Postmodernidad... ¿Salvados de qué?

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La postmodernidad es la superación del modernismo en un intento de renovación de las formas tradicionales del arte y la cultura, el pensamiento y la vida social, de todo lo conocido y lo que queda por conocer. Así como en el campo científico, la teoría de la relatividad y posteriormente la física cuántica revolucionaron la forma de interpretar el universo. Del mismo modo ha ocurrido en el campo filosófico. El filósofo italiano Gianni Vattimo define el pensamiento postmoderno con claridad: en él lo importante no son los hechos sino sus interpretaciones. Así como el tiempo depende de la posición relativa del observador, la certeza de un hecho no es más que eso, una verdad relativamente interpretada y por lo mismo, incierta.

La postmodernidad no es que carezca de ética, por el contrario, su mayor influencia se manifiesta en el actual relativismo cultural y en la creencia de que nada es totalmente malo ni absolutamente bueno. La moral postmoderna hace énfasis en una ética basada en la intencionalidad de los actos y la comprensión intercultural de corte secular de los mismos, como puede verse todos los días en televisión. Éste símbolo de la postmodernidad ha evolucionado en demasiado poco tiempo. En España nació con un único canal para todos los telespectadores, hoy en día, cada telespectador tiene su canal, que se distribuye por edades, sexos, aficiones y hasta por colores si hiciera falta. La oferta cada día es más amplia, por eso las cadenas deben especializar lo máximo posible su programación. Pero esta especialización no consistes en una mejora de la calidad, sino en una superación de todas las barreras, es el cambio del más en demasiado, “¡Demasiado alto, demasiado rápido, demasiado fuerte!” como dice Finkelkraut con desdén. Consiste en el “todo vale” por la audiencia, no por ella, sino por ganarla.

En esta línea se emitió hace un par de semanas el programa “Salvados por la Iglesia”. Con un tono ácido, amargo y antiindigestivo se muestra una crítica mordaz e irreal del cristianismo y del Opus Dei. No podemos ser unos meros espectadores de la vida, debemos ser los protagonistas y gritar “que no todo vale” hasta que nos escuchen. Hace unos días escribí a la cadena para mostrarle mi descontento con estas palabras: “El nuevo anuncio de su cadena es: "¿Qué hace falta para que un programa de tv se convierta en un éxito?" Sólo da dos respuestas: un plató y un genio, pero la realidad es bien distinta. Parece que en esta cadena se cumple la afirmación "que hablen de mí, aunque sea mal". No llego a entender el fin del programa "Salvados por la Iglesia"... ¿El fin es presentar una realidad a medias? ¿Es reírse, mofarse o insultar a la Iglesia y a los católicos? ¿Qué esperaban realmente? ¿Por qué montar tanto follón, poner a la gente en tantos aprietos y llevar las situaciones al límite? ¿Realmente esto es humor?

Olvidan que los telespectadores son personas, olvidan la ética profesional, se olvidan que para hacer reír a cuatro no hace falta tomar el pelo al 77% de la sociedad española, e incluso se olvidan que quien juega al todo vale, siempre acaba perdiendo. Muchas gracias por su atención.”

Una voz no hace nada, la arrastra la postmodernidad... miles de voces crean una nueva época.


6 comentarios:

Jaime dijo...

Me ha encantado este post. Avanti!

Jaime

Tatharmith dijo...

Como decía Juvenal: "Panem et circenses". El mass media nos proporciona un medio de entretenimiento que no se cuestiona. Un medio que nos proporciona LA CERTEZA de que estamos invirtiendo nuestro tiempo y relajándonos de la mejor forma posible, pero como bien dices, esto es una verdad relativamente interpretada y obviamente INCIERTA. No es la televisión, somos nosotros los que no podemos dejar de ver un Madrid-Barça, lo que genera unos pagos millonarios a una serie de personajes de dudosa credibilidad ética y así nos va... Saludos.

Raquel dijo...

Muchas gracias Tatharmith por tu comentario. Es cierto lo que dices, somos nosotros, telespectadores, los que hacemos que un programa triunfe... pero las cadenas no pueden excusarse en que sólo satisfacen gustos, cuando también han suscitado ciertas inquietudes. La pregunta final es hasta dónde llega la libertad.

Tatharmith dijo...

Pregunta interesante... Obviamente los gustos dependen en gran medida de las fuentes de las que bebemos desde niños. Si una de las fuentes, en este caso la televisión, está nutrida por contenidos musicales, seguramente tendremos en el futuro una población con una gran demanda de música. Ejemplo de esto es el incremento en la cifra de ventas de espinacas que sufrió EEUU después de la emisión de Popeye. Así que tienes toda la razón cuando dices que las cadenas no pueden excusarse en satisfacer demandas, porque probablemente tienen los medios para hacer cambiar esas demandas por otras menos denigrantes. El problema que yo veo es como controlar eso. Si creas un organismo que "controle" los contenidos te tacharán de manipulador y dictador... En caso contrario tendremos la situación actual en la que la telebasura es la dueña y señora del prime time mientras que a Punset lo ponen a las 2 de la madrugada.

Raquel dijo...

Bueno Tatharmith, no creo que haya que crer ningún organismo controlador (quién en último término controla al "controlador"?...). Más bien soy partidaria de que cada uno sea responsable de lo que hace, tanto las cadenas como los telespectadores. Pero también creo que para ser responsable es necesario ser conscientes de que tenemos libertad y poder para cambiar "de canal"... ¡incluso de apargar el televisor!

Entiendo perfectamente, aunque no comparta, que las cadenas hagan programas concretos que a pesar de ser pésimos tengan audiencia. Sería ilógico que se dedicasen a hacer lo contrario. Ahora bien, debemos recordar que la televisión es para nosotros y no nosotros para la televisión/cadenas.

Tatharmith dijo...

Pero esa libertad para cambiar de canal al final no es tal. Todos estamos condicionados por 'la última moda social' o por la educación que hemos recibido. No se si tu verías el partido de España el otro día, yo no, pero era fácil darse cuenta de que se había paralizado medio país. Y me da un no se que pensar que es lo más parecido a lo que citaba Juvenal ya en el siglo I. Si nadie muestra y educa (publicita y promociona) para plantear un cambio de canal, no creo que lo hagamos nosotros por voluntad propia. Así pues todo el mundo podrá comentar los pormenores del partido con los compañeros de trabajo, mientras que gente como yo quizás no tenga a nadie con quien comentar el encuentro de waterpolo, el concierto de Rachmaninov, o el último festival de cortometrajes.

Espero no ser muy pesado, pero el tema de los mass media me parece demasiado importante como para obviarlo. Saludos desde Alicante.

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