Enero azul

Enero eterno de eterno azul.
Que amaneció con tu visión.
Azul claro-oscuro cielo
En el que siempre hay una luz.

Guárdame un pedacito de nube
Y píntamela de azul.
Con palabras que cobren vida
Y que llenen de color
Del primer al último día.

¿Qué es el arte? Me preguntaste
Expresión sensible
De un sentimiento inefable.
Es entender al autor con su obra,
Es conseguir entender el amor.

Y entonces, sobrevino
Una imagen, un recuerdo,
Y dos, y mil...
Son las tres,
Nos tenemos que ir.

Píntame de azul el vivir
De esta historia
Que tiene principio,
Pero no tiene fin.

Madurez ética

El crecimiento moral tiene mucho que ver con ser capaz de integrar a la preocupación por el bien individual el bien social: madurez ética. Pero esto no significa que el bien individual se disuelva en la consideración del bien común. El orden moral, el orden que introduce la razón en la acción, se da respecto a dos órdenes: articular pluralidad de bienes para sí mismo y para los demás. La realización del bien humano depende del individuo, pero la contribución de los demás también es significativa.


En la consideración de la acción ética es necesaria una alternacia entre la perspectiva de la primera persona y la perspectiva de la tercera persona. El razonamiento práctico implica deliberar poniéndose en la situación del otro… el agente humano no es una máquina, es un ser social que toma en consideración la proyección de sus actos en un contexto social. La prudencia apunta a articular los intereses individuales y sociales.

"Más vale ser un hombre insatisfecho que no un cerdo satisfecho, más vale ser Sócrates insatisfecho que no un imbécil satisfecho" (Mill)

La ética pública no es más que la política. Se debe dar un marco jurídico que proteja la justicia y la igualdad, que siendo en parte artificial, evite el derecho del “más fuerte”, que comparte tanto la ética jurídica como la natural.
Una minoría que no comparta el marco político, describe su acción, irracionalmente, como bélica. La fuerza de los conceptos es tal, que quienes se educan en ese contexto pierden realidadn hasta el punto de sacrificar personas humanas por esos conceptos. Al principio, el terrorismo se vende como una cuestión de principios, y luego, se transforma en un rastrero modo de vida del cual es muy difícil salir.

La ética de la vida

Empieza la cuenta atrás, la época más dura: exámenes. El primero que tengo es de Ética, el jueves. Estoy aprendiendo, pero sobre todo estoy pensando (sé que debería dejar de pensar y centrarme en aprender, pero creo que están demasiado unidos como para separarlos). Lo que os propongo es un minicurso avanzado de ética. Reflexiones varias que toda persona debe plantearse, no sólo quien hace la carrera de Filosofía:

Tema 1: Acciones humanas. "Una vida no examinada no merece ser vivida" (Sócrates)

¿Cómo acertar en las acciones humanas? ¿Cómo conducir una investigación orientada a ordenar nuestras acciones? Al ser humano no le gusta sólo actuar, sino saber por qué actúa… Pero, ¿forma parte de la integridad moral el no cuestionarse a sí mismo? El punto de partida es el qué y quien tenga suficientemente claro el punto de partida no necesitará del porqué (Aristóteles).

En general, hacemos actos humanos buenos o, al menos, buscamos un fin bueno cuando actuamos. Sin embargo, el mal es manifiesto. Muchas veces el error depende de la situación, que puede no ser la regular. El error puede venir, tanto de ver el problema y no darle importancia, como de ni siquiera verlo. La razón no siempre considera todo lo que debe considerar. El hombre bueno es aquel que ve la verdad en todas las cosas, y ésta se la presenta claramente a la razón.

La vaguedad del lenguaje

Hace poco leí el texto de Bertrand Russell acerca de la vaguedad del lenguaje y del que se pueden extraer interesantes conclusiones. Intuitivamente lo relacioné con “pereza”, al confundir vaguedad con vagancia. Sin embargo, están más estrechamente unidas de lo que pensaba. Pereza es negligencia, tedio o descuido en las cosas a que se está obligado; también flojedad, descuido, o tardanza en las acciones o movimientos. En cambio, vaguedad se refiere a algo impreciso, expresión o frase vaga. Todavía parece que tenga menos relación el término vagancia: pereza y falta de ganas al hacer algo, acción de vagar. Pero si vamos al significado usual de vagar encontramos que su significado es: andar por varias partes sin dirección determinada a algún sitio o lugar, o sin especial detención en ninguno.


Esto es lo mismo que dice Russell acerca de la vaguedad del lenguaje. Pero ¿Qué quiere decir esto?, ¿que las palabras son vagas, o que el hablante que las utiliza lo hace de forma vaga? Las palabras pierden su categoría de vagas en el momento que representan con precisión la realidad, ya que son ellas las que se adaptan a la realidad y no al contrario. Y es tarea del sujeto hacerlo lo mejor posible, que nuestro conocimiento del mundo no depende del lenguaje, pero sí es verdad que nuestro conocimiento acerca de la realidad nos otorga mayor precisión a la hora de utilizar las palabras. Si existe la vaguedad es a causa de la ambigüedad que se produce en el conocimiento. No se puede examinar el lenguaje sin tener en cuenta una teoría del conocimiento, puesto que, como dice Russell, la vaguedad tiene que ver con la verdad y la falsedad, y estas nociones antes que pronunciadas deben ser conocidas.

“Somos capaces de concebir la precisión; por cierto, si no pudiéramos hacerlo no podríamos concebir la vaguedad”. La exactitud, a su vez, es algo ideal, sin embargo yo diría que también es vago, puesto que por ser ideal su conocimiento no es exacto. Estoy más de acuerdo con los que afirman que el lenguaje no puede ser exacto y, precisamente, por esa imposibilidad es posible la comunicación y, sobre todo, la creatividad. Gracias a que el lenguaje humano necesita de una comprensión del lenguaje no verbal ha podido desarrollar su entendimiento. Podríamos pensar que si fuera exacto no habría lugar a sobreentendidos y malentendidos, pero en ese caso seríamos máquinas que no transmitirían sentimientos.

Tomar conciencia o tener conciencia


Hay que tomar conciencia de lo que está sucediendo, hacer conscientes al resto, "crear una nueva conciencia"... qué significa realmente esto. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de conciencia?

Conmencemos con Tomás de Aquino. Si hay el enigma del ser, lo mismo hay el enigma del hombre y, por cierto, de cada cosa. Y cómo no reconocer que ante todo está el enigma que haya conciencia, que estemos concientes, en el sentido de percatarnos, de darnos cuenta de lo que sucede en el mundo. Mas, no menos enigmática es que haya una segunda manifestación de la conciencia, conocida como la conciencia moral, que nos impulsa a seguir un camino, que nos orienta en alguna dirección. Y Tomás de Aquino apunta a un tercer sentido de conciencia: la que juzga valorativamente la acción llevada a cabo. Después de realizar un acto la conciencia reflexiona sobre si está bien o mal, o sobre cómo podríamos haberlo hecho mejor.

Con el inicio de la modernidad, el hombre se va cada vez más afirmando en sí mismo, y ello lo podemos ver como un proceso de autoafirmación que supone que a la vez se desarrolla y se acrecienta paulatinamente la autonomía. En este nuevo contexto histórico, y a una distancia de medio milenio de Aquino, Kant planteará, en correspondencia con ello, una ética de carácter autónomo. Para Kant basta con ser conscientes de que tenemos un juez interno, casi ideal. El juez interno de Kant presenta muchos problemas puesto que no queda muy claro quién es ese juez, ¿uno mismo o un otro yo dentro de mí? En cambio, para Tomás de Aquino lo importante es el uso que le da cada individuo personalmente, cada uno juzga sus actos, lo haga o no a la luz de Dios.

De alguna manera estoy de acuerdo con los dos puesto que por una parte entiendo que la conciencia es la aplicación de un juicio a una acción, pero de otra manera también entiendo a lo que se refiere Kant cuando dice que es “como si fuera otro”, porque ese juicio es como si lo hiciéramos por encima de nosotros. Terminaremos de una manera pragmatista afirmando que la conciencia, sea como fuere, parece ser útil para encarriarnos en el camino. Ahora bien, falta saber a dónde queremos llegar.

Guerras imposibles de ganar

Después de escribir la entrada anterior me quedé con las ganas de escribir algo más sobre nuestro afán de invertir tiempo y dinero en ese tipo de actividades que no reportan nada a la humanidad y, también, sobre nuestra tendencia a la bipolaridad. Con estos pensamientos encontré un artículo de José María Carrascal que refleja bastantes de las ideas que deseaba transmitir, aquí os lo dejo:

"Esa perversa manía que nos hace ver todo a través de nuestro prisma particular convierte el conflicto israelí-palestino en refriega interna española, con la derecha defendiendo a capa y espada la invasión de Gaza, y la izquierda denunciándola en iguales términos. Cuando no estamos ante un conflicto ideológico, sino ante el más viejo y difícil de la humanidad: el de dos pueblos que se disputan el mismo territorio. Algo que sólo podrá resolverse con enormes dosis de realismo, frialdad y dolorosas concesiones por ambas partes.


Sin duda Hamás es el culpable del actual estallido de violencia, con sus misiles contra Israel, que tiene todo el derecho del mundo a defenderse. Pero Hamás no es el origen del conflicto. Es su consecuencia, e incluso si se eliminase a todos sus militantes y dirigentes, surgiría una organización parecida, que haría exactamente lo mismo. Mientras persista la situación actual en la zona, mientras haya tierras y poblaciones ocupantes y ocupadas, tendremos un conflicto que alimenta al extremismo. Entre los árabes, a no aceptar el derecho natural de Israel a existir. Entre los israelíes, a no desmantelar los asentamientos en los territorios ocupados, como disponen todas las resoluciones de la ONU. Sin que nos hayamos movido de ese punto.


Al revés, aumentando la violencia, con Israel ganando todas las batallas, pero no la paz ni la guerra. Y lo que le pasó en el Líbano puede pasarle en Gaza de ir demasiado lejos. Los ejércitos regulares no están hechos para la guerra urbana, calle a calle, casa a casa, habitación por habitación, sin saberse nunca si va a encontrarse un civil o un combatiente, que a veces es el mismo.


Aunque la advertencia es para todos: los árabes no podrán echar a los israelíes al mar. Su ejército es demasiado fuerte y el mundo no lo consentiría. Pero Israel corre otro peligro, puede que mayor: con dos hijos por matrimonio, frente a los cinco que tienen los musulmanes, entre 2040 y 2050 los palestinos serán mayoría en Israel de mantenerse las actuales condiciones. Sus alternativas serían tres: renunciar a la democracia, establecer un apartheid o dejar de ser un estado judío. Inaceptables todas ellas. Israel es, pues, el más interesado en alcanzar ese compromiso, que sólo puede asentarse sobre dos estados que vivan, con todas las garantías, el uno junto al otro. Estuvo a punto de alcanzarlo Rabín con Arafat, pero una bala asesina acabó con su vida y con esa oportunidad. Desde entonces, mandan allí los extremistas, y así nos va.


Sólo me queda añadir que todos los datos de esta «postal» están extraídos del New York Times, al que nadie podrá acusar de antiisraelí. Pero Israel no necesita defensores a ultranza. Necesita auténticos amigos que le adviertan de que su mayor peligro no viene de los ejércitos árabes, sino de la geografía y de la demografía, contra las que hay muy poca defensa. Mientras el peor enemigo de los árabes suelen ser ellos mismos.


Como ven, todo muy lejos de la política doméstica española".



Probablemente...


Este es el eslogan que vienen promocionando autobuses, primero en Londres y ahora por las ciudades españolas. En España somos muy dados a posicionarnos rápidamente en contra a favor de todo. Pero me parece que lo importante no es eso. El problema que subyace es más preocupante.

Esto no es apología del cristianismo es simplemente una llamada de atención ante la presión de una sociedad que atenta contra todo lo sagrado con el relativismo. Se afirma, no de una manera tajante porque lo que más que se puede llegar a decir es "probablemente", que Dios no existe. Lo que me gustaría saber es cuál es el fin de esta iniciativa. ¿Por qué dan por sentado que la creencia en Dios conlleva una vida desgracia e infeliz? ¿Pretenden otorgar una luz frente a la oscuridad de la religión?


Esta iniciativa no es sólo una proclamación del relativismo actual, es una declaración de principios. Lo normal no es que los ateos ignoren la religión sino que siempre se pretende ocupar el lugar de la religión, por lo que acaban "pecando" de lo mismo que están criticando. ¿Esto es la libertad de expresión de la que tanto se habla?


Hoy en día no se juzga con la misma vara a creyentes y ateos. ¿Por qué resulta "guay" este lema mientras que "Dios existe, disfruta de la vida en Cristo" suena amenazador, dogmático y reservado sólo para iglesias? La creencia no es cuestión de probabilidades, es certeza, seguridad y felicidad.

De vuelta y vuelta

Hoy no sólo hemos vuelto a las clases. Hoy hemos vuelto al Central. Como judíos errantes en la diáspora nos hemos vuelto a reunir en un lugar muy entrañable para nosotros.

Ya no estaban las ventanas tapadas con maderas, ni olía a ceniza, ni sabía a gas. Había algún cable que intentaba escaparse de la pared, pero nada peligroso. Dejamos atrás un aula pequeña y gris que se asemejaba a una cámara de gas. Dejamos atrás un semestre duro. Nos volvemos a encontrar, tenemos las primeras clases, y además en nuestra aula 36. Sólo cambia un pequeño cartel que resulta ser un mapa que (supuestamente) indica un plan de evacuación. Un par de flechas verdes indican los pasos hasta las escaleras y un par de flechas rojas dan varias alternativas un poco contradictorias. Volvemos también al Faustino, tenemos nuestras primeras impresiones, nos contamos las vacaciones, los agobios de los inminentes exámenes y terminamos hablando sobre la diferencia entre el concepto de conciencia en Tomás de Aquino y Kant... la gente sigue mirándonos raro. Sí, todo sigue igual.

Sólo faltábamos nosotros, los alumnos de la Facultad. Y ya hemos vuelto... y como dice Rafael Alvira que sólo se vuelve al hogar, debe ser que el Central se ha convertido en cierta manera en nuestro hogar.

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