Noviembre rojo


Noviembre al borde de la muerte
sin llegar a morir.


Noviembre rojo
por la intensidad
con la que amaneció.
Por el color de las hojas
que al mirarlas han perdido su color,
que al guardarlas quedaron rotas sin olor.

Noviembre rojo
por su intensidad,
porque como la sangre
ha recorrido todo mi cuerpo
que me ha mostrado la muerte,
que me ha arrastrado a la vida,
esta vida ya no mía, sino tuya.

Un coche, un ruido, fuego;
un despiste, un giro, agua;
un examen, un olor, era gas;
una crisis, pensamientos, adiós.

Alejandro Llano: “El franquismo fue una especie de gran paréntesis”

El profesor de Metafísica de la Universidad de Navarra presenta sus memorias en el edificio de Ciencias Sociales

“No se trata de un libro teórico, en el que se da una exposición de ciertas tesis, un aparato conceptual, sino que se trata de un libro escrito al hilo de la vida”, así presentó Alejandro Llano, profesor de la Universidad de Navarra, sus memorias Olor a yerba seca en el edificio de Ciencia Sociales. Un repaso a la historia de su vida muy unida a la historia de España, como el franquismo: “Empecé a notar algo raro, por ejemplo que la gente le llamaba a los tiempos antes de la guerra, tiempos normales. Se consideraba que todo aquello, el franquismo, era una especie de gran paréntesis. Lo cual en cierta manera es así, como se ha comprobado después”.

En una vuelta a Asturias recordó los veranos juveniles en los que su padre llevaba a los nueve hermanos a la cosecha del heno, lo que motivó el título del libro. “Allí empezó todo, en la Ribadesella de los años 50”, precisó. La presentación del libro tuvo un aire familiar y ameno, y estuvo marcada por el humor. En la universidad empezó su pasión por la política, que nunca ha abandonado. Fue un reivindicativo y un revolucionario: “Nosotros nos dimos cuenta de que Franco se iba a morir, era una verdad discutida pero evidente, aunque los del Régimen lo negaban. Creíamos que después de Franco vendría otra cosa y que esa cosa serían las izquierdas como ha sucedido. La gente nos decía que estábamos muy influenciados por la revolución estudiantil, pero sigo pensando lo mismo y teniendo la misma respuesta, o sea, ninguna”.

Después de ser desheredado por su padre por estudiar Filosofía y Letras tuvo que hacer toda la carrera trabajando, más o menos honestamente. Reveló que el trabajo más inmoral que hizo fue escribir, eso sí, sin firmar, en el periódico falangista ¡Arriba!, en el que descubrió el lema “los 25 años de paz” que luego fue explotado por las autoridades franquistas, de lo que no se siente nada orgulloso. Además explicó qué entendía por socialdemócrata, como se define a sí mismo, y confesó como el presidente del Gobierno también se basó en su libro Humanismo civil: “Zapatero en la primera conferencia que dio como jefe de la oposición en el club siglo XXI, habló de la ciudadanía con base en mi libro”.

Preguntas de dudosa respuesta

Hoy en día se habla mucho de crisis, pero la mayor crisis que tenemos es del pensamiento. Una pequeña crisis, que no es mía y que me afecta. Podría decir que el problema reside sólo en la crisis de pensamiento de la sociedad, pero no me quedaría tranquila. No sólo se reduce a eso, no es un problema extrínseco. El problema lo hemos creado los mismo filósofos al habernos olvidado del mundo. Y aunque sólo tengamos parte de culpa, tenemos gran parte de responsabilidad.

Una pregunta me viene una y otra vez, y aunque con todas las respuestas estoy de acuerdo ninguna me convence. ¿Qué es la filosofía? Es hacer buenas preguntas, es dar respuesta a las nuevas preguntas que surgen del mundo, es hacer pensar para que otros puedan responder... es más que nada una actitud, una manera de enfrentarse a los problemas concretos y a la vida en general... es en último término amor incondicional a la sabiduría. Es cada una de esas cosas, y todo a la vez, y al mismo tiempo algo más que se me escapa.

¿Qué tenemos que hacer con la filosofía en el siglo XXI? ¿Cómo hacerla llegar al mundo? Preguntas que quizá tardemos toda la vida en intentar responder.


Crisis en el día mundial de la Filosofía

En este día promulgado por la ONU tengo que confesar que estoy sufriendo una profunda crisis de identidad filosófica. En Filosofía joven, grupo de Facebook que coordinamos algunos filósofos, nos preguntamos esta semana sobre uno de los temas más discutidos hoy en día: los límites de la ciencia, e incluso muchas veces se plantea si sigue habiendo un límite. Parece que sólo es cuestión de tiempo que la ciencia consiga dar una explicación definitiva a las grandes preguntas de la humanidad como aquellas clásicas ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?

O las modernas de la existencia del alma, del más allá, de Dios, los sentimientos humanos, la inclinación a amar, a rezar, etc. A pesar de que nos resulta una visión reduccionista parece que cada vez más entendemos todo lo que hacemos como una danza de moléculas o un vaivén de neuronas. Por eso nos preguntábamos esta semana, ¿qué tiene que decir la filosofía a la ciencia?, ¿puede aportar algo al discurso científico o por el contrario es éste quien está robando todos los argumentos a la filosofía?, ¿cabe una filosofía científica? O ¿es precisamente el sueño científico quien ha arruinado la filosofía?

Sobre estas preguntas di algunas respuestas en el post anterior, sin embargo ahora se nos plantea otra: ¿Qué tiene qué decir hoy la filosofía al mundo? ¿Puede aportarle algo? La filosofía no se puede reducir a dar pautas morales a los científicos sino que le corresponde mucho más, ¿el qué? Lejos de dar alguna respuesta optimista sólo hay silencio, una pequeña tentación de escepticismo. La verdad, me cuesta mucho aceptar que la filosofía, el saber de los saberes, se encuentra sin contenido... pero al mismo tiempo pienso que su objeto es, sin lugar a duda, la realidad. Aunque tampoco sé si lo creo porque mi amor por la filosofía no me deja ser objetiva.

¿Puede que hoy en día la filosofía sea una, no simple, reflexión sobre otros saberes especializados? En ese caso temo que la filosofía se convierta en un manuales metodológicos que indiquen con una superioridad, que no sé si todavía conserva, lo que deben hacer.

¿Qué podemos esperar de la filosofía?
¿Qué espera la Humanidad?
¿Qué esperas tú?

Todo se vuelve literatura

Estoy harta de escuchar hablar de la filosofía como un saber menos rico o menos preciso que la ciencia. Estoy harta de que después de una cara de sorpresa al decir que estudio filosofía tenga que aguantar la pregunta: pero, en realidad, “¿eso para qué sirve?” Estoy harta de tener que explicar que no sólo lo que se ve es verdadero y que hay otro tipo de argumento válido que no es el empíricamente contrastable. Los mismos filósofos nos dejamos engañar por el monstruo científico y ya sólo aceptamos las evidencias. Fueron los mismos filósofos los que quisieron hacer de la filosofía una ciencia, sin embargo estoy de acuerdo con Wittgenstein cuando afirma que “los filósofos han tenido ante sus ojos constantemente el método de la ciencia, y han sido tentados irremisiblemente a plantearse cuestiones y a responderlas como lo hace la ciencia. Esta tendencia es la fuente real de la metafísica y lleva al filósofo a una completa oscuridad”.[1]

Los filósofos del Círculo de Viena se engañaron. Se dejaron llevar por los resultados de la ciencia y se olvidaron que lo que se espera de la filosofía no es eso. Desde Descartes se nos presenta la propuesta de una ciencia útil para la vida que nos convierte en dueños de la naturaleza. A partir de entonces se hizo imposible englobar las Letras y las Ciencias en el mismo concepto de cultura. Desde ese momento hay dos culturas, no sólo dos maneras de entender el mundo, sino dos mundos emanados de dos tipos de investigación, dos intelectos antagonistas que hablan lenguas diferentes. Ya afirmó Percy Snow en 1959, en una conferencia en Cambridge, “que la vida intelectual de la sociedad occidental tiende cada vez más a escindirse en dos grupos distintos (...). En un polo tenemos a los intelectuales literarios que empezaron a calificarse un buen día, en secreto, de “intelectuales” sin más, como si fueran los únicos que tienen derecho a este derecho, a esta apelación. En el otro, los científicos, entre los que los físicos son los más representativos. Entre ambos, un abismo de mutua incomprensión”
[2].

Será a partir de entonces cuando el mundo empiece a embelesarse con el sueño de la ciencia: dominar el mundo para convertir al hombre en un dominador. Ya no interesa tanto entender el mundo como dominarlo. El libro de la naturaleza se cierra, deja de ser libro en el momento que ya no sirve para observar el esplendor divino. Se cierra la edad simbólica, que sólo continuará en la poesía, y se abre la edad operatoria. Con el avance de la ciencia, la naturaleza queda desencantada, de modo que queda sujeta a la experimentación e instrumentalización.
La revolución galileana hace que se convierta en imprescindible el dato: lo real y verdadero ya no se revelan, se demuestran. De Descartes hemos recibido que la seguridad en esta vida no puede proceder más que del método, y del método mismo, la ideas absolutamente claras y distintas, compuestas con orden y medida. Se acaba el sueño de la unidad de los saberes renacentista y surge el divorcio entre la ciencia y la filosofía.


Con el avance de la ciencia todo lo demás “se vuelve literatura”, como dice Finkielkraut[3]. El divorcio entre el dato y lo verdadero es mortal para la filosofía. Subsiste, permanece, se desarrolla hasta nuestros días, pero pierde todo su prestigio. Ya no es el saber por excelencia, si los argumentos no son empíricamente demostrables quedan arrinconados en el ámbito de la opinión. ¿Dos culturas? En todo caso, desde que reina el método sobre el saber, y lo real se identifica con lo calculable, es lícito, y hasta natural, emplear la palabra “poesía” en el sentido de inepcia, de elucubración, de especulación o simplemente de algo absurdo. Sigue vigente la sensación que describe Brian Magee en el texto, de que los filósofos occidentales son más bien charlatanes con los que no merece la pena relacionarse.[4]

Decidimos soñar con la ciencia porque creímos que nos haríamos dueños del mundo, y así ha sido, pero ahora la ciencia se ha hecho dueña del saber. La tendencia a pensar que todo lo podrá explicar el método científico, es cada vez mayor para los científicos, pero sobre todo para los cientificistas, para quienes todo lo inexplicable es cuestión de tiempo. Sin embargo, olvidan que el ámbito por excelencia de las cuestiones es la filosofía.

Parece como si la filosofía, desanimada por no poder haber logrado estar entre las ciencias, vuelva cabizbaja al mundo humanístico que anteriormente repudió. Hay que volver a otorgarle su posición más alta entre los más altos saberes, y eso nos corresponde a nosotros. ¿Por qué no ser simplemente 'filósofos' sin adjetivo alguno? La filosofía será lo que hagamos los filósofos de ella, pero nunca lo que la ciencia quiera. Por el momento, haciendo eco a la conocida frase de Gilson, cabe decir con Putnam que la filosofía acaba enterrando siempre a sus sepultureros.
[5]

[1] J. Nubiola, Neopositivismo y filosofía analítica: balance de un siglo.
[2] A. FinKielkraut, Nosotros, los modernos, Encuentro, Madrid, 2006, p.115
[3] A. FinKielkraut, Nosotros, los modernos, Encuentro, Madrid, 2006, p.106
[4] J. Nubiola, Neopositivismo y filosofía analítica: balance de un siglo.
[5] J. Nubiola, Neopositivismo y filosofía analítica: balance de un siglo.

Nada se ha perdido

Hay que estar preparado para todo porque nunca sabes cuando te va a tocar. No importa el lugar ni la hora. Es la sensación de pérdida del dominio de tu vida. Ya nada está en tus manos. ¿Qué hacía pensar que fueran a colocar este día una bomba y no cualquier otro?

No me inmuté apenas con el estallido. Estaba en el estudio del Colegio Mayor con los tapones cuando noté que todo retumbaba. Llovía, como es habitual, así que me limité a pensar que habría sido un trueno. En ningún momento se me ocurrió imaginar lo que pocos segundo después me afirmarían: “Han puesto una bomba en el Central”. ¿Una bomba? ¿Ahora? ¿Por qué?

Con gran estupefacción salí a la entrada donde vi la columna de humo negro que se levantaba por encima del edificio. En un alarde de egoísmo o supervivencia, no lo sé, lo primero que pensé es “tú te tenías que estar allí (porque tenía clase aunque me había quedado estudiando para el examen de esa tarde que no llegamos a hacer), pero tranquila, estás a salvo”. Con mi vida asegurada empezaron a sobrevenirme todas las personas que sí estaban en el Central: amigos, compañeros, conocidos, profesores... uno a uno se me aparecían en avalancha, en una avalancha que no podía controlar y que me hacía sentir impotente.


La radio ya comenzaba a dar las primeras noticias, a frases entrecortadas contaba lo que estaba viendo ante mis ojos y no podía comprender. Subí corriendo las escaleras para coger el teléfono móvil y empezar a llamar. Saltaron las primeras lágrimas. Marqué primero el número de mi padre pero ya era tarde, la línea estaba congestionada según me indicaba la pantalla. Sólo podía recibir mensajes de llamadas perdidas. Saben que estoy viva aunque no puedan escuchar mi voz.

Las sirenas de policías y ambulancias rasgan el silencio de las lágrimas. Llegan las primeras personas del Central, asustadas pero sanas y salvas al fin de al cabo. Nadie parece estar grave, pero ¿dónde están? Falta tanta gente, y el teléfono sin poder llamar. Todavía no nos atrevemos a movernos de la puerta. Llueve y hace frío, comenzamos a rezar. Para cuando decidimos acercarnos está toda la zona acordonada. Caras de piedra que preguntan por qué ahora, por qué aquí. Empiezan a ampliar el cordón policial, tenemos que desalojar esa zona, irnos más atrás y decidimos volver al Colegio.

Entre todas las llamadas que se reciben en portería en esa mañana hay una con la que no se sabe que hacer. Llaman de telemadrid y precisan hablar con alguien que les informe qué está ocurriendo. Me enchufan el teléfono en la oreja y doy por supuesto que yo hablaré con ellos.
- ¿Nos dices tu nombre y apellidos? Ehhmm, prefiero no hacerlo, la verdad.
- ¿Su nombre de pila? Raquel
- ¿Trabajas en la Universidad? Soy alumna de la Facultad de Filosofía y Letras.
- En un momento te volvemos a llamar y pasas en directo, ¿de acuerdo Raquel?

Se corta la llamada antes de poder responder, ¿cómo habrán conseguido el teléfono?, que gran idea se me ocurre pensar. Pasan un par de minutos y vuelven a llamar, me pasan a la cabina interior, comienza a temblarme la voz. Están en anuncios pero me indican que en breves instantes oiré la música de cabecera del programa y entraré en directo. Son dos los que hacen el programa, yo nunca lo he visto pero empiezo a imaginar como será el plató, como le pasan mis datos y piensan qué me pueden preguntar. Dan una pequeña información sobre lo ocurrido y me pregunta cómo lo estamos viviendo.

- ¿Qué si hay heridos? Ninguno grave, informo, esperando que sea cierto.
- ¿Crees que ha ocurrido por la detención ayer del comando? Son terroristas, sinceramente no creo que necesiten motivos. Parecen asentir a mi respuesta y siguen preguntando.
- ¿Han acordonado la zona? ¿podéis moveros? En un radio de cincuenta metros, aunque la realidad será menor.
- ¿Vivís con inseguridad? Nunca podía haber imaginado esto, aunque como me indican es el sexto atentado. Hay mucha seguridad por todo el Campus y para entrar en cualquier Facultad debes llevar un carné de identificación, ¿cómo controlar una cosa así?

Me dan las gracias por la intervención, parece que les ha salvado en programa. Podía haber seguido hablando pero creo que ya no tenía nada más que contar.

Decidimos subir a la zona de la Clínica para encontrarnos con la gente. Abrazos y sonrisas, nunca me he alegrado tanto de verles. ¿Dónde está el resto? Había facultades que no dejaban salir, ¿otro aviso de bomba? No es posible, aunque ahora todo coche es sospechoso. Ya sabemos que estamos todas bien, repartidas por todo Pamplona, bajemos al Colegio a ver a quien encontramos. Está puesta la televisión, buscamos más noticias. Las declaraciones hablan sobre todo de perdón, nadie recriminada nada, no cabe el odio ni tampoco la resignación. Es sorprendente ver como la gente se busca, sólo nos alegramos de que todos estamos bien, no hay sensación de haber perdido. La Virgen nos ha protegido. Sólo cabe dar gracias.
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