La muerte del padre

Esa fue una de las grandes reclamaciones de los jóvenes revolucionarios: la muerte de todo lo que les precediera. De ampliar este aspecto de Mayo del 68 se ocupó Nicolás Grimaldi, profesor de La Sorbona en aquel momento y con el que tuve el honor de comer. Grimaldi es un revolucionario de las ideas, es decir, un auténtico filósofo se mire por donde se mire.

¿Fue Mayo del 68 una revolución o una parodia? Nadie sabía cuánto iba a durar, pero todo parecía una broma. Todos fueron cómplices, y cuando una sociedad se hace cómplice de lo que la arruina es que ya está arruinada. Lo que estaba claro es que un mundo moría en aquel momento, aunque nadie se diera cuenta, aunque hoy siga siendo incomprensible, aunque hoy todo nos parezca normal: "Vivimos en un 68 institucional", sentenció.

No cambió nada políticamente, pero en la sociedad no quedó nada de lo anterior, lo imposible se hizo posible. Ocurrió una mutación sociológica. Francia aprovechó el malestar universitario para manifestarse otra vez en nombre de la igualdad. Lo curioso fue la unión obejtiva entre el gobierno y el marxismo para acabar con la revolución. Como la mayoría de los estudiantes eran troskistas o anarquistas el marxismo intervino, ya que no podía aceptar un desarrollo revolucionario que no fuera suyo. Sin embargo, como apuntó Grimaldi: "Si el marxismo ayudó a acabar con la revolución, la revolución ayudó a acabar con el marxismo".

Se hizo visible la profunda grieta que arruinaba a la sociedad, que ha tenido como consecuencia la liberalización de las costumbres, la roptura con las inhibiciones, y la imposición de lo instantáneo. "Lo más duro del 68 fue querer imponer a otros su quimera, el ideal se traicionó en su cumplimiento" expresó el filósofo. ¿Es imposible cambiar las cosas? Si llamamos imposible a lo previsible, cambiar las cosas siempre sería imposible. En cualquier caso, ¡es posible!

4 comentarios:

Gala dijo...

Entre el arte, la muerte del padre y el cuidado de la madre, nos situamos las dos... Gracias por hacernos vivir la historia como si la hubieramos vivido, y gracias tambien a Nicolás Grimaldi por habbertelo hecho llegar a ti. Un saludo, mua!

Isabel Olloqui dijo...

Institucionalizar una revolución es verdaderamente patético y destruir y no proponer cambios más. Jóvenes filósofos: a por un pensamiento que construya, a por un pensamiento que funcione.Exigid lo imposible: hacer posible una convivencia en paz, alegre y activa. Animo!

Raquel dijo...

Gala, muchas gracias por tu comentario. O aprendemos de la historia o no daremos nada al mundo.

Un beso fuerte para ti!

Raquel dijo...

Isabel gracias, por este comentario y por tus ánimos continuos. Espero que estemos a la altura ¡A por la Revolución!

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