Una verdad autentica

¿Qué es la verdad? El punto de partida de Austin es la crítica a los filósofos que supusieron que la única relevancia de un enunciado es describir algún estado de cosas o enunciar algún hecho. Él desarrolló unas tesis lingüísticas que han tenido mucha relevancia, pero en la que no me detendré. Me interesa desarrollar la reflexión de Austin e ir un poco más allá. Así podríamos preguntarnos por qué decimos lo que decimos. Hablar por hablar, aunque se estile mucho, no tiene mucha lógica. Normalmente no hablamos con la intención de enunciar verdades, sino que más bien intentamos no decir mentiras, que no es lo mismo. La verdad, si existe algo así, debe tener un carácter universal, es decir, independiente de las circunstancias, de la audiencia y de los propósitos individuales. Sin embargo, esa no es nuestra manera corriente de hablar como bien sabía Austin a la hora de formular su teoría de los actos de habla.

Hablamos de según qué temas teniendo en cuenta el lugar, las personas presentes y lo que queremos conseguir. Y es por eso que continuamente oímos escándalos, como el que cierta catedrática provocó al denominar de tal manera a cierto colectivo o el de la solución a la crisis anunciada por tal político. Resulta un escándalo porque se dijo en un auditorio o en un medio público con la intención de convencer. Se considera habitualmente que si lo hubiesen dicho en la intimidad de un café no hubiese pasado nada. Sin embargo, considero que si se critican esos comentarios no es sólo por el sitio donde se pronunciaron, sino porque el contexto e intención tenían visos de verdad.

En la época contemporánea hemos sufrido un movimiento pendular hacia el extremo individual, hacia un pragmatismo mal entendido. Hoy en día se tiene más en cuenta si el enunciado se adecua más a lo que quería decir la persona que a la realidad. Pensamos continuamente en el contexto y la audiencia más que en la verdad. Frente al auge de relativismo y escepticismo la verdad se ha desdibujado y ha perdido su valor. Ya no importa si dijo la verdad, sino si consiguió lo que quería. Ahora no se valora que alguien diga la verdad, porque se presupone que nadie la dice, quizá porque no sabemos como encontrarla.

En oposición a la verdad, palabra que se ha cargado de connotaciones peyorativas, por ser el estandarte de cualquier fundamentalismo, se valora la autenticidad, que ha ascendido a los más alto escalafones. En principio parece que algo autentico tenga que ser algo verdadero, sin embargo, cuando se piensa que es imposible demostrar qué es la verdad gana terreno lo autentico, es el nuevo eufemismo de verdad. Austin afirma que la solución del problema de la verdad no debe ser buscada en una simple distinción de "verdadero" y "falso", sino que se ha de basar en el establecimiento crítico con respecto a cada tipo de acto ilocucionario. No sé hasta que punto entiendo sus palabras, sólo sé que prostituir la verdad nos saldrá caro, porque aunque pensemos que renta utilizarla de moneda de cambio, siempre vuelve a saldar la cuenta.

6 comentarios:

Philip Muller dijo...

Lo que más me gusta es la distinción entre "decir la verdad" (si es así) y "no decir mentiras". Estaría bien que profundizaras un poco en este punto...

La verdad (palabra demasiado grande para bocas tan pequeñas)... dudo que sufra maltratos o violencias, tal y como lo expones... Uno no prostituye la verdad, no la utiliza: es imposible. La verdad siempre se mantiene limpia y escurridiza, incluso para quien la posee (supongo).

Raquel dijo...

Philip, gracias por tu comentario.

Supongo que en la gran mayoría de los casos no nos paramos a pensar/analizar si decimos la verdad. En cambio, nos percatamos con mayor facilidad de si incurrimos en falsedades. Decidir decirlas sabiendo que son mentiras ya es una cuestión ética y no lingüística. Sin embargo, podemos seguir aplicando el mismo esquema... ¿Qué intención tiene alguien al mentir? ¿Mentimos a todo el mundo?

La verdad se utiliza o se escapa... supongo que hay momentos en la que la podemos agarrar mejor y ahí cabe maltratarla. Pero se mantiene impoluta, por eso, como digo siempre vuelve a pedirnos cuentas.

Un saludo!

Pinkys dijo...

Puf, pues efectivamente, verdad es una palabra de la cual hay mucha tela que cortar, demasiadas connotaciones puede tomar, pero si coincido contigo de que la actualidad no es precisamente distinguida por el correcto manejo de la verdad y por algo se debe empezar, que tal vernos al espejo y ver si eso que nos refleja es verdad, hacer que sea traeria el resto como consecuencia, creo yo...

-J

Raquel dijo...

Pinkys... a nosotros corresponde cortar esa tela y volver a dotarle de su importancia.

Un saludo!

The Jolly Joker dijo...

Igual que a Phillip, lo que más me ha llamado la atención ha sido esa frase: "Normalmente no hablamos con la intención de enunciar verdades, sino que más bien intentamos no decir mentiras". Una de tantas verdades que es necesario que se le ocurran a alguien.

Por otra parte, supongo que la verdad se prostituye y se mantiene impoluta al mismo tiempo. Depende de si es la verdad de nuestras bocas o la verdad como tal, la realidad.

Por cierto, tienes un par de premios esperándote en mi blog. Porque aunque no suela tener tiempo de escribir comentarios, te leo, eh? Los premios son sobre todo para tus meses de colores. ^^

Un beso!

Raquel dijo...

Jajaja... Gracias Isabel por tu comentario y tus premios, aunque ya me explicarás cómo es eso... porque nunca he entendido lo de los premios.

Un abrazo!

Paperblog : Los mejores artículos de los blogs