Octubre amarillo


Si septiembre fue gris
octubre no ha amainado.

Vuelve el cielo a saber a lluvía,
A desteñirse el verde en cada hoja que cae,
Para convertirse en alfombra a cada paso que doy.

Colores que marcan el camino,
Colores de las hojas que han caído,
Colores amarillos ,
Que la locura nos ha traído.

Somos digitales


Somos digitales. Los jóvenes no podemos acertar a imaginar qué hacían antes de que existiera Internet, aunque su nacimiento no doble nuestra edad. Ser digitales significa haber crecido con una relación de estrecha familiaridad con las tecnologías. Eso es bueno porque hemos ido aprendiendo de una manera natural su uso, pero al mismo tiempo dificulta tener en cuenta la relevancia de darle un uso adecuado y sacarle el máximo partido.

Somos digitales: nuestros recuerdos son fotos en el ordenador, sms en el móvil, conversaciones en el chat... toda nuestra vida cabe en un pen. Sin duda sería una ingenuidad pensar que podemos prescindir de la tecnología para comunicarnos, pero hemos de tratarla sólo como instrumentos, medios y nunca fines. La paradoja de la tecnología es que se presenta como una ampliación de la libertad: llamadas sin cables, cartas sin sellos… pero que termina atando: no podemos dejar de coger esa llamada, mirar el mail o entrar en facebook a diario. La dependencia a la tecnología termina organizando nuestra agenda, rigiendo nuestra vida.

Tenemos que conocer bien la tecnología para que esto no suceda. Estar al día de los últimos avances que mejoran nuestra vida. Conocerlos es manejarlos con mayor rapidez, es saber cuánto nos atrapan. Cuánto tiempo le habrá llevado a Mark Zuckerberg, fundador y presidente de facebook, hacer una red de más de ciento diez millones de personas (aunque se espera que después de esta gira de promoción alcance a ciento quince millones).

Aprovechando la visita de ayer a la Universidad de Navarra de Zuckerberg me gustaría comunicaros que los alumnos de Filosofía de la Universidad hemos creado un grupo en facebook: Filosofía joven. Un medio de comunicación a los que les guste la filosofía de dentro y fuera de la Universidad. Sólo queda esperar que se pueda hacer filosofía en facebook.

Vivir deprisa, leer despacio

Tenía una cita y llegaba tarde, para variar. Envié un mensaje para avisar que me retrasaría, ya que mi materia no me dejaba estar en dos sitios a la vez ese día. Corrí todo lo que los malditos tacones me dejaron y como ocurre siempre que se acelera demasiado, no había nadie. Llamé para que vinieran a recogerme. Tuve la gran suerte de tener un sitio cerca donde esperar. Un banco de madera situado en el borde izquierdo de una gran plaza en la que no se distinguía el color del suelo y el de los edificios que la rodeaban, tenían el mismo color.

Me senté y, por un momento, sentí que no tenía nada que hacer, era un tiempo dedicado a esperar y a observar. Aproveché para fijarme en el resto de personas de la plaza. Nadie más estaba sentado, todos eran engullidos por las puertas de un supermercado que se encontraba cerca. Todos corrían, incluso sin motivo. Una anciana corría detrás del bastón que hacía avanzar rápidamente con la mano, las palomas recogían sin descanso las colillas caídas y las nubes avanzaban cada vez más oscuras.

Uno de los mitos más dañinos para la juventud es el de "vivir intensamente". ¿Vivir deprisa es sinónimo de vivir intensamente? La noción romántica de "vivir deprisa y morir joven" se ha sustituido por el "vive deprisa y no morirás nunca". Por un lado, se confía tanto en que la ciencia nos salvará a todos de una muerte pronta y dolorosa que ni siquiera nos la planteamos. Por otro lado, la sociedad del consumo y la cultura de la imagen sólo presentan fugacidad que no puedes dejar de ver, que no puedes dejar de comprar. Para que hoy se entienda el tópico "carpe diem" hay que añadirle "now".

Tener la posibilidad de hacer más cosas en un número menor de tiempo es fantástico, pero muchas veces la instantaneidad desecha muchas oportunidades fantásticas porque requieren tiempo prolongado. Hay que aprender a conjugar la rapidez con la tranquilidad, a vivir deprisa y leer despacio.
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