Días negros de sol

Hay veces que lo fácil se hace difícil y aquel problema que creías ya resuelto renace de nuevo. No hay día que no nos levantemos con titulares llenos de desgracias. Cuando no nos ataca la gripe A (NH1Pi3'14...), el fuego obliga a evacuar a pueblos enteros o en el peor de los casos alguien decide que nuestra vida tiene menos valor que unos ideales y somos víctimas de un atentado terrorista.

Las desgracias ocurren y, a veces, lo hacen inesperadamente, sin embargo, otras muchas, pueden ser evitadas. Si levantarnos con esas noticias ya hace que se ensombrezca el día, cuando nos enteramos que el incendio fue provocado, que la bomba mato a dos inocentes, pero quería matar a muchos más... entonces el día no sólo se oscurece sino que termina lloviendo y calándote hasta los huesos.


Nos sorprendemos de que países extrajeros (como ha sido el caso del Reino Unido) avisen a sus ciudadanos de que España es un lugar peligroso contínuamente bombardeado. Nos sorprende que se alarmen tanto porque nos hemos acostumbrado a convivir con asesinos. Espero que estos ataques terroristas no sirvan para acabar con nuestra sensibilidad, sino para unirnos más fuerte con el fin de acabar absolutamente con ellos y poder tener la esperanza de que el día luzca a pleno sol.

La falta de sentido

Hace alguna semana comenté y, vuelvo a reafirmarme en ello, que terminar un libro es una de las mayores satisfacciones de esta vida. Yo lo he vuelto a sentir al acabar el "Werther" de Goethe, la obra emblemática del Romanticismo europeo y refugio de todos los enamorados sin esperanza. En esta novela epistolar se narran las desventuras, penas, sufrimientos y amarguras del joven protagonista que padece, hasta el suicidio, por el amor imposible que siente por Carlota, mujer ya comprometida.

Una novela romántica, pero no romanticoide como se entiende hoy en día. Todo lo que se refiera a "amor" se asemeja con un sentimentalismo aberrante y lágrimas por todos lados. Es cierto que Werther llora y padece hasta que, ciego, no de amor, sino de desesperación, decide que el mejor camino es el suicidio. Pero el gran error de Werther es creer que una vez perdida la razón (no el amor) por el amor, la vida pierde su sentido.

Pero si algo ha perdido su sentido en nuestros días son los conceptos de la vida y el amor (véase el auge del aborto y del divorcio, por ejemplo), cuanto más se ensalzan, más se manosean y, finalmente, más se menosprecian. Hacen falta buenos libros que reconstruyan el camino perdido. Yo, mientras, me voy dando cuenta de que si algo me gusta más que acabar un libro es empezarlos todos. Empezar sin compromiso, sólo para que él me cuente qué cuenta, pero sin que luego me pida cuentas si no lo termino.

Libros empezados recientemente: "Filosofía de la vida cotidiana", Rafael Alvira; "Soledades", Góngora; "La elegancia del erizo", Muriel Barbery; "Las mujeres, que leen, son peligrosas", Stefan Bollmann... hummm.

Remakes

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero que no hay dos sin tres ni una buena película sin "remake". Esto es lo que sucede con "12 hombres sin piedad" recientemente remakerizada en una versión rusa: "12".

El argumento es el mismo. Un jurado, 12 hombres, una votación... Todo parece claro hasta que uno de ellos crea una discrepancia. Ante la mayoría que declara unánimente que es culplable uno se ve impulsado a votar inocente con el fin de argumentar si ese hombre debe pasar toda su vida en la cárcel o no. La decisión está en sus manos.

El hilo conductor es igual en las dos películas sólo que en la nueva versión el juicio parece una excusa para contar la verdadera historia: la guerra contra Chechenia y el sufrimiento del pueblo ruso. Creo que sólo si se mira desde este aspecto puede entenderse y apreciarse la película, puesto que si sólo se compara, ésta sale perdiendo.

No es fácil hacerse una idea de la historia reciente de Rusia, de sus colvulsiones interiores y de las repercusiones que ha dejado el comunismo en la vida de las personas. Conozco a varias personas que han ido recientemente y lo que más sorprende es que bajo la apariencia de país democrático subyace una considerable falta de libertad difícil imaginar. A veces la realidad supera a la ficción.

¿La Filosofía es complicada?

Hoy en día hay un pensamiento muy generalizado de que la Filosofía es algo complicado, abstracto, difícil, que incluso no tiene nada que ver con el mundo y que se contrapone tanto a la ciencia como a la fe. Esto muestra una falta de conocimiento acerca de la historia de la Filosofía y de lo que es realmente. Este pensamiento es tan generalizado que llega a los propios filósofos que a veces nos creemos poseedores de la verdad cuando podemos estar muy lejos de ella.

Y ¿cómo saber si estamos en la verdad? A este respecto me ha parecido muy interesante leer la encíclica de Fides et Ratio de Juan Pablo II. La cual recomiendo a todos aquellos que quieran saber más acerca de la relación necesaria que se da entre la fe y la razón, y lo que dice la Iglesia al respecto. Una lectura que debe hacerse sin prejuicios y que puede ayudar a comprender con mayor profundidad problemas de la sociedad actual y que apunta de una manera clara a soluciones que nos toca dar a nosotros.
Por otro lado, recomiendo un reportaje interdisciplinar sobre neurociencia. El profesor de la Complutense de Madrid, Giménez-Amaya y el profesor de Filosofía de la Universidad de Navarra, Ignacio Murillo, aportan tesis muy interesantes acerca de la relación mente-cerebro. No he encontrado el vídeo en la web, así que recomiendo a quien quiera enterarse del problema el libro de la Metafísica de la mente de Kenny.

¿Es lo mismo o no? ¿El hombre se reduce sólo a materia? ¿Estamos determinados? Estas y otras muchas preguntas están actualmente en debate, pero si algo queda claro después de escuchar a los profesores mencionados es que la cooperación entre la perspectiva biológica y filosófica permite a la neurociencia escapar al reduccionismo y concede a la filosofía nuevas preguntas y nuevos conocimientos que completan nuestra visión del mundo.

Cuatro notas imperfectas de una pequeña viajera

No hay cosa que me produzca a la vez más alegría y pena que acabarme un libro. Sin embargo, no hay contradicción, al más estilo hegeliano la unión de la afirmación y negación es superada y es la que me empuja a coger de nuevo otro libro. En este caso el libro en cuestión es "Las confesiones de un pequeño filósofo" de Azorín.

Cuando leí el título pensé que con "pequeño" quería aludir a cierta humildad en la exposición de su filosofía. En cierto sentido es así, pero de una manera más literal. El autor cuenta cómo veía las cosas cuando era pequeño y al final del libro expone su filosofía de las cosas pequeñas. El libro no posee una gran calidad literaria, pero demuestra la gran observación de la tierra española.

Desde hace dos años hago periódicamente un recorrido, que para mí ya se ha convertido de lo más usual: Alicante/Benidorm - Pamplona con una parada cerca de Monforte del Real para comer. El viaje lo suelo hacer sola así que tengo el suficiente tiempo como para captar los contrastes que se producen entre el Levante y el Norte.

Es cierto, como dice Azorín, que en los pueblos el tiempo parece que pase más lento, porque no hay nada que hacer. Tampoco quiere decir que necesariamente se disfrute más de las cosas, pero quizá sea la cercanía del mar la que despeje la mente, la que frente a su inmensidad se tengan más en cuenta las pequeñas cosas.

En cambio, la zona interior ofrece la mayor variedad de juegos entre montañas y campos desérticos por los que parece que nunca nadie ha pasado. El aire que se queda entre los montes, que es movido por los molinos, que atraviesa los campanarios y se recuesta en el maiz es seco. Dicen que ese aire es el que volvió loco a Don Quijote, o quizá fuera el sol del que no hay lugar donde esconderse.

Si tuviera que resaltar algo del Norte sería su verde, sus verdes fuertes, claros, claroscuros y amarillos que también rugen como el mar. Mientras uno rompe contra la roca de la orilla, el otro estalla en bandazos de madera contra el suelo, contra la lluvia imprevisible como ella sola. Y después de la tormenta la calma que no debemos de perder allá donde estemos, porque quizá sea ella la que haga que verdaderamente disfutemos de las grandes y pequeñas cosas.

Historias difíciles

Hay historias que no acababan, otras que nunca llegan a empezar y otras que de tanto repetirse parecen eternas. Hoy es 4 de julio, día de la Independencia americana. Miles de norteamericanos comerán pavo y llorarán al escuchar el himno de la nación. Hoy también habrán seguido llorando miles de niños en Irak.

Hace pocos días tropas norteamericanas se retiraban del territorio. Ese mismo día se proclamaba el Día de la Soberanía Nacional iraquí. La comunidad internacional alababa a la administración de Obama, que parece el nuevo héroe nacional. Sin embargo, ¿qué pasará ahora? Los militares se lavan las manos una vez cruzan la frontera.

Hoy mismo leemos como la comunidad internacional pide una intervención en Honduras en favor de la "Democracia", pero ¿qué democracia es aquella que se mantiene en poder de unos poco hombres corruptos? Nos hemos lanzado a juzgar quienes son los malos sin saber realmente qué esta ocurriendo y hay cosas que no se solucionan en una tertulia de domingo por la tarde.

Muchas historias, difíciles soluciones. Para entender mejor la dificultad a la que me refiero recomiendo la última película que he visto: "¡Oh, Jerusalén!". Una película de Elie Chouraqui basada en la novela de Dominique Lapierre y Larry Collins que cuenta la trágica historia de la convivencia y posterior guerra entre judíos y árabes en Jerusalén. El mundo tomó una decisión y no quiso intervenir en las consecuencias... cuándo aprenderemos.
Paperblog : Los mejores artículos de los blogs