Lo sagrado, ahí está el enemigo

Más que lema suena a provocación. ¿Y qué fue Mayo del 68 si no? Los revolucionarios se movían por fuerzas contradictorias: "Sabemos lo que no queremos, no sabemos lo que queremos". Para la profesora de Historia de España, Ana Zabalza, tres corrientes influyen directa y decisivamente en la revolución:



1. El psicoanálisis de Freud: la identificación de impulsos con la búsqueda de placer. Lo que impide el desarrollo del placer es la razón que frena y, por tanto, hay que destruirla. Lo que hay que hacer es dar rienda suelta sin molestar al otro. Seguido por las teorías comunistas de Eric From el cual reconocía que el hombre tiene su fin en la tierra.
2. Teorías sobre la educación de los años 50: Benjamin Spock rompió con todos los esquemas educativos de la época. Si entonces se llevaba una educación rígida, encorsetada y conductista, él recomendaba que para que haya un buen desarrollo hay que dejar al niño hacer lo que quiera. Dejar que los niños crezcan con la mayor liberta y espontaneidad. No hace falta hacer muchas cuentas para ver que la generación del 68 ya ha sido educada con estas ideas. Hoy en día vivimos las consecuencias de una libertad mal entendida.

3. Escuela de Frankfurt: sólo falta en este caldo de cultivo la filosofía anarcoide de Marcuse que critica la parodia de la cultura e incita al levantamiento. Mientras el comunismo nunca consiguió más que reforzar la fe en quienes la tenía, en cambio, el consumismo, que comenzó a fraguarse en esta época, sustituyó el paraíso celestial por el terreno, y es más... lo pone a la venta. Se industrializa la cultura, se rebaja el nivel y se acomoda... y la comodidad quita las ganas de luchar.

Con todo esto no debe estrañar que la Iglesia, jerárquica y con dogmas, sea incompatible. Otros lemas del estilo fueron: "¡Basta la Iglesia!" o "¿Aún quedan cristianos?". Pero van más allá. El enemigo es lo sagrado: no puede haber un Dios infinito que castigue o premie. Todo creyente es enemigo, porque reconoce que hay algo que trasciende. Lo primero que hay que destruir es lo que me limita... la conciencia, la creencia. ¿Tiene algo que ver con la campaña de "autobuses ateos"? Cada uno es libre... pero mi libertad termina donde empieza la de otro.

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