa que me produzca a la vez más alegría y pena que acabarme un libro. Sin embargo, no hay contradicción, al más estilo hegeliano la unión de la afirmación y negación es superada y es la que me empuja a coger de nuevo otro libro. En este caso el libro en cuestión es "Las confesiones de un pequeño filósofo" de Azorín.

Cuando leí el título pensé que con "pequeño" quería aludir a cierta humildad en la exposición de su filosofía. En cierto sentido es así, pero de una manera más literal. El autor cuenta cómo veía las cosas cuando era pequeño y al final del libro expone su filosofía de las cosas pequeñas. El libro no posee una gran calidad literaria, pero demuestra la gran observación de la tierra española.

Desde hace dos años hago periódicamente un recorrido, que para mí ya se ha convertido de lo más usual: Alicante/Benidorm - Pamplona con una parada cerca de Monforte del Real para comer. El viaje lo suelo hacer sola así que tengo el suficiente tiempo como para captar los contrastes que se producen entre el Levante y el Norte.

Es cierto, como dice Azorín, que en los pueblos el tiempo parece que pase más lento, porque no hay nada que hacer. Tampoco quiere decir que necesariamente se disfrute más de las cosas, pero quizá sea la cercanía del mar la que despeje la mente, la que frente a su inmensidad se tengan más en cuenta las pequeñas cosas.

En cambio, la zona interior ofrece la mayor variedad de juegos entre montañas y campos desérticos por los que parece que nunca nadie ha pasado. El aire que se queda entre los montes, que es movido por los molinos, que atraviesa los campanarios y se recuesta en el maiz es seco. Dicen que ese aire es el que volvió loco a Don Quijote, o quizá fuera el sol del que no hay lugar donde esconderse.

Si tuviera que resaltar algo del Norte sería su verde, sus verdes fuertes, claros, claroscuros y amarillos que también rugen como el mar. Mientras uno rompe contra la roca de la orilla, el otro estalla en bandazos de madera contra el suelo, contra la lluvia imprevisible como ella sola. Y después de la tormenta la calma que no debemos de perder allá donde estemos, porque quizá sea ella la que haga que verdaderamente disfutemos de las grandes y pequeñas cosas.

5 comentarios:

Ángel dijo...

Gracias por tu visita. Bueno tu blog, te visitaré con más frecuencia.

Jaime Nubiola dijo...

Estimada Raquel,

Gracias por tu comentario! Me sorprende eso que dices de que el libro no tiene gran calidad literaria. Quizá lo que querías decir es que no tiene grandes pretensiones literarias, pero Azorín escribe siempre —me parecea mí— magníficamente.

Afectuosamente,

Jaime

Raquel dijo...

Gracias a ti Ángel, espero tus visitas.

Respecto a lo que dices Jaime, estoy de acuerdo en que Azorín es uno de los grandes, sin embargo, no me parece que sea precisamente por este pequeño libro.

Pero como él mismo dice en lo pequeño está la magia...

Tatharmith dijo...

Con lo bien que se debe estar ahora en Pamplona en verano sin el calor y la humedad que hace aquí en Alicante :) Yo haría el viaje pero al revés.

Raquel dijo...

En verano hace calor en todos sitios... y con el calentamiento global esto se extenderá a todo el año. Al menos en Alicante está cerca el mar.

Un saludo!

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