De vuelta y vuelta

Hoy no sólo hemos vuelto a las clases. Hoy hemos vuelto al Central. Como judíos errantes en la diáspora nos hemos vuelto a reunir en un lugar muy entrañable para nosotros.

Ya no estaban las ventanas tapadas con maderas, ni olía a ceniza, ni sabía a gas. Había algún cable que intentaba escaparse de la pared, pero nada peligroso. Dejamos atrás un aula pequeña y gris que se asemejaba a una cámara de gas. Dejamos atrás un semestre duro. Nos volvemos a encontrar, tenemos las primeras clases, y además en nuestra aula 36. Sólo cambia un pequeño cartel que resulta ser un mapa que (supuestamente) indica un plan de evacuación. Un par de flechas verdes indican los pasos hasta las escaleras y un par de flechas rojas dan varias alternativas un poco contradictorias. Volvemos también al Faustino, tenemos nuestras primeras impresiones, nos contamos las vacaciones, los agobios de los inminentes exámenes y terminamos hablando sobre la diferencia entre el concepto de conciencia en Tomás de Aquino y Kant... la gente sigue mirándonos raro. Sí, todo sigue igual.

Sólo faltábamos nosotros, los alumnos de la Facultad. Y ya hemos vuelto... y como dice Rafael Alvira que sólo se vuelve al hogar, debe ser que el Central se ha convertido en cierta manera en nuestro hogar.

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