No hay pensamiento revolucionario, hay actos revolucionarios

De lo que se trata es de hacer. El pensamiento queda atrás, la acción continúa. El eslogan no niega el pensamiento, lo relega. Es la praxis la que ahora modula el pensamiento. Así comenzó Agustín González Enciso, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad.

El pensamiento revolucionario se convirtió en una consigna que había que llevar por cualquier medio a la práctica. Al principio la revolución son unas cuantas ideas y objetivos, pero a medida que evoluciona se convierte en algo cada vez más abstracto y, por tanto, si no se puede entender, sólo cabe actuar. Pero actuar de una manera destructiva, en esta ocasión. Se hace obligado protestar. Si no eres revolucionario, eres burgués.

El fracaso del programa político es lo que lleva a decir que la revolución fue un fracaso. Además suelen recalcarse dos puntos: por un lado sorprendió que la mayor parte de los "líderes" de la revolución acabaron tomando posturas paradójicamente conservadoras. Por otro lado, la mayor parte de los adelantos electrónicos se desarrollaron en esta época. La vida material, los avances y la comodidad hicieron olvidar las ideas revolucionarias.

Sin embargo, no fracasó en todo. Si nos fijamos bien nos daremos cuenta que las ideas que más peso tienen hoy son las demandas de antaño. Consiguieron acabar con el rigorismo y la hipocresía, elevaron el espíritu democrático y la defensa de los derechos, pero no se ocuparon de dotar de sentido lo que destruían. Hoy en día el mundo ya no está revuelto, está vacío.

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